Escribe Nacho Martínez
Imagen de cabecera: Florentino Pérez. Foto: Barcex, Wikipedia
El pasado 12 de mayo, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, ofreció una rueda de prensa polémica. Su objetivo era anunciar la convocatoria de elecciones en el club y lanzar su principal consigna electoral, afirmando: «Convoco elecciones porque trabajé desde el año 2000 para que los dueños del club fueran los socios».
De su intervención se desprende la idea de que el club corre el riesgo de ser privatizado, presentándose él como su salvador. Resulta curioso que quien se ha enriquecido mediante la privatización de la obra pública y la externalización de distintos servicios públicos comparezca ahora como defensor de la propiedad colectiva de los socios del Real Madrid.
Emplazó a Enrique Riquelme, prácticamente desconocido hasta ese momento, a enfrentarse a él en las urnas. Lo hizo insinuando que su rival tendría intereses privatizadores sobre el club. Sin embargo, este joven millonario —al parecer respaldado por Iberdrola— respondió con una acusación idéntica: afirmó que quienes rodean a Florentino «quieren quitar la propiedad del club» y que «pueden ser las últimas elecciones de la historia del Real Madrid; viene la privatización».
En la práctica, ambos buscan el apoyo de los socios y saben perfectamente que defender una hipotética privatización no da votos, mientras que reivindicar la propiedad colectiva del club sí puede atraer apoyos. Sería políticamente suicida presentarse con un programa privatizador, y ambos lo saben. Aunque, en realidad, el Real Madrid no pertenece verdaderamente a los socios: estos se limitan a votar entre distintas corrientes de grandes potentados económicos.
Es una especie de despotismo ilustrado: todo para los socios, pero sin los socios. Bueno, aquí los socios pueden votar, pero para presentarse a unas elecciones se exigen alrededor de 180 millones de euros en avales, un requisito imposible para el 99 % de los miembros del club. Aunque 30.000 socios unieran sus firmas para apoyar una candidatura, nada podrían hacer frente al poder económico de una sola persona capaz de reunir semejante aval.
«Cóctel antes del partido, catering en el descanso, recepción posterior e incluso recena, según la hora del encuentro. El Real Madrid corre con la cuenta; mientras tanto, los socios —supuestos dueños del club— pagan por entrar y permanecen ajenos a esos homenajes gastronómicos».
Nacho Martínez
Muchos pensábamos que para Riquelme sería imposible concurrir a las elecciones, ya que Florentino convocó los comicios de manera sorpresiva, aparentemente para impedir que un posible rival tuviera tiempo de conseguir el aval o formar una junta directiva alternativa. No ha sido así. Parece que los millonarios todo lo pueden, así que finalmente habrá elecciones.
Florentino Pérez parte como claro favorito. Aunque la mera existencia de una alternativa promete espectáculo. Riquelme, en un discurso casi de clase —aunque no precisamente de la suya—, ha comenzado criticando el coste de la reforma del estadio Santiago Bernabéu y denunciando que los socios que no disfrutan de los palcos VIP deben abandonar su asiento diez minutos antes del descanso si quieren comprar un bocadillo o un refresco. La polémica promete crecer.
Tendré que seguir de cerca a Riquelme y conocer mejor su trayectoria antes de escribir con rigor sobre él, pues pretende convertirse en el sucesor de Florentino. Estoy convencido de que no es ningún bolchevique camuflado, pero parece inteligente al criticar una reforma del estadio que ha hipotecado el club, beneficia a las élites económicas y a sus palcos VIP, mientras reduce el tamaño de los asientos para el resto de los socios.
No arriesgo mucho al afirmar que ambos candidatos acabarán impulsando una privatización parcial o total del Real Madrid. Los dos representan un liberalismo económico bastante ortodoxo y probablemente terminarán haciendo lo contrario de lo que ahora proclaman. Aprovecharán la crisis generada por el proyecto faraónico del estadio para permitir la entrada de capital privado, inicialmente de forma minoritaria, algo parecido a una colaboración público-privada, desplazando paulatinamente a los socios de la propiedad efectiva del club. Dirán que es más eficiente que decidan quienes ponen el capital y asumen los riesgos; que lo colectivo no funciona; que los socios saldrán beneficiados; que la privatización favorece al conjunto del madridismo. Presentarán a los inversores como benefactores del club, cuando su único interés será el beneficio económico, alejado de cualquier sentimentalismo.
EJEMPLAR PRESIDENTE Y EMPRESARIO
Pasemos ahora a explicar quién es Florentino Pérez, máximo representante del poder real en nuestro país. Es un personaje absolutamente real, aunque daría para una gran ficción literaria escrita por Mario Puzo o dirigida por García Berlanga. Representa la unión entre grandes empresas, política y fútbol. Es uno y trino: referente de la burguesía española, presidente del Real Madrid y dirigente político en la sombra —o a plena luz desde el palco del Bernabéu—.
Empresarios, jueces, magistrados, fiscales, banqueros, ministros, consejeros autonómicos, alcaldes, concejales, directores de medios de comunicación, periodistas, influencers, dirigentes sindicales o artistas… Todos desean pasar por el palco VIP del Bernabéu. No es el paraíso terrenal: es el Olimpo de los hombres influyentes de esa España próspera y mitológica.
El Don acoge bajo su manto a quienes pueden ejercer algún tipo de influencia, a cambio de fidelidad personal. Cóctel antes del partido, catering en el descanso, recepción posterior e incluso recena, según la hora del encuentro. El Real Madrid corre con la cuenta; mientras tanto, los socios —supuestos dueños del club— pagan por entrar y permanecen ajenos a esos homenajes gastronómicos.
La rueda de prensa del pasado 12 de mayo se produjo en un contexto complicado para Florentino: la mala situación deportiva del primer equipo, los escándalos protagonizados por varias estrellas del club y el fiasco económico de la remodelación del Santiago Bernabéu. El coste de las obras se disparó hasta los 1.347 millones de euros, frente a los poco más de 500 millones inicialmente presupuestados. Además, las dos principales vías de ingresos previstas para financiar la obra —el parking subterráneo y los conciertos masivos— han quedado seriamente cuestionadas por denuncias vecinales y problemas legales.
En esa comparecencia, Florentino se mostró tal y como es: altivo, arrogante, amenazante, prepotente y egocéntrico. Tras décadas cultivando una imagen de cortesía y moderación institucional, apareció sin filtros. No sé si fue algo premeditado o un arrebato provocado por las críticas recibidas en los últimos meses por su gestión deportiva y financiera; críticas, por cierto, generalmente moderadas y siempre precedidas de alabanzas a su supuesta «valía».
«Lo más llamativo es que, pese a algunas críticas deportivas, apenas se habla de los escándalos empresariales relacionados con ACS y sus filiales».
Nacho Martínez
Atacó a medios de comunicación, periodistas, árbitros y rivales deportivos como el Atlético de Madrid y el FC Barcelona. No hubo ni una sola autocrítica. Según él, todos los males del Real Madrid son consecuencia de una campaña organizada por los «antimadridistas». Sorprendió especialmente cuando habló de «los medios de Madrid, los chuflateros, los mamporreros que hay allí».
Fue un ejercicio de victimismo sin épica. Utilizó una breve noticia publicada por ABC, en la que se afirmaba que Florentino había comentado en privado «estoy muy cansado», y la combinó con rumores difundidos en redes sociales sobre un supuesto cáncer terminal. Con esos dos elementos trató de insinuar que todas las informaciones negativas sobre él o sobre el club forman parte de una conspiración mediática organizada.
Como buen manipulador, confunde deliberadamente las críticas a su gestión con ataques a la institución. Solo le faltó proclamar: «El Real Madrid soy yo». Criticar a un dirigente no equivale necesariamente a atacar a la institución que representa. La realidad es que Florentino Pérez no está acostumbrado a la crítica. Dios no juega a los dados ni se equivoca; buena parte de su autoridad descansa precisamente en esa imagen de infalibilidad. No en vano, Emilio Butragueño llegó a decir en su día que «Florentino Pérez es un ser superior».
En medio de todo aquel discurso se convirtió también en su propio hagiógrafo. Sin demasiado pudor afirmó: «Me da vergüenza decir que me han elegido el mejor presidente de la historia». La frase recuerda inevitablemente a Don Quijote de la Mancha, cuando el caballero afirma que «las propias alabanzas envilecen».
Continuó acumulando elogios hacia sí mismo: «Soy el mejor presidente de la historia», «tengo experiencia gestionando organizaciones muy grandes», «hemos hecho el club más valioso del mundo», «somos la admiración del mundo», «tengo el apoyo de todos los socios», «yo he puesto toda mi ilusión y mi patrimonio», «presido una empresa muy importante en el mundo» o «la gente me quiere a mí».
Florentino está acostumbrado a manejar la prensa. Varios periodistas deportivos han denunciado presiones ejercidas desde su entorno contra quienes no defendían ni al Real Madrid ni a su gestión. David Jiménez, exdirector de El Mundo, afirmó haber sido cesado por no plegarse a determinadas exigencias vinculadas a Florentino. El propio Jiménez sostuvo también que Óscar Campillo fue apartado de la dirección de Marca tras sufrir presiones similares.
LAS COSAS DE COMER
Lo más llamativo es que, pese a algunas críticas deportivas, apenas se habla de los escándalos empresariales relacionados con ACS y sus filiales. Se puede cuestionar a Florentino en el terreno futbolístico, pero rara vez en aquello relacionado con «las cosas de comer». El gran oráculo del empresariado español dirige un conglomerado profundamente dependiente de la obra pública, las concesiones y la gestión privatizada de servicios públicos a través de empresas como CLECE.
El crecimiento de ACS ha sido exponencial gracias a la externalización de infraestructuras públicas y a la privatización de servicios esenciales. Florentino Pérez ha sido siempre un gran defensor de la llamada colaboración público-privada, aplicando en numerosas ocasiones el viejo principio de privatizar beneficios mientras las pérdidas terminan siendo asumidas por el conjunto de la ciudadanía.
El ejemplo más paradigmático fue el Proyecto Castor. Esta infraestructura pretendía almacenar gas bajo el mar, frente a la costa de Tarragona. En 2013, la inyección de gas provocó pequeños terremotos que alteraron la actividad marítima y fueron percibidos en tierra, obligando a paralizar el proyecto. ACS controlaba aproximadamente el 60 % de la sociedad concesionaria.
Sin embargo, el contrato firmado con el Estado incluía una cláusula por la cual, si el proyecto quedaba suspendido, la empresa sería indemnizada. Florentino, por tanto, nunca podía perder: acudía al negocio con red de seguridad, la del dinero público. El Gobierno del PP decidió indemnizar a la empresa responsable del proyecto con 1.350 millones de euros.
También podemos hablar de las autopistas radiales de Madrid: finalmente se indemnizó a las constructoras con unos 4.500 millones de euros, de los que se calcula que alrededor de 450 millones fueron a parar a una filial de ACS.
Florentino nunca pierde. Al ser preguntado en 2014 en el programa Salvados, afirmó sin rubor: «En la obra pública no hay nada inútil; a lo mejor está por encima de las posibilidades del momento» y «la obra pública nunca es deficitaria, nunca se pierde, siempre queda». En lo que respecta a sus beneficios, tiene razón.
La obra pública ha sido históricamente una de las principales fuentes de corrupción. La privatización de las obras facilita el pago de comisiones a quienes las conceden, ya sea para beneficio individual, para financiar partidos políticos o para una combinación de ambos intereses. No por casualidad ACS aparece mencionada en distintos sumarios como Gürtel, Púnica, Lezo, el 3 % catalán, Kitchen o la financiación irregular del PP. Ya sabemos que ha habido condenas para algunos corruptos y, excepcionalmente, para algún corruptor. A otros ni siquiera se les investiga: son intocables.
En ese hábitat es donde Florentino ha desarrollado su labor empresarial. Su supuesta capacidad intelectual y de trabajo ha consistido, sobre todo, en saber relacionarse con el poder hasta convertirse en uno de los hombres más poderosos del país. No se puede discutir que ACS se haya convertido en líder mundial de la obra pública, con un gran porcentaje de negocio en el extranjero. Ser presidente del Real Madrid abre muchas puertas. Pero el origen del negocio y el margen inicial para la expansión estuvieron en la obra pública española, donde Florentino ha sido el rey de los contactos.
EL MADRID DE LAS SIETE CHAMPIONS
No se pueden discutir los éxitos deportivos del Real Madrid durante sus dos mandatos: siete Champions, siete Ligas y tres Copas del Rey. Muchos de esos títulos se han sustentado en el fichaje de los mejores jugadores del mundo y, por tanto, de los más caros. Como en la vida, la suerte también juega un papel importante, y nunca está de más algún error arbitral en momentos decisivos.
En lo económico, Florentino afirma que cogió un club arruinado y lo convirtió en el referente mundial del deporte. Todo gracias a su gestión, como si hubiera inventado una nueva fórmula económico-deportiva revolucionaria.
«El patrimonio personal de Florentino Pérez se estimaba entre 150 y 300 millones de euros en 2001; hoy, según la revista Forbes, ronda los 3.100 millones».
Nacho Martínez
No fue así. No aportó nada esencialmente nuevo a la financiación del deporte profesional. Desde la campaña electoral que ganó contó con una ayuda inestimable: la de Caja Madrid. La entidad le concedió un aval de 10.000 millones de pesetas —unos 60 millones de euros— para pagar la cláusula de rescisión de Luis Figo al Barcelona. No fue un aval personal ni asumió ningún riesgo con su patrimonio.
No hizo magia para sanear la economía del club; simplemente aplicó al Real Madrid las mismas prácticas que llevaba años utilizando en la empresa privada. La operación que resolvió los problemas económicos del club fue la venta de los terrenos de la antigua ciudad deportiva. Esos terrenos habían sido expropiados por el Ayuntamiento durante el franquismo para una supuesta «finalidad social» y adquiridos posteriormente por el Real Madrid en los años cincuenta por un precio irrisorio.
En 2001, sus aliados políticos recalificaron esos terrenos, que pasaron de ser suelo dotacional y deportivo a suelo terciario edificable. Gracias a ello, el club ingresó entre 480 y 600 millones de euros, según las distintas fuentes. El apoyo político fue casi unánime: PP, sectores de la dirección federal del PSOE, la entonces dirección de IU Madrid, dirigentes sindicales… Todos, excepto el grupo municipal socialista encabezado por Matilde Fernández y el periodista deportivo José María García, probablemente la figura más influyente del periodismo deportivo de aquella época. Ambos pagaron con el ostracismo su enfrentamiento con Florentino.
Así fue como el Real Madrid consiguió acabar con su deuda y acometer el fichaje de los jugadores más caros del mundo. Desgraciadamente, este tipo de operaciones no son excepcionales para beneficiar a otros clubes o sociedades anónimas deportivas; se repiten en muchas ciudades y pueblos para salvar al «equipo» que representa a la localidad. La diferencia es el manto de silencio que suele rodear al caso del Madrid y la constante exaltación de Florentino como una especie de ser superior.
Terminó reconociendo en una sola persona la síntesis de toda una sociedad. Florentino Pérez empezó en política, como concejal en el Ayuntamiento de Madrid. Una vez descubierta su verdadera vocación —ejercer el poder y no ponerse a su servicio desde una institución—, fue a por todas en el negocio de la obra pública: el Estado proveería. El salto definitivo llegó al convertirse en presidente del Real Madrid, siempre apoyándose en lo público, en las influencias y en las recalificaciones, sin aportar nada verdaderamente nuevo o distinto a la sociedad; más bien parasitándola y apropiándose de recursos colectivos para obtener un beneficio privado.
Con la prensa de su lado y con la justicia sin hallarle delito alguno, ni siquiera una imputación, pese a que su empresa ha estado vinculada a algunas de las mayores concesiones públicas y ha aparecido en múltiples sumarios de corrupción. Con las instituciones recalificando y modificando cuanto fuera necesario para que nada le faltara.
Cuando llegó a la presidencia del Real Madrid, ACS facturaba alrededor de 3.000 millones de euros; en 2025 alcanzó los 49.848 millones. El patrimonio personal de Florentino Pérez se estimaba entre 150 y 300 millones de euros en 2001; hoy, según la revista Forbes, ronda los 3.100 millones.
Nos dicen que no hay suficientes recursos para financiar los servicios públicos, que no se genera riqueza suficiente para sostener el Estado, que vivimos por encima de nuestras posibilidades, que las pensiones son demasiado elevadas o que los salarios y los impuestos ahogan a las empresas… Mientras tanto, casi nadie habla de quienes, como Florentino, han amasado fortunas indecentes.
Pronto, los socios del Madrid podrían quedarse sin su club a causa de la deuda generada por la gestión de Florentino. Y pronto también nos dirán que hay que recortar más y cobrar menos en la sociedad, como consecuencia de esa misma gestión, ya sea ejercida de manera directa o a través de algunos de sus políticos, jueces y periodistas afines.




