90 aniversario del golpe fascista: Los procesos revolucionarios del 1936-1937

Entre 1936 y 1937, la revolución social avanzó en plena Guerra Civil mientras el gobierno republicano trataba de contener su desarrollo

29 Jul, 2026 | Memoria Histórica

Escribe Agustín Romero (afiliado de Izquierda Unida. Pino Montano. Sevilla)
Foto de cabecera: Reparto de armas de la CNT a los integrantes de las milicias en Barcelona (julio 1936). Restaurada y coloreada por Julius Backman

El 14 de abril de 1931 fue proclamada la República y aclamada por muchos como gloriosa, incruenta, pacífica, armoniosa. El día 12 de abril el pueblo había votado en las elecciones municipales mayoritariamente a una coalición republicano-socialista, que junto con otros partidos y grupos de izquierda ganó la mayoría en las Cortes; este hecho y las manifestaciones siguientes por la victoria republicana en todas las ciudades del país se convirtieron en un plebiscito para echar al monarca Borbón Alfonso XIII, que tomó el camino del exilio. La burguesía lo reservaba para instaurar la monarquía en el futuro.

Se puede decir que la II República llegó “sin romper un cristal…”. Sin embargo, fue casi el único hecho pacífico conectado con la revolución antes y después de 1931. Entre 1902 y 1931, casi todos los líderes políticos de importancia se pronunciaron a favor de algún tipo de reforma agraria. En 1902, el gobierno realizó un estudio de la distribución de la propiedad agraria. Pero ningún gobierno, ni de derecha ni de izquierda, tomó medidas serias encaminadas a repartir las tierras entre el campesinado y los jornaleros.

En aquellos años era normal que la prensa burguesa recogiera noticias como la de Teba, pueblo malagueño conocido como Rusia la Chica. Al igual que en otros puntos de la geografía española, el problema del paro y sus consecuencias eran cada vez más apremiantes, y la población no tenía para alimentarse. «En el Llano de la Espada, del término de Teba, ha sido encontrado el cadáver de José Sánchez, de 74 años. Parece que ha muerto de hambre y frío». (Cita 30, pág. 38). La Vanguardia, 12 de enero de 19351.

En septiembre de 1932, las Cortes constituyentes de la II República promulgaron la Ley de Reforma Agraria que, por varias razones, resultó totalmente inadecuada, ya que para finalizar su aplicación se tardaría más de 100 años. La mayoría parlamentaria republicano-socialista no defendió de manera clara la propiedad colectiva o individual de la tierra que debía pasar a manos de los jornaleros y campesinos pobres…

Los jornaleros pobres

Los sucesos de Castilblanco (Badajoz) el 31 de diciembre de 1931 marcaron la lucha por la reforma agraria. Al finalizar una manifestación pacífica, organizada por la (FNTT-UGT), la Guardia Civil disparó contra los jornaleros y campesinos, causando una víctima mortal. Esta acción desató la ira de los manifestantes, que atacaron el cuartel y dieron muerte a los cuatro guardias civiles. Inmediatamente, la represión de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto se generalizó en Extremadura y Andalucía.

Otro suceso sangriento fue el de Arnedo (La Rioja) el 5 de enero de 1932, donde once personas, incluidos dos niños, fueron asesinadas por la Guardia Civil.

La violencia del aparato burgués contra los pobres era “el pan de cada día”. Pero debido al hambre y a las condiciones feudales en los pueblos, se desarrolló una situación de cambios bruscos y repentinos en la conciencia de los campesinos y jornaleros; esto condujo a rebeliones constantes en las zonas rurales, que tendrán consecuencias históricas para la supervivencia de la República.

Casas Viejas pasó a la historia por ser la mayor masacre perpetrada por la República contra una familia de campesinos anarquistas.

Entre el 10 y el 12 de enero de 1933 se produjo una masacre por parte de las fuerzas de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto. Con un resultado de 25 muertos, la familia fue devorada por las llamas de su choza de chamizo y pajas, incendiada por las fuerzas de seguridad de la República; al menos una mujer se pudo escapar sin ser vista y evitó que las autoridades echaran tierra sobre la masacre. «La verdad de los hechos tardó en conocerse, porque las primeras versiones situaban a todos los campesinos muertos en el asalto a la choza de la familia de Seisdedos».2

La entrada de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) durante el llamado Bienio Negro (1933-1935), conjuntamente con el Partido Radical (Alejandro Lerroux) en el gobierno, aumentó las medidas de represión y violencia del Estado; esto contribuyó a que la zona minera se alzara como respuesta a las medidas reaccionarias, dándose la insurrección de los mineros de Asturias en octubre de 1934. Los mineros y trabajadores se unieron en las Alianzas Obreras (CNT, UGT, PCE y PSOE), y se levantaron en armas al grito de «¡UHP!», Unión de Hermanos Proletarios.3 La revolución se extendió por varios pueblos y ciudades del país como un reguero de pólvora. Pero, en Asturias, fue reprimida por la fuerza militar dirigida por Franco, mandatado por el gobierno de derecha republicano; después de la represión de los mineros hubo levantamientos campesinos por todo el territorio de la República.

En Andalucía, varios pueblos se adhirieron a la revolución de octubre de 1934, como Teba (Málaga). Y «Algeciras y Prado del Rey, de Cádiz; La Carolina, Sabiote, Navas de San Juan, Marmolejo y Santo Tomé en Jaén. En todos hubo enfrentamientos con la Guardia Civil, asaltos a los ayuntamientos e incendios de los juzgados e iglesias».4

Los jornaleros y campesinos pobres respondieron al llamamiento a la huelga convocada por el Comité de Huelga Nacional 1934. Los labradores y aldeanos de los pueblos ocuparon los puntos estratégicos y las entradas y salidas de las localidades y plazas más céntricas. Y, al atacar a la casa cuartel, esto los llevó al enfrentamiento directo con las fuerzas de la Guardia Civil en el pueblo. Estos sucesos causaron la muerte de dos vecinos; uno de ellos fue un guardia civil. Las autoridades republicanas mandaron refuerzos desde Málaga para restaurar el orden.

Las autoridades consiguieron retomar el poder con la ayuda del ejército y las fuerzas de la Guardia Civil y Guardias de Asalto, llevando a cabo una represión sin comparación. Los tebanos y tebanas denominaron a tal represión como «escabechina», que perduró en el subconsciente de la memoria del pueblo durante décadas. Detuvieron a más de 170 personas, que fueron juzgadas en el Consejo de Guerra constituido por las autoridades civiles y militares. Muchos de los jornaleros condenados, después del golpe de Estado de Franco en 1936, fueron fusilados.

«Juicio a los jornaleros. Cuántos en el banquillo se sientan, son, Señor, humildes campesinos, siervos de la tierra que no poseen, anhelantes de libertad y de justicia, a quienes la República les hizo soñar, hasta ahora inútilmente, con leyes más justas y humanas. (En cursiva en el original). Esta frase fue pronunciada por uno de los abogados defensores en el juicio realizado a los detenidos por participar en los sucesos de octubre de 1934 en Teba.

«Las mujeres de Teba, incluida mi madre, fueron varias veces a la cárcel de Málaga a llevarles a los presos ropa y algo de comida; mi padre Joaquín Guerrero Carmona era uno de ellos y estuvo más de un año hasta que lo dejaron libre. Fueron a recibirlos a la estación de Teba y después lo mataron en la Noche de los 80».

«Según la lista enviada el 28 de junio de 1939 al gobernador civil de Málaga, en Teba fueron asesinadas 31 personas de índole conservadora entre julio y agosto de 1936, mientras que, una vez ocupado el pueblo por fuerzas sublevadas, fueron ejecutadas 153 personas, las dos últimas víctimas en 1949 ―Diego Gómez García y José Portillo Barba―; de los 153 fusilados, 30 habían sido procesados por los sucesos de octubre de 1934».5

En Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha predominaban las grandes extensiones de tierras latifundistas y los campesinos. En algunos pueblos más castigados por el hambre sí que se produjeron levantamientos de jornaleros y trabajadores. Ejemplo fueron los casos de Villarrobledo (Albacete), Algeciras (Cádiz), Prado del Rey (Cádiz), La Carolina (Jaén) y Teba (Málaga). Los jornaleros pensaron que era la batalla final y, al estar incomunicados con el comité de huelga, no podían estar informados de las últimas noticias. En todos estos pueblos hubo ocupación de ayuntamientos, juzgados e incendios de iglesias. El gobierno republicano, ante la huelga de octubre de 1934, instauró el estado de guerra, concediendo el mando represivo contra los mineros asturianos al que después sería el artífice del golpe de Estado de julio del 36. El resultado total fueron 2000 muertos y 30 000 detenidos, la mayoría mineros.

En la primavera de 1936, los jornaleros de Badajoz y Andalucía y los campesinos de Aragón y Cataluña hicieron su propia reforma agraria. El Frente Popular había prometido la tierra y los campos estaban sin cultivar en tanto que la época de las siembras estaba ya encima: los campesinos invadieron las fincas, impelidos por una mezcla de hambre de tierra y de esperanzas mesiánicas, llevando consigo sus ropas, muebles, carros y herramientas. En los casos en que la Guardia Civil intentó desalojarlos, los campesinos evitaron casi siempre un choque frontal, limitándose a regresar un día o dos después…

En las ciudades hubo muchas huelgas de breve duración, casi todas por razones económicas, pero algunas por razones políticas o por pura euforia. El primero de junio, unos 70 000 obreros de la construcción de Madrid se declararon en huelga.6

Los propietarios terratenientes se oponían a que la reforma agraria se implementara; ellos querían seguir manejando sus tierras. Después de las luchas anteriormente mencionadas, la situación del campo seguía igual y la reforma agraria no avanzaba, a pesar de las promesas de los gobiernos republicanos. El campesinado continuaba sometido a los caprichos de los amos, que se negaban a pagar los convenios y ponían todo tipo de trabas a las medidas legales que aprobaba el gobierno del Frente Popular. En 1936, los jornaleros desempleados del campo rondaban el 40% y los trabajadores en la industria el 20%. La mayoría de los trabajadores pobres y campesinos vivían sin ninguna ayuda, excepto la caridad; la miseria se había extendido a los pueblos y ciudades. Las familias pobres tenían que alimentarse de la rebusca: algarrobas, aceitunas, espárragos, raíces, caza, etc. El que tenía suerte y tenía un empleo estaba mal pagado. Además, hubo un periodo de lluvias que impidió realizar las labores agrarias.

Esta situación profundizó los conflictos sociales que ya afectaban a las ciudades más grandes de Extremadura y Andalucía, que fueron las zonas más afectadas por esta crisis. Estas regiones seguían siendo muy dependientes de la agricultura y, por ende, su población trabajadora fue castigada por la represión de las autoridades debido a los hechos ocurridos en el período de 1930 a 1936.

La FNTT (UGT) fue quien mandó iniciar, en la mañana del 25 de marzo de 1936, la ocupación de los campos de Extremadura. Siguiendo sus instrucciones, unos 80 000 yunteros extremeños ocuparon ese día casi 250 000 hectáreas de forma pacífica y sin incidentes con los latifundistas ni con las autoridades, simultáneamente en más de 280 pueblos. Provistos de azadas y demás herramientas, delimitaron los bordes de la nueva tierra incautada, tal y como había ordenado la FNTT…

La táctica no podía haber obtenido mayor éxito. Con una única acción, los campesinos habían ocupado mucha más tierra de la que se les había entregado en los últimos cinco años.7

Los sucesos de represión y asesinato de familias campesinas (desde principio de siglo) fueron ignorados por los sucesivos gobiernos de la II República, al menos por aquellos que precedieron al Frente Popular. Para el campesinado y los jornaleros del campo, los siglos de opresión y humillación que sus familias sufrieron a manos de los terratenientes y los latifundistas, la nobleza y la Iglesia seguían estando muy presentes.

Dos meses después, en mayo, un grupo de jornaleros en paro de Yeste (Albacete), siguiendo el ejemplo de Extremadura, ocupó una finca y empezó a ararla. Esto provocó los sucesos de Yeste. La Guardia Civil acabó matando a un total de 17 personas y arrestó a 50 miembros de la FNTT, entre ellos Germán González, el alcalde socialista de Yeste.8

El golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil

Las fuerzas más reaccionarias del país, los terratenientes, la Iglesia y los monárquicos, apoyaron a los militares africanistas y a los sectores más conservadores del Estado burgués. Estos, con la financiación de los banqueros y empresarios, se alzaron contra la República el 18 de julio de 1936. Su objetivo fue acabar con la República y sus avances sociales. El golpe de Estado se llevó a cabo en varias capitanías que ya habían planificado los golpistas con antelación. En las ciudades donde triunfó el golpe, Franco, Mola y Queipo inmediatamente iniciaron un exterminio de la población civil y las instituciones republicanas.

El llamado Alzamiento Nacional fascista desencadenó un proceso revolucionario, pero también, a la misma vez, un proceso reaccionario en las filas del gobierno que se centró en defender la legalidad republicana-burguesa. Se limitó primero a negar el golpe de Franco y, cuando era evidente, se limitó a denunciar el golpe de Estado sin tomar medidas; no repartió las armas que el pueblo demandaba. Además, los dirigentes, ya con la guerra en la mitad del territorio peninsular, debido a su política de “primero ganar la guerra y después ya lucharemos por el socialismo”, se encargaron en plena contienda militar no solo de acabar con las milicias obreras y los Comités de Defensas Antifascistas, sino también de disolver las milicias de los partidos y sindicatos de izquierda y expulsar a los brigadistas internacionales.

El primer día en que el golpe no triunfó, como Madrid y Barcelona y otras ciudades, se desencadenó un proceso de revolución social. Los trabajadores fueron a pedir armas al gobierno para defender la República. Sin embargo, el armamento del pueblo fue denegado, pues Azaña y el gobierno pensaban que sucedería como la Sanjurjada del 10 de agosto de 1932, pero se equivocaron para desdicha de la II República. En aquella ocasión, la Sanjurjada fracasó por la decisión de los trabajadores, que no esperaron y actuaron decisivamente. En cuanto los jornaleros y campesinos supieron noticias del golpe de Sanjurjo, fueron a buscar y requisar las armas a los cuarteles, polvorines y armarios de la Guardia Civil en los pueblos: hasta las herramientas de los jornaleros y las pocas escopetas de caza sirvieron al pueblo para parar a los golpistas. Sin embargo, en esta ocasión, mientras los trabajadores y campesinos se prestaron rápido para parar el golpe con lo que tenían a mano, las horas de indecisión por parte de las autoridades fueron decisivas, pues los militares sublevados tenían mejores armas y cañones.

El gobierno republicano tomó una actitud negacionista ante el golpe de Estado. De hecho, pretendieron negociar con los sublevados para que depusieran su actitud. En los primeros días de la rebelión golpista, la indecisión sería fatal, mientras que donde triunfó, una parte de los mandos del ejército se pasó a los sublevados; donde no, esperaban la mejor ocasión para sublevarse. Esta vez las fuerzas de la reacción se

habían preparado a conciencia: habían aprendido del golpe de Sanjurjo. Eligieron el momento y las ciudades más idóneas, donde las regiones militares eran más proclives al triunfo del 18 de julio, no sin antes pasar por las armas a los militares leales a la República en las provincias africanas, Canarias y Sevilla. Previamente, habían elaborado listas rojas de los más fieles al republicanismo u oficiales de izquierda en los cuarteles para fusilarlos.

El terror fascista contra la clase trabajadora y todo lo que representaba la República se llevó a cabo desde el primer día de la sublevación en las ciudades y pueblos en que el golpe había triunfado. Así lo expuso el cerebro del golpe militar, el general Emilio Mola, meses antes, el 25 de mayo de 1936, y un día después de la sublevación militar, el 19 de julio de 1936. “Fusilar y eliminar al enemigo desde el primer día, no tener compasión”.

No hay ninguna posibilidad de comprender la historia contemporánea sin comprender los procesos revolucionarios de los años 30 en el Estado español… Fueron decisivos en el contexto europeo que se preparaba para una guerra de rapiña entre las potencias imperialistas. Una guerra que buscaba un nuevo reparto del mundo, además de aplastar a la Unión Soviética. La condición previa de las burguesías imperialistas para lanzar a las masas a una carnicería inmensa en los campos de batalla era aplastar a las organizaciones de la clase obrera.

Una revolución socialista triunfante en España hubiese puesto en peligro todos los planes de la burguesía y del estalinismo. Por eso, mientras las llamadas democracias clamaban por la «no intervención» en España, como excusa para no dar posibilidades de triunfo a una revolución ante la que sentían pánico, hacían la vista gorda ante la intervención masiva del fascismo alemán e italiano.9

La Revolución Social: Barcelona 1937

Las milicias anarquistas y marxistas del POUM, cuando consolidaban una posición o entraban en un pueblo, hacían una asamblea popular y aplicaban la reforma agraria en esa zona de influencia. Después de triunfar la revolución social en cada zona o frente liberado del fascismo, y una vez se marchaban a otro sitio, dejaban en manos de los campesinos y trabajadores el control y la producción de las tierras colectivizadas. En la práctica, esta era una política diferente a la llevada a cabo por el gobierno del Frente Popular, que pretendía seguir manteniendo la propiedad de la tierra tal como estaba: en manos de los terratenientes. El gobierno republicano tenía que aceptar como hechos consumados las medidas implementadas por las milicias anarquistas; las políticas de las organizaciones en el proceso tenían consecuencias, al igual que las acciones de los demás dirigentes.

La participación de los dirigentes de la CNT aceptando los ministerios del gobierno del Frente Popular y, por otra parte, extendiendo la reforma agraria en el frente de Aragón, son contradicciones que tuvieron que evitar sus ministros con muchos debates internos. Su papel en los acontecimientos de los días 3 al 8 de las Jornadas de Mayo de 1937, la heroica lucha del dirigente anarquista José Buenaventura Durruti contra el fascismo (que murió en el fragor de la batalla cerca de la Ciudad Universitaria de Madrid), son hechos a destacar en el haber de la CNT.

Tres días después del golpe de Estado de Franco, las calles de Barcelona estaban bajo control de la CNT y la FAI, con apoyo del POUM. Se creó una situación de doble poder: por una parte, los trabajadores y, por otra, la Generalitat. La burguesía en Cataluña con artimaña maniobró urgentemente a través del gobierno y del presidente de la Generalitat, Lluís Companys. Este les dijo a los dirigentes de la CNT que tenían el poder y que se ponían a su disposición. En ese momento, los dirigentes cenetistas catalanes rechazaron el poder que tenían en sus manos.

“Pero la verdad es que, perseguidos duramente hasta anteayer, hoy habéis vencido a los militares y fascistas. No puedo, pues, sabiendo cómo y quiénes sois, emplear lenguaje que no sea de gran sinceridad. Habéis vencido y todo está en vuestro poder; si no me necesitáis o no me queréis como presidente de Cataluña, decidme ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo”.10

El resultado fue, por una parte, no resolver una contradicción con su propia trayectoria de no participar en elecciones y gobiernos hasta el Frente Popular. Los dirigentes de la CNT y FAI aceptaron entrar en el gobierno burgués: cuatro conocidos anarquistas entraron de ministros en el gobierno del Frente Popular de Largo Caballero. Lo mismo sucedió con la dirección del POUM, entrando en la coalición; fue igualmente una tragedia, una muerte anunciada.

Tras haber firmado el POUM su incorporación y apoyo al Frente Popular. Los acontecimientos desarrollados por la propia guerra y el proceso de la revolución hicieron que el partido se implantara por otros territorios de la República, pero después de haber tenido el control de las calles de Barcelona junto a los cenetistas en las Jornadas de Mayo. Y en el frente, junto con los cenetistas, componer batallones armados; las fuerzas progubernamentales tomaron el poder de las calles y en el frente.

En pocos meses avanzó la contrarrevolución; Barcelona cayó en manos de las fuerzas del gobierno republicano que defendían primero fortalecer el ejército profesional en detrimento de las milicias y ganar primero la guerra en vez de la revolución. Pero el resultado fue diferente; la contrarrevolución fue avanzando, y en esta situación los agentes mandados por Stalin crearon una campaña de desprestigio contra el POUM. Este partido fue perseguido y muchos de sus dirigentes, entre ellos Andreu Nin, fueron presos o asesinados por las autoridades de seguridad republicanas bajo la influencia de los agentes estalinistas dentro de la policía de seguridad del gobierno. El control de la organización del ejército oficial y la guerra, que ya se encontraban en manos del Gobierno de Juan Negrín, altamente influido por el PCE, impuso como condición prioritaria el liquidar la influencia del POUM en el frente y en la calle. Ni siquiera la oposición de destacados dirigentes como Federica Montseny, Largo Caballero y Josep Tarradellas pudo evitar la persecución del POUM y el asesinato de su dirigente más conocido, Andreu Nin.

No hay ninguna posibilidad de comprender la historia contemporánea sin comprender los procesos revolucionarios de los años 30 en el Estado español… Fueron decisivos en el contexto europeo que se preparaba para una guerra de rapiña entre las potencias imperialistas. Una guerra que buscaba un nuevo reparto del mundo, y además aplastar a la Unión Soviética. La condición previa para lanzar a las masas a una carnicería inmensa en los campos de batalla era aplastar a las organizaciones de la clase obrera.

Una revolución socialista triunfante en España hubiese puesto en peligro todos los planes de la burguesía. Por eso, mientras las llamadas democracias clamaban por la «no intervención» en España, como excusa para no dar posibilidades de triunfo a una revolución ante la que sentían pánico, hacían la vista gorda ante la intervención masiva del fascismo alemán e italiano.

No se puede escribir de la historia sin tomar partido, y nosotros lo tomamos abiertamente. Pero la causa con la que simpatizamos no es solo la de las libertades formales contra el franquismo, sino la causa de la clase obrera revolucionaria contra la república burguesa, la de los jornaleros de Casas Viejas y tantos otros, la Comuna de Asturias, Mayo del 37. Y tantos jalones de lucha heroica de nuestra clase por llevar a cabo la Revolución Socialista.11

Notas

1 Brenes Sánchez, Fernández Martín, & Fuentes Guerrero. (2019). El «movimiento» revolucionario de Teba. Octubre de 1934». (Brenes Sánchez et al., 2019). Ayuntamiento de Teba. (Málaga).

2 Casanova, Julián. De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España. (1931-1936). (1997). Editorial Crítica. Barcelona. Página, 113.

3 Marta Bizcarrondo. Octubre del 34: Reflexiones sobre una revolución. ¡Uníos, Hermanos Proletarios! (Marta Bizcarrondo, 1977). Madrid. Editorial Ayuso.

4 Sánchez Aguado, Francisco. La revolución de octubre de 1934. (Sánchez F. A., 1972). https://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_de_1934#cite_ref-54 Última consulta, 29-08-2023.

5 Ob. Cit. (Brenes Sánchez et al., 2019).

6 Jackson, Gabriel. Breve Historia de la Guerra Civil de España. (1974). Londres, 1974. Págs. 18-19. 3334.

7 Espinosa, Francisco. El día que se levantó Extremadura. Veinticinco de marzo de 1936. (Espinosa, 2020). Rebelión campesina extremeña. Última consulta, 27-06-2023. https://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_campesina_extreme%C3%B1a

8 Ob. Cit. (Espinosa, 2020).

9 Arregui, Alberto. A 60 años de la Revolución y la Guerra. Monográfico Revolución y contrarrevolución. 1936. (Arregui A., 1996). Madrid: Nuevo Claridad, 2ª época. Pág. 2 y 5.

10 Oliver, Juan García. El eco de los pasos. Ruedo Ibérico. Barcelona. 1978.

11 Ob. Cit. (Arregui A., 1996).

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