Jokin Mendizábal, Buenos Aires.

El actual gobierno argentino es el resultado de cuatro años de un gobierno de derecha dura conformado por los sectores más concentrados de la economía cuyos intereses multiconectados con el capital internacional están muy lejos de un proyecto de nación para este país.

El problema argentino es el mismo problema de todos los países ex-coloniales o semi-coloniales. En palabras del ex diputado brasileño del Partido Socialista y Libertad (PSOL) Jean Wyllys: “Las élites de Brasil no lo miran como su propio país si no como a una colonia”. Esto pasa con todas las élites latinoamericanas y por supuesto con la argentina también.

En el momento en que se escribe este artículo se cumplen 45 años del golpe de estado encabezado por Videla. Éste no fue solo un golpe dado por unos militares desalmados y violentos para hacerse con el poder. Fue un golpe de estado cívico-militar, organizado e impulsado por la gran burguesía argentina y la CIA. Los militares fueron el instrumento represivo, sin duda, pero la política económica fue dirigida por los sectores más reaccionarios del gran capital encabezados por gente como su ministro de economía, José Martínez de Hoz, descendiente de una familia de terratenientes y siempre vinculado a la función pública en gobiernos de derecha o golpistas.

En los últimos 45 años ha habido tres experiencias de gobierno de tipo “neoliberal” que a decir verdad ni era “neo” ni era “liberal”, pero así se dio en llamar estas políticas en todo el mundo, políticas que hicieron de la mentira su santo y seña comenzando por su autodenominación. El último de estos gobiernos ha sido el encabezado por Mauricio Macri entre 2015 y 2019.

Aquel año 2015 empezó con un hecho que influiría sobremanera en el curso de la política y el resultado electoral de las elecciones presidenciales, el suicidio del fiscal Alberto Nisman. Tanto la prensa nacional como la internacional se posicionó a favor de la oposición al gobierno de Cristina comenzando casi un año antes la campaña electoral a favor de Macri. El diario El País de Madrid, por citar un ejemplo, tituló por aquellos días “El ‘caso Nisman’ irrumpe en las presidenciales de Argentina”.

La oposición encabezada por Mauricio Macri acusó a Cristina Fernández de Kirchner de haber ordenado su asesinato. Los medios hegemónicos hicieron campaña batiendo sus parches de guerra contra el gobierno. Decenas de mentiras se publicaban como si fueran verdad comprobada acusando a Cristina y otros dirigentes de tremendos actos de corrupción, asesinatos y demás acusaciones que a fecha de hoy aún no han sido demostradas, dando comienzo a lo que se hoy se conoce como “Lawfare” (Guerra judicial), llegando a encarcelar a decenas de dirigentes políticos sin ninguna prueba como la líder social de la provincia de Jujuy Milagro Sala y el vicepresidente de Cristina Amado Boudou, entre otros.

DERROTA ELECTORAL: GANÓ MACRI O PERDIÓ SCIOLI

Daniel Scioli (candidato a presidente por el oficialismo peronista) ha contado este viernes que aceptó el resultado de las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo porque «no iba a poner en vilo a Argentina y generar situaciones violentas». Publicó El Economista América, edición digital del 27/11/2015. Qué distinta actitud la que tuvo Daniel Scioli de la que tuvo el fundador del Movimiento Peronista Juan D. Perón, quien en su primera contienda electoral estaba siendo víctima de un fraude y se plantó exigiendo que se recontara voto por voto, mesa por mesa en las elecciones de febrero de 1946. Solo después de 41 días de recuentos se supo el resultado: el Partido Laborista de Perón obtuvó el 52% de los votos, la Unión Democrática, que era una alianza apoyada por los EEUU y compuesta por la Unión Cívica Radical, el Partico Socialista y el Partido Comunista entre otros, obtuvo el 42,51%.

Haberse plantado frente a la Unión Democrática que había proclamado su victoria antes de tiempo y a sabiendas de que no tenía los votos suficientes cambió para siempre la historia argentina. La decisión de Perón de obligar durante 41 días a recontar y defender los votos uno por uno diferencia a los hombres que hacen historia de los que pasan por la historia sin cambiar su curso.

Siempre se trata de eso, de cambiar la historia a favor de unos u otros. En otro momento explicaremos mejor el surgimiento del fenómeno peronista pero en este punto quiero al menos mencionar algunas de las poderosas razones por las que la clase obrera argentina se hizo peronista. Aquí menciono las principales medidas económicas del primer gobierno de Perón:

En economía.

  • Nacionalización del comercio exterior (IAPI)
  • Nacionalización de los Ferrocarriles
  • Nacionalización de los puertos
  • Nacionalización de los servicios públicos
  • Nacionalización del Banco Central (era manejado por bancos privados con hegemonía de la banca inglesa)
  • Nacionalización de los bancos
  • Extinción total de la Deuda Externa (1948)
  • Negativa a integrar el Fondo Monetario Internacional
  • En 10 años el PIB de la Argentina creció un 35,9% (con picos de 11% anual en 1947 y caídas del 6% en 1952, promediando un 3,5% anual para el período)

En la legislación obrera.

  • Se creó la Indemnización por despido
  • Se estableció el Aguinaldo (Paga Extra)
  • Se estatuyeron las vacaciones pagadas. Millones de trabajadores viajaron de vacaciones por primera vez.
  • Se extendió a todos los trabajadores las jubilaciones y Pensiones (Ley de Previsión Social)
  • Se estableció el Estatuto del Peón Rural (multiplica por 10 el salario de los peones rurales)
  • Se establecieron las convenciones colectivas de trabajo
  • Ley de Accidentes del Trabajo
  • El salario real promedio aumentó un 50%
  • El componente salarial del ingreso nacional superó, por primera vez en la historia, la retribución obtenida en concepto de ganancias, intereses y renta de la tierra (53% contra 47% de los empresarios y rentistas para 1948).
  • Se construyeron 500.000 viviendas populares

Lo mismo en el resto de las áreas como salud, educación etc. El peronismo fue la herramienta mediante la cual la clase trabajadora se puso de pie como clase unida y organizada. Los sindicatos preexistentes no lo habían logrado, este fue un logro del Movimiento Peronista. Aunque no pocos de los dirigentes y afiliados socialistas y de otras corrientes se pasaron al peronismo. Es cierto que el peronismo no se considera un movimiento de clase sino interclasista, pero cuando se viene de lo más profundo de la sociedad, se trabajan largas jornadas de trabajo sin derechos laborales y viene un movimiento político que te reconoce como sujeto de derecho, el trabajador se aferrará a este movimiento y le será leal mientras le sea útil como herramienta política y sindical para defender sus derechos. Así se explican los más de 75 años de peronismo en la Argentina. Así se explica que la clase obrera y luego la juventud revolucionaria luchara en los años 60 y 70 por el regreso del líder en el exilio tras el golpe de estado que lo derrocó en 1955. Y así se explica que hoy la inmensa mayoría de la clase obrera siga siendo peronista.

LA DERECHA ODIA AL PERONISMO. ALGO TENDRÁ EL AGUA CUANDO LA BENDICEN

La campaña electoral de Macri en 2015 trató de ser la campaña de una derecha “moderna” y “civilizada”, incluso con incrustaciones pseudoperonistas en su discurso que atrajeran a parte de ese electorado. Macri trató de acercar a algunos líderes sindicales peronistas a su molino y aún después de su llegada al gobierno flirteó con dirigentes políticos peronistas que hicieron de su ambigüedad su mejor carta para jugar la partida con el nuevo gobierno. Algunos de los dirigentes que habían estado bajo la sombra de Cristina ahora se dejaban seducir por los nuevos vientos que algunos decían que aunque fueran de derecha serían democráticos. Fue llamativo el acercamiento al nuevo gobierno neoliberal en sus primeros tiempos de los que habían sido Jefes de Gobierno de Cristina, Sergio Massa y Juan Manuel Abal Medina.

El gobierno de los Kirchner había vuelto a destapar el odio ancestral que la derecha argentina se tiene que tragar según soplan los vientos en diferentes momentos históricos. Este odio sin límites fue tomando cuerpo con decenas de medidas que el gobierno de Macri tomó o no tomó. Por ejemplo, la que fue gobernadora macrista de la mayor provincia argentina, la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, declaró que no pensaba abrir ni un hospital (público) más en su provincia. Qué bien hubieran venido unas docenas más de hospitales con la llegada de la pandemia justo tres meses después de que tuviera que ceder el gobierno de dicha provincia al kirchnerista Axel Kicillof.

El gobierno de Macri basó la comunicación de la política de su gobierno en un puro y hueco marketing político, dando consejos a la población, pobre, sobre cómo combatir el frío dentro de sus casas poniéndose más ropa, o incluso las ventajas para la salud de comer tierra.

El resultado de su gobierno fue el crecimiento de la pobreza, el desempleo, la inflación, la destrucción de miles de empresas grandes, medianas y pequeñas. Un empeoramiento general del panorama económico muy serio. Eso unido a que el peronismo se presentó unido y formando un frente con otras fuerzas menores dio como resultado la derrota del gobierno macrista. La esperanza y la alegría volvió a los barrios obreros y populares, “ahora volveremos a recuperar el nivel salarial y los empleos” decían los trabajadores. Pero un factor inesperado vino a complicar las cosas dentro y fuera de la Argentina.

PANDEMIA, OPOSICIÓN Y DESPUÉS

Las primeras noticias de la pandemia llegaban en marzo del año pasado. Toda la vida iba a ser condicionada por ese enemigo invisible que es el Covid 19. El gobierno argentino se preparaba a todo tren para una pandemia de dimensiones imprevisibles y la oposición, también perpleja, se dejó llevar en un principio a las posiciones del gobierno de Alberto Fernández prestándose a sus medidas de confinamiento. No veían otra opción por el momento. Se construyeron decenas de hospitales a toda prisa con un buen grado de precariedad, pero capaces de hospitalizar a miles de personas. La imagen positiva del gobierno subía a niveles muy altos.

Pero la oposición necesitada de algo que le permitiese erosionar desde el principio el amplio apoyo conseguido por el nuevo gobierno del Frente de Todos y comenzó a buscar por donde atacar. Pronto encontró los mismos argumentos que esgrimió la derecha en todo el mundo, desde Brasil a España pasando por EEUU. Acusan al gobierno de eliminar los derechos de los ciudadanos a circular, a abrir los restaurantes etc. De repente la derecha se erigió en la “mayor” defensora de las libertades y acusaba al gobierno de enamorarse de la pandemia calificándolo de “infectadura”. Llamaban a la población a no vacunarse, una de las más destacadas líderes de la oposición, Lilita Carrió, presentó una demanda judicial contra el gobierno acusándolo de querer envenenar a la población con la vacuna. Las vacunas ya no se denominaban por su nombre sino por su país de origen: la rusa y la china. No así con la Pfizer y las demás. Convocaron a manifestaciones haciendo alarde de la sinrazón más delirante. En realidad los llamados formadores de opinión operaban bajo los mandatos de sus dueños los grandes laboratorios como Pfizer y del gobierno de los EEUU.

La semana pasada se publicó un informe por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EEUU (equivalente al ministerio de salud) donde reconoce que durante 2020 presionó a gobiernos latinoamericanos para que no compren la vacuna rusa Sputnik y menciona a los gobiernos de Panamá y Brasil. En un apartado del informe, que titulan: “Combatiendo influencias malignas en las Américas” explican que usaron la diplomacia para evitar que países como Rusia, Venezuela o Cuba, “aumenten su predicamento” en la región a través de la vacuna rusa anticovid y de las brigadas médicas internacionalistas de Cuba. La vacuna y los médicos cubanos actuarían “en detrimento de la seguridad de los Estados Unidos”, según el documento.

La demostración de violencia simbólica más grande fue alcanzada el pasado mes de febrero cuando unos manifestantes de los sectores duros del macrismo colocaron bolsas mortuorias frente a la residencia de gobierno, la Casa Rosada insinuando que el gobierno sería el responsable de todas las muertes. Toda esta locura ha quedado a la vista en poco tiempo. Las noticias que llegan de Brasil, Uruguay, Chile y otros países alertan de una nueva ola de la pandemia y con un virus mutado y mucho más letal.

¿Por qué la derecha argentina quiere derribar al gobierno de Alberto Fernández? En los últimos meses la prensa hegemónica no para de hablar sobre la debilidad del Presidente Fernández provocada por su Vicepresidenta Cristina Fernández, quién estaría manejando los verdaderos hilos del poder restándole capacidad de decisión al Presidente. Ha habido declaraciones de otra representante de la coalición Macrista “Cambiemos” en el sentido de que este año 2021 que hay elecciones de medio término, seguramente no las habrá, insinuando un golpe de estado. Calientan el ambiente político a niveles insostenibles.

La derecha siempre combatió a los gobiernos peronistas con una sola excepción: durante el menemismo en los años 90. No es de extrañar. Lo que la derecha no le perdona al peronismo es que permitió su organización en sindicatos y provocó un incremento de su conciencia de clase. Hubo un oligarca en tiempos de Perón que llegó a decir: “Lo que yo nunca le voy a perdonar a Perón es que durante su gobierno y luego también, el negrito que venía a pelear por su salario se atrevía a mirarnos a los ojos. ¡Ya no pedía. Discutía!”. Y ahí está el problema, lo que realmente les preocupó y sigue preocupando a los capitalistas no es el contenido “peronista” de las organizaciones de clase si no el contenido de clase de las organizaciones peronistas. La burguesía contempló con estupor en los años 60 y 70 como la conciencia de clase se elevaba hasta el punto de que amplios sectores de la clase obrera se reivindicaba socialista dentro del movimiento peronista. Ni qué hablar de la juventud. El socialismo se discutía en el peronismo al punto que Perón hacía declaraciones en defensa del socialismo para no perder su influencia entre esos sectores. A finales de los 60 y principios de los 70 Argentina sintió como el socialismo corría por las venas de la clase obrera y la juventud peronista. Y en este hecho, que no suposición, está la piedra clave de la política argentina.

LOS DILEMAS DEL GOBIERNO PERONISTA

El actual gobierno argentino camina entre la línea de lo que debería hacer y lo que se atreve a hacer. En rigor y si prestamos atención a la política del primer gobierno de Perón debería hacer una política de fortalecimiento del Estado, de estatizaciones de las grandes empresas de energía, las agroexportadoras, el comercio exterior y una serie de empresas estratégicas para la Argentina. Pero no se está atreviendo. Mencionaré el caso de la agroexportadora Vicentín que ante una crisis provocada por los desfalcos de sus dueños el gobierno se planteó nacionalizar. Pero bastó el freno puesto de un juez de la provincia de Santa Fe, donde está ubicada Vicentín y una campaña de prensa en contra para que el gobierno se echara atrás.

Ahora estamos a punto de saber qué pasará con otro enorme negocio por donde se fugan miles de millones de dólares de manera ilegal de la Argentina. A fin de abril vence un contrato firmado desde la época de Menem según el cual todo el transporte fluvial por el que corren las enormes cosechas de las provincias a orillas del río Paraná, el tercero más navegable del mundo, es manejado por empresas extranjeras y puertos privados.

Por el Paraná se fugan más de 20.000 millones de dólares en cosechas no declaradas

“Tenemos un comercio exterior sobre el cual el Estado ha perdido todo tipo de contralor. Nosotros no tenemos nada que ver con el transporte ferroviario que llega a puerto, no tenemos nada que ver con el transporte por agua, no manejamos la navegación en el río, no manejamos los puertos… por supuesto no tenemos organismos reguladores , ni en granos ni en carnes, por lo tanto el papel de la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) danza en el vacío y descansa en la declaración jurada de las empresas (las empresas declaran lo que exportan mediante una declaración jurada que no se controla. Así que pueden decir que exportan la mitad de lo que de verdad exportan).

Y en ese marco, Argentina a la que se dice exportadora de soja y ‘otras yerbas’, en realidad la principal exportación son los dólares. La fuga de capitales la subfacturación de las exportaciones, la sobrefacturación de las importaciones, el contrabando, es monumental”. Quien así habla no es un militante de la oposición de izquierdas sino el actual director del Banco de la Nación Argentina, Claudio Lozano.

La circulación por el Paraná es de alrededor de 6.000 barcos anuales, de todos los tamaños y en ellos sale más del 70% de las exportaciones argentinas, que según datos oficiales en 2019 facturaron 25.600 millones de dólares, y en 2020, con pandemia y recesión mundial, facturaron la friolera de 51.300 millones de dólares. Lo que permite calcular unos 20.000 millones de evasión anual.

Argentina se enfrenta a la necesidad ineludible de realizar profundas transformaciones en su estructura económica pero las fuerzas conservadoras ancladas en todos los estamentos del Estado y la sociedad impiden realizarlas. Este proceso de transformaciones exige una reforma profunda del Poder Judicial, reforma impositiva, reforma agraria y el fortalecimiento y recuperación de lo público frente al avance de lo privado.

La oposición se sigue comportando como si estuvieran en el gobierno, con el mismo desparpajo. No se han hecho cargo del desastre económico que dejaron y culpan de todo al peronismo, “el cáncer que impide crecer a la Argentina desde hace 75 años” según ellos.

La pandemia está impidiendo que las bases peronistas y otros sectores que también apoyan al gobierno se manifiesten bien apoyándolo bien exigiendo por sus salarios y derechos. Este es un hecho que está retrasando el proceso de luchas que inevitablemente se avecina. Lo ocurrido en Bolivia, Ecuador; la liberación de Lula en Brasil, el movimiento impresionante en Chile, el gobierno de México de López Obrador y la propia victoria del peronismo en Argentina hablan de un nuevo proceso político en Latinoamérica en alza para los pueblos. Estos días Argentina se fue del “Grupo de Lima” cuyo único objetivo es atacar a Venezuela.

El proceso que fue interrumpido con malas artes y golpes de estado en todos los países ha vuelto a surgir. La historia no está escrita, todo dependerá de la capacidad de los pueblos para generar las fuerzas de cambio y transformación suficiente. Se abre un nuevo ciclo para la lucha en muchos países que irá contagiando al resto. El aprendizaje es doloroso pero han de sacarse las lecciones de cada caso si queremos avanzar conquistando nuevos espacios hacia la liberación de los pueblos latinoamericanos. El destino de cada país está unido al de todos. Vuelven a soplar buenos vientos para los pueblos de este subcontinente.