Joaquín Sainz / Buenos Aires

Bolivia cuenta en su haber con un nuevo mártir revolucionario con la cara de El Che en su casco de minero: Carlos Orlando Gutiérrez Luna. La dictadura no podía irse así nomás. Las dictaduras nunca aceptan sus derrotas y siempre saben donde golpear para hacer más daño.

Este asesinato era la crónica de una muerte anunciada. Carlos y su familia estaban siendo amenazados demasiadas veces pero igual no se escondió. La semana pasada le dieron una paliza en un bar de La Paz y tras una semana luchando por su vida no pudo superar las heridas que la cobarde patota le produjo muy conscientemente en la cabeza con intención letal.

Desde niño, Carlos, supo lo que era bajar al socavón en las minas de Colquiri, provincia de Inquisivi –departamento de La Paz-. Quince años arrancando estaño y zinc forjaron a este dirigente de oratoria afilada que sabía llegar a lo más profundo de sus compañeros mineros como al resto del pueblo trabajador. Tuvieron que apagar su fuego para que no siguiera encendiendo la esperanza de la revolución. El dijo con orgullo de clase el mismo día de la enorme victoria en las urnas: “Este triunfo lo vivo con conciencia de pueblo, porque con el pueblo no se juega, cuando el pueblo ve afectados sus intereses colectivos, sobre todo los de una Bolivia para las futuras generaciones, sale a las calles. Solo nosotros podíamos hablar de revolución, tanto en las calles como en las urnas. Les hemos dado un sopapo, un revés. Hemos votado contra la discrminación, contra la prepotencia, porque han lastimado a lo más profundo de los bolivianos, nuestra pollera, nuestra Wiphala, la Pachamama, nuestras tradiciones ancestrales”

En una entrevista que le hizo el periodista Gustavo Veiga a mediados de julio pasado, explicó: “Si hablamos de los mineros estamos hablando de la historia de Bolivia. Si hablamos de la creación de la gloriosa Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia es la columna vertebral de la COB. Nosotros nos consideramos punta de lanza en la lucha. Por eso lastimosamente tenemos muchos mártires y es lo que nuestros antepasados nos han enseñado, nuestro legado. Nos han dejado ese principio único de lucha para no ser más oprimidos por gobiernos neoliberales y capitalistas”.

El asesinato de Carlos Orlando nos plantea que la derecha ha sido derrotada electoralmente pero sigue y seguirá actuando. El MAS y todas las organizaciones obreras y campesinas, feministas y juveniles, van a tener que aprender a defenderse de los matones que nunca van a faltar para evitar que esta victoria electoral se convierta en nuevas conquistas, nuevos derechos que avancen hacia el socialismo.

¡Compañero Carlos Orlando: Hasta la Victoria Siempre!