Protesta en octubre de 2019 contra las políticas de austeridad de Lenin Moreno. Foto. RTVE

Jokin Mendizábal, Buenos Aires.

Al final ganó el representante más recalcitrante de la oligarquía financiera, el que menos hubiera cabido pensar que podía ganar las elecciones en Ecuador por haber sido el ejecutor de múltiples estafas financieras en el pasado, Guillermo Lasso ha resultado ganador sometiendo a una derrota, no tan abultada por cierto, al candidato del Correismo, Andrés Arauz. Para que no queden dudas de a quién representa este banquero recibió la inmediata felicitación de los presidentes Jair Bolsonaro (Brasil), Iván Duque (Colombia), Sebastián Piñera (Chile) y hasta del títere venezolano Juan Guaidó.

Se han vertido ríos de tinta para explicar porqué Arauz no ganó habiendo partido como favorito desde la primera vuelta: que si sus errores y enfrentamientos con los pueblos indígenas heredados de Rafael Correa, que sus dificultades para ampliar su base electoral debido a errores de la época de Rafael Correa, etc. Todo eso es cierto pero antes de empezar un mínimo análisis conviene dejar claras algunas cosas. En esta campaña, como viene siendo habitual en todos los países de la región, la derecha ha basado su estrategia en el llamado “relato” de los medios hegemónicos que presentan una imagen idealizada y dulcificada de los candidatos del “neoliberalismo”, blindándolos y desplegando una batería comunicacional de acoso y derribo del candidato a vencer.

Guillermo Lasso. Foto. Télam

TODO VALE PARA LA DERECHA

Empecemos por reconocer que unas elecciones que se celebran teniendo al que debiera haber sido el candidato con más intención de voto proscrito y en el exilio, no pueden ser consideradas unas elecciones democráticas. Esto pasó en Brasil con Lula y ahora en Ecuador. No les salió bien en Bolivia, aunque lo intentaron robando las elecciones de 2019 a Evo Morales y el MAS mediante un golpe de estado. Sí les salió bien en Argentina, mediante una campaña impresionante de mentiras, “lawfare” (guerra jurídica), contra Cristina Fernández de Kirchner y toda una serie de dirigentes de primera línea del peronismo Kirchnerista.

Entonces, lo primero que hay que dejar bien claro es que en todas las campañas de la región, TODAS sin excepción, la derecha neoliberal emplea todas las artimañas posibles, armas sucias, mentiras, difamaciones para conseguir que un sector de los votantes que en condiciones democráticas dignas no les votarían, incline su voto a la derecha, votando así a sus propios verdugos.

Este proceder, que en cualquier actividad humana está mal visto, en la política y en las campañas electorales la derecha las usa como algo “natural y “legítimo”. El neoliberalismo sabe que tiene que engañar siempre a un sector del electorado que de otro modo no les votaría.

Por último, decir que, en el caso de Ecuador, el jefe de campaña de Guillermo Lasso fue Durán Barba, un ecuatoriano que es consultado por otros muchos partidos de derecha en diferentes países y que se encargó de la campaña de Lasso después de la primera vuelta. Este asesor de campañas es conocido por su habilidad en destruir la imagen del oponente sin importarle los costes y los métodos a utilizar.

Lo increíble es que, en los tiempos que corren, estos predicadores de la mentira no suelen pagar ningún precio por sus tropelías, al menos en el corto plazo. Por ejemplo, Lasso prometió en campaña que eliminaría la Secretaría Nacional de Educación, Ciencia y Tecnología. Esa medida permitiría el libre ingreso a las universidades de todos los jóvenes entre 18 y 25 años eliminando la prueba de admisión. Hoy Lasso ya ha reconocido que no es posible eliminar un instrumento de desarrollo vital para el país como es esta secretaría. Aún no gobierna y ya está tirando por la borda aquellas promesas con las que engañó a cientos de miles de jóvenes.

Dicho todo esto, podemos entrar en la revisión crítica de cuales pudieron ser los errores que hicieron perder la elección al correísmo.

ANTES DE CRITICAR, RECONOCER LOGROS

¿Por qué se le atacó hasta empujarlo al exilio a Correa? La razón es simple. Correa no es un socialista, partidario de una transformación social hacia el socialismo. Pertenece a un tipo de corriente política reformista que busca reducir la pobreza, generar empleo, mejorar los estándares de vida en su país. El problema es que eso que a cualquier persona de bien le podría parecer aceptable, al neoliberalismo le parece inaceptable tanto a los que son ecuatorianos como a los imperialistas.

Correa se retiró con el 62% de aprobación a su gestión pero deja escrito un polémico capítulo para la historia ecuatoriana, que polariza a la población entre oposición y correistas, entre aceptación y rechazo, entre amor y odio. Atravesó dos elecciones presidenciales y 14 procesos electorales de menor rango en los que triunfó siempre. Ecuador vivió una etapa inédita de estabilidad teniendo en cuenta que llegó a tener cinco presidentes en los diez años anteriores.

Con Correa Ecuador experimentó la etapa de mayores ingresos petroleros, lo cual ayudó a su política de mejor distribución de riqueza. Pero el precio del petróleo no se mantuvo alto todo el tiempo y sus reservas económicas se vieron mermadas. Esto unido a una revalorización del dólar (la economía ecuatoriana está dolarizada por ley) significó una caída importante de la competitividad de Ecuador sin olvidar los desastres naturales como la erupción del volcán Cotopaxi y el terremoto en 2016 que causó una tremenda destrucción. Todo esto conspiró contra la economía ecuatoriana.

El dirigente de la Cámara de comercio de Guayaquil, Miguel Angel González, señala que “en estos 10 años de correismo se ha generado desconfianza en el sector privado. Las restricciones no permitieron fluir la economía”. Por su parte el empresario Francisco Alarcón de la Cámara de Comercio de Quito dijo que “las empresas ya no aguantan más pues trabajan para abastecer al Estado”. El malestar empresarial era inversamente proporcional al apoyo que Correa tenía entre la población trabajadora y otros sectores. Y el sector mayoritario de la sociedad veía las cosas de otro modo. La pobreza extrema, que en 2006 llegó al 16,9% de la población, se redujo al 8,7% en 2017.

El correismo tenía detractores en sus propias filas, para el ex-presidente de la Asamblea Constituyente Alberto Acosta, un político cercano a Correa, “el entonces Presidente fue un caudillo que no fortaleció la democracia, restringió las libertades y estableció un marco jurídico represivo.

Sin embargo, para el historiador Juan Paz Miño Correa “reinstitucionalizó el Estado sobre la base ciudadana, se afirmaron sus capacidades regulatorias, se dio prioridad a las condiciones de vida y de trabajo sobre los intereses del capital”.

Andrés Arauz. Foto. Mal Salvaje

Las opiniones están muy dividas sobre el papel jugado por Correa, pero lo que está claro es que durante su gobierno las masas mejoraron más que nunca antes sus condiciones de vida. No cabe duda de que Correa cometió errores. Pero no es por sus errores que la derecha oligárquica y el imperialismo lo castigan, todo lo contrario. El neoliberalismo de todo tipo lo castiga por que hizo justamente aquello que ellos no quieren hacer, mejorar la distribución del ingreso para las capas obreras y populares; aumentar los derechos y en definitiva mejorar la calidad de vida de la población.

Dos modelos se enfrentan en Ecuador, uno que pretende exprimir hasta el hueso a los sectores populares y el otro que busca dignificar la vida, crear empleo, educación, sanidad, vivienda, en resumidas cuentas crear un “estado de bienestar” o del “buen vivir”, como se le ha dado en llamar en estos países. Los dos modelos respetan las reglas del sistema capitalista. El problema es que las oligarquías no están dispuestas a renunciar ni a un centavo en beneficio de sus poblaciones. Así de simple. Eso es lo que representan por un lado Lasso, Bolsonaro, Piñeda, Macri, etc. Y por el otro están los Correa-Arauz, Evo Morales, Lula, Alberto Fernández y otros.

En pocas palabras, el sistema capitalista ya no cree en la democracia entendida como un conjunto de derechos, no solo el voto, sino los derechos a comer, estudiar, salud para todos, vivienda. La democracia, sin estos derechos, es una cáscara vacía de tal modo que hoy la lucha por comer y los derechos básicos enfrenta en una lucha a muerte a las mayorías sociales con los dueños de la tierra, la banca, las grandes empresas y todas las riquezas del país.

UN APRETADO RESUMEN DE LOS RESULTADOS ELECTORALES

“Hasta el día de la segunda vuelta para las elecciones presidenciales en Ecuador (realizadas el domingo 11 de abril de 2021), esta claramente definidas tres posiciones políticas:

1. El voto por el binomio Andrés Arauz/Carlos Rabascall.

2. Por el banquero Guillermo Lasso.

3. El voto nulo.

Entre 10.828.652 de sufragantes (100% del total de actas, hasta el 17 de abril a la 1,30 horas), Guillermo Lasso ha triunfado con el 52,36% de la votación (4.655.964), y lo ha hecho en todas las 11 provincias de la Sierra, Galápagos y en 5 de las 6 provincias de la Amazonía. Si se toma en cuenta que en la primera vuelta Lasso obtuvo el 19,74% de los votos, significa que en la segunda ganó 32 puntos, algo “espectacular” e inédito en la democracia ecuatoriana desde 1979. Un hecho comparable solo ocurrió en 1984, cuando el socialdemócrata quiteño Rodrigo Borja venció al empresario socialcristiano guayaquileño León Febres Cordero en la primera vuelta, pero perdió en la segunda.

Andrés Arauz obtuvo el 47,64% de los votos (4.235.996), pero solo venció en las 6 provincias de la Costa y en la amazónica de Sucumbíos. Y si bien, aunque a último momento, obtuvo el apoyo de una fracción de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE (liderada por Jaime Vargas), ese respaldo resultó insignificante, porque el voto nulo (posición de Pachakutik), ha resultado mayor que la votación por Arauz en las provincias centrales de la Sierra (Cotopaxi, Chimborazo, Tungurahua, Bolívar) y en Azuay. Al mismo tiempo, en todas ellas (y las otras de la Sierra) triunfó Lasso y con resultados mucho mayores a los que tuvo el voto nulo, lo que significa que también captó buena parte de la votación indígena.

Pachakutik, como brazo político del movimiento indígena, junto a otras fuerzas populares y de la izquierda anticorreísta, si bien en primera vuelta propuso como alternativa de gobierno a Yaku Pérez/Vilma Cedeño, en la segunda, bajo el argumento de que en las elecciones finalmente se enfrentaban “dos derechas”, plantearon la consigna del “voto nulo ideológico”, considerándolo como “alternativa popular”. Pero solo alcanzaron un 17.5% de la votación nacional (1.761.250, que no cuentan para los resultados oficiales), algo que sus partidarios han magnificado como un voto “histórico”, aunque solo representa 8 puntos más que el promedio de los votos nulos (un 9%) obtenidos en las vueltas finales realizadas durante los 11 procesos presidenciales que ha tenido Ecuador entre 1979 y 2017. Y, además, es una votación menor a la que tuvo el mismo Yaku Pérez en primera vuelta, cuando alcanzó el 19.39% de la votación, así como únicamente 9 puntos más que los votos nulos de la primera vuelta (9.55%). Esto ratifica que buena parte de la votación indígena fue para Lasso, que la teoría del “fraude”, levantada incluso sobre una imaginativa “alianza” entre el “correísmo” y Lasso con el fin de perjudicar a Pérez resulta inconsistente y que la candidatura de Arauz obtuvo, a nivel nacional, más del doble de votos que los nulos.

La victoria del banquero Guillermo Lasso implica la superación psicológica de lo que significó la crisis económica vivida en Ecuador entre 1998 y 1999, la cual desembocó en el “feriado bancario”, como fue conocida la crisis combinada con aumento de la inflación crisis financiera, crisis fiscal y crisis de la deuda externa detonando un verdadero pánico en Ecuador. Esta crisis llevó al cierre de aproximadamente el 70% de las instituciones financieras del país y el mayor éxodo migratorio conocido en la historia del Ecuador.

PACHAKUTIK –CONAIE

El “extraño” papel jugado por Yaku Pérez tendrá que ir develándose en los próximos meses.

En el Ecuador cohabitan catorce ciudadanías (etnias) indígenas. La más representativa de ellas es la Kichwa que reúne al 86% del total de la población indígena del país. La mayoría de la población indígena vive en la Sierra y en la Amazonía ecuatoriana. Pachakutik surge en 1995 como una agrupación indígena que se articula con la CONAIE, hoy bastante dividida. Hasta el censo nacional de 2010 había 1.018.176 personas que se autodefinen como indígenas, lo cual representaba el 6,5% de la población total.

La CONAIE tiene varias ramas y, además, de Yaku Pérez, de la etnia quechua-cañari, está Jaime Vargas, que una semana antes de las elecciones dio su apoyo a Adrés Arauz y llamó a votar por él, y otros dirigentes. Sin embargo Yaku Pérez llamó al voto nulo “ideológico”. Yaku dijo que pedía el voto nulo porque lo que se enfrentaba en la segunda vuelta eran dos partidos de derechas.

Esta posición de Yaku, no sólo es errónea y sectaria, sino contraria a los intereses de la población indígena que pretende representar. Él sabía muy bien que el voto nulo favorecía a la derecha de Lasso. Yaku no es ningún improvisado, tiene mucha experiencia y formación política. Es abogado, hizo postgrados sobre gestión de cuencas hidrográficas, derecho ambiental, justicia indígena y derecho penal, y fue Prefecto de Azuay, puesto al que renunció para presentar su candidatura. No puede aducir ignorancia respecto de lo que hizo. Si Yaku Pérez hubiera llamado al voto para Andrés Arauz el banquero Lasso no hubiera ganado. Y eso lo van a pagar con muchas calamidades las comunidades indígenas a las representa, los trabajadores y todos los sectores populares incluyendo a las clases medias. El el proyecto de Lasso y sus secuaces no hay lugar para indígenas, obreros, estudiantes de clases populares, etc.

EL FUTURO DEL PUEBLO EXIGE UNIDAD DE LA IZQUIERDA

La izquierda Ecuatoriana está muy dividida y cuando vas a la batalla, incluso la electoral, si vas dividido ya estás derrotado. No podemos saber el papel que podrá jugar Correa en esta situación, lo que sí sabemos es que, si los correistas no tratan de unirse con los movimientos indígenas, sindicales y demás movimientos sociales, les esperan unos años muy crudos. El personalismo no debe tener lugar en la política. El correismo, hoy organizado en torno a la Unión por la Esperanza (UNES) suponía una barrera al avance despótico del neoliberalismo. Aún puede seguir siéndolo pero, para eso, ha de tender puentes hacia el indigenismo y obligar a Yaku Pérez, si no quiere mostrarse como un colaborador de Lasso, a defender un programa de unidad que ponga dique al ataque que ya se ha iniciado con Lenin Moreno y que, con Lasso, alcanzará niveles aberrantes. Si se ponen por delante los intereses populares no debe ser tan difícil. Construir la unidad es la tarea para defender los derechos democráticos y la dignidad del pueblo ecuatoriano.