Jokin Mendizábal

Ayer Bolsonaro comprobó que no es tan fuerte como se creía. Hace dos meses empezó a llamar a la movilización que tuvo lugar ayer, 7 de septiembre, día de la independencia de Brasil. Esperaba 2.000.000 de asistentes en San Pablo y multitudes nunca vistas antes en Brasilia y otras ciudades del país. Esta convocatoria la promovió porque siente como se mueve la tierra bajo sus pies y tiene demasiados problemas no resueltos. La inflación especialmente cebada en los alimentos de primera necesidad no cesa de castigar a los trabajadores y sectores populares. La pandemia ha causado estragos llegando a 584.421 víctimas fatales además de golpear a la economía poniéndola en una situación muy delicada.

Lo poderosamente llamativo de esta movilización es que ha sido convocada contra el Supremo Tribunal Federal (STF), llegando a proponer ataques directos, lo mismo que contra la embajada de China, esperando crear el caos suficiente para generar una situación de caos que propiciara un autogolpe.

Bolsonaro decía que estaba en marcha un golpe contra él por parte del poder judicial y de los medios. Justo los poderes que le ayudaron a su ascensión al gobierno. También está convencido de que estos poderes sacaron a Lula de la cárcel para desalojarlo del gobierno. Ese discurso paranoico es el que viene desarrollando Bolsonaro . «No podemos aceptar más presiones políticas en nuestro Brasil, o el jefe de ese Poder (Judicial) sujeta a los suyos o ese Poder puede sufrir aquello que nosotros no queremos», dijo este capitán devenido en presidente. Se dirigía al titular del Supremo, Luiz Fux, exigiéndole que ponga en caja a los jueces levantiscos, es decir independientes.

Bolsonaro piensa que el poder judicial no lo está dejando gobernar porque está tomando medidas contra sus seguidores que amenazan por las redes a dicho poder judicial. Algunos ya están siendo detenidos y se les están bloqueando sus cuentas bancarias para impedirles recaudar fondos.

Ayer Bolsonaro pensaba retomar la iniciativa política y fortalecerse frente al poder judicial pero salvo en San Pablo la cantidad de manifestantes fue muy inferior a lo que esperaba. El diario Valor Económico afirma que todo fue decepcionante para Bolsonaro, y que en Brasilia, por ejemplo, la concurrencia alcanzó el cinco por ciento de lo que se esperaba.

Bolsonaro atacó al poder judicial en sus discursos amenazándole con que los magistrados pagarán un precio si no reculan y siguen realizando acciones para limitar su capacidad de acción. Bolsonaro se mostró totalmente rebelde ante las últimas decisiones judiciales que van contra sus intereses, algo que tensiona al máximo el enfrentamiento entre los dos poderes. “Nuestro país no puede seguir siendo rehén de una o dos personas, sin importar dónde se encuentren. Estas ‘una o dos personas’ se alinean o simplemente serán ignoradas en la vida pública. Este es mi trabajo. Seguiré jugando dentro de las 4 líneas, pero de ahora en adelante, no permitiré que una o dos personas más jueguen fuera de las 4 líneas. Solo hay una regla del juego: respetar nuestra Constitución, la libertad de opinión”, dijo Bolsonaro.

El presidente rebelde advirtió que convocaría al Consejo de la República –este órgano podría decidir intervenciones en algunos estados incluso un estado de sitio a nivel nacional. El problema es que este Consejo no está dando ninguna señal positiva a Bolsonaro el cual se ha visto obligado a retirar la convocatoria.

Bolsonaro se ha debilitado más

Si con las manifestaciones de ayer Bolsonaro pretendía frenar su desgaste continuo no lo consiguió. Por el contrario se ha desgastado aún más. Los temores que flotaban en el ambiente a que los bolsonaristas realizaran acciones violentas como tipo asalto al Capitolio brasileño no tuvieron ningún correlato en los hechos. El mismísimo ex presidente Fernando Henrique Cardoso, convocó una reunión su partido, el PSDB, para discutir si se le inicia un juicio político a Bolsonaro.

Sectores opositores salieron también a las calles

Lula ayer no salió a la calle, no se mostró en ninguna manifestación a pesar de que el PT si estuvo apoyando la histórica Marcha de los Excluídos. Más de 160 ciudades de Brasil son escenarios de las movilizaciones contra el Gobierno del presidente Jair Bolsonaro, en el marco de la campaña que pide la salida del mandatario, a la que se ha sumado el movimiento de los excluidos. Las protestas contra Bolsonaro son convocadas por la Campaña Nacional «Fora Bolsonaro», conformada por los frentes Povo Sem Medo y Brasil Popular, además de partidos políticos, centrales sindicales y movimientos populares.

El diputado federal del PT-MG, Leonardo Monteiro reforzó la participación del partido y asegura que no se que “Más que nunca es el momento de luchar por los derechos que nos están quitando. Salimos a las calles por miles de brasileños hambrientos y desempleados. Lucharemos contra las privatizaciones. Nosotros, del PT, nos mantendremos firmes con la gente. La base está movilizada, la gente necesita y quiere un cambio.”

Este es el problema, Bolsonaro se sabe perdedor de las próximas elecciones y va a intentar todo tipo de maniobras para evitar llegar a la compulsa electoral en 2022 donde sea otra vez Lula el gran vencedor. Los sectores principales de la burguesía brasileña ven el peligro que significa que este delirante siga gobernando. Las tensiones que está provocando necesitan ser suavizadas y para esta tarea no sirve cualquiera, en este momento solo un hombre puede intentar mantener todas las fuerzas que se están desatando dentro del sistema capitalista. Y ese hombre se llama Luis Ignacio Lula da Silva.

La perspectiva que se abre es la de un gobierno con Lula de presidente. Qué puede pasar en ese gobierno es un tema complejo de analizar y será objeto de otro artículo. Por lo pronto lo bueno es que Bolsonaro se ha quedado con muy pocos apoyos. Pero Bolsonaro seguirá insistiendo en su batalla por evitar que Lula llegue a las elecciones. Si el PT de Lula no da la batalla en las calles contra Bolsonaro esto que podría parecer un camino directo a la presidencia para Lula podría complicársele y mucho. Como siempre las espadas están en alto.