Lo cuenta Guadalupe Barahona
Foto de cabecera: una vista del encuentro en su arranque.
El sábado 21 de febrero se celebró en el Espacio Ecooo, en el corazón mestizo de Lavapiés, el V Encuentro Alberto Arregui, organizado por el Manifiesto por el Socialismo e Izquierda Unida. La jornada reunió, de manera presencial y en remoto, a medio centenar de personas para abordar una pregunta central: cómo enfrentar una ofensiva reaccionaria y militarista que ya no se presenta con caretas.
La mesa contó con las intervenciones de Jordi Escuer, Eva García Sempere, Ovidio Bustillo, Andrea Aldana, Santiago de la Iglesia y Carlos Sánchez Mato, y estuvo dinamizada por Rosa Aporta y Fátima Lasala, que condujeron el debate en un formato ágil de preguntas y respuestas, favoreciendo el contraste de enfoques. Cinco años después de la primera edición —que ya advertía de la guerra que venía— el diagnóstico volvió a ser compartido: el militarismo no es un fenómeno coyuntural, sino una herramienta estructural de un capitalismo en crisis que endurece sus formas políticas.
Desde el inicio, el encuentro planteó que las guerras “cuestan millones de vidas y generan miles de millones de dólares a unos pocos individuos”, denunciando la conexión entre élites económicas, expolio de recursos y autoritarismo creciente.
La mesa combinó análisis estratégico, memoria histórica, experiencia internacional y propuestas programáticas.
Jaime Arregui: “Analizar la realidad colectivamente para cambiarla colectivamente frente a la guerra y la reacción”
La apertura corrió a cargo de Jaime Arregui, que situó el encuentro en una línea de continuidad histórica. Recordó que en la primera edición, cinco años atrás, ya se advirtió de “la guerra que venía” y de la necesidad de organizar fuerzas frente a la reacción. Un mes después, la guerra de Ucrania entraba en una nueva fase. “Hoy, el militarismo y la reacción los tenemos encima”, señaló.
Jaime denunció que las guerras “cuestan millones de vidas y generan miles de millones de dólares a unos pocos individuos” y defendió que la tarea sigue siendo la misma: “analizar la realidad de manera colectiva para cambiarla de manera colectiva”. Frente a las fórmulas de mera gestión del sistema, llamó a recuperar ideas audaces —nacionalización de la banca, expropiación de los oligarcas, huelga general— y a construir unidad desde abajo, sobre una base sólida de programa.

Jordi Escuer: “El capitalismo está buscando otro modelo político: autoritarismo y militarismo”
Jordi abrió el debate con una idea contundente: no estamos solo ante un giro neoliberal, sino ante una mutación más profunda. “Trump es un síntoma”, afirmó, una expresión de un capitalismo que, ante su debilitamiento geopolítico, recurre a su “baza mejor”, la militar.
Para él, el reto no es únicamente frenar a la extrema derecha, sino reconstruir una alternativa creíble. “Ahora es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, citó, subrayando la necesidad de recuperar horizonte estratégico. Su propuesta pivota sobre tres ejes: propiedad social de los medios de producción, administración democrática de la economía y eliminación del lucro como motor central.
En un momento de autocrítica hacia la izquierda, advirtió: “La unidad debe empezar por la unidad de acción cotidiana”. Frente al sectarismo y las disputas electorales, defendió construir vínculos reales en la lucha concreta. Porque, recordó, “el día que la izquierda gane de verdad, vamos a tener delante un enemigo tremendo”.

Eva García Sempere: “O acabamos con el capitalismo o acabaremos con el planeta”
Desde una perspectiva ecosocialista, Eva situó la crisis ecológica como eje inseparable del auge militarista. Recordó que desde los años setenta se viene advirtiendo de los límites del crecimiento y que hoy “siete de los nueve límites planetarios están sobrepasados”.
A su juicio, el ecologismo fue de los primeros en anticipar que el colapso ecológico alimentaría dinámicas autoritarias. Las guerras actuales —dijo— ya no se justifican en nombre de la democracia: ahora se declaran abiertamente por recursos.
Frente al ecofascismo, que propone blindar privilegios para unos pocos, defendió una alternativa ecosocialista que redefina la seguridad: “La seguridad es abrir el grifo y tener agua potable; es no morirte achicharrado en tu casa”. Propuso planificación democrática, cambio de indicadores económicos y una redistribución radical que garantice vidas dignas para todas y todos, presentes y futuros.

Ovidio Bustillo: “Si todo se dedica a la guerra, ¿qué se dedica a la vida?”
Con medio siglo de trayectoria antimilitarista, Ovidio apeló a poner la vida en el centro. Recordó que el militarismo no desaparecerá automáticamente con el capitalismo, pues ha atravesado distintos sistemas históricos.
Alertó del desvío masivo de recursos públicos hacia el gasto militar y sus consecuencias: deterioro de servicios públicos, abandono de políticas ambientales, aumento de discursos de odio y recorte de libertades. “Habrá democracia, probablemente sí, pero podremos decidir muy poco”, advirtió.
Para él, la clave es desentrañar el militarismo como cultura profunda, vinculada al patriarcado y a valores de dominación. Y combatirlo no solo en sus manifestaciones visibles, sino en sus raíces sociales.

Andrea Aldana: “El militarismo no es lejano: está en la vida cotidiana”
Desde su experiencia como periodista de investigación en Colombia, Andrea aportó una dimensión empírica y descarnada. Describió redadas militares para reclutar jóvenes en estaciones de metro, la connivencia entre paramilitarismo y élites políticas y el exterminio de la Unión Patriótica.
“El militarismo se vende como seguridad ciudadana, pero termina capturando la riqueza social”, afirmó. Denunció la doctrina del “enemigo interno” exportada a América Latina y su función para legitimar la represión.
También puso el foco en la violencia sexual en contextos militarizados y en el papel de las fuerzas policiales en democracias formales: “Nos han enseñado a aceptar que las fuerzas policiales están para imponer el orden”. Su intervención aterrizó el debate: el militarismo no es solo drones y misiles; es la normalización cotidiana de la coerción.

Santiago de la Iglesia: “La palabra clave es desobediencia”
Santiago reivindicó la tradición antimilitarista del Estado español, desde el referéndum de la OTAN hasta el movimiento de insumisión. “Si hay algo que marcó ese movimiento fue la desobediencia civil”, recordó, destacando cómo miles de objetores pusieron en jaque al Estado.
Alertó contra la normalización de discursos securitarios y el “embellecimiento” de la imagen del ejército incluso por gobiernos progresistas. Para él, la seguridad real no es más policía, sino derechos sociales garantizados.
Propuso recuperar la desobediencia como herramienta política para romper el consenso militarista y denunciar estructuras como Frontex, a la que definió como un “ejército policial” contra personas migrantes.

Carlos Sánchez Mato: “35.000 millones son un crimen de lesa humanidad”
El economista aportó cifras al debate. Según explicó, el gasto militar real en 2025 alcanzará los 35.000 millones de euros, muy por encima de lo presupuestado oficialmente. Y el compromiso de llegar al 5% del PIB implicaría 60.000 millones adicionales.
“Eso supone un 13% del gasto total en educación, sanidad, protección social y pensiones”, detalló. Frente al discurso tecnocrático, tradujo el coste de oportunidad: con una parte de esos recursos podrían construirse 150.000 viviendas públicas en alquiler asequible.
Su conclusión fue clara: el debate presupuestario no es técnico, sino político. Militarizar es elegir recortar bienestar.

Nerea Arregui: “Seguimos, porque la alternativa es necesaria”
El encuentro se cerró con las palabras de Nerea Arregui, que recogió el hilo común de la jornada: la necesidad de convertir el análisis en organización y la organización en alternativa real. Subrayó que frente al avance del autoritarismo no cabe el desánimo, sino la persistencia colectiva.
En su intervención final quiso dejar constancia del agradecimiento al espacio que acogió el acto: “Gracias a Ecooo por abrirnos las puertas y gracias a Claudia por ser una anfitriona de excepción”. Un reconocimiento que selló una jornada de debate intenso —con las ideas y el recuerdo de Alberto muy presentes— con las ideas y el recuerdo de Alberto muy presentes, y voluntad firme de disputar el futuro a la barbarie capitalista.
En Lavapiés, entre diagnósticos severos y propuestas estratégicas, el V Encuentro Alberto Arregui volvió a afirmar una convicción: no basta con resistir la ola reaccionaria. Hay que construir, desde abajo, una alternativa que ponga la vida en el centro frente a la guerra.





