El riesgo económico de la situación es mayor de lo que nos cuentan

6 Abr, 2022 | Actualidad, Crisis del capitalismo, Economía, Internacional

Jordi Escuer

“La industria alemana enciende la alarma sobre el plan de racionamiento de la energía”. Este era el titular de un artículo publicado el 2 de abril en el Financial Times. El Gobierno alemán, preocupado por el riesgo de corte en el suministro de gas procedente de Rusia, ha activado el primero de los tres estados de alerta de su plan de emergencia en el suministro.

Basado en un ley puesta en práctica durante la crisis económica de los años 70, en la que hubo una gran alza de los precios del petróleo, este plan reservaría el gas disponible para infraestructuras fundamentales y hogares, lo que implicaría el corte del gas para la mayoría de las industrias.

El artículo cita a varios altos cargos de la industria. Martin Brudermüller, jefe ejecutivo de BASF, la empresa química más grande del mundo por ventas, afirma que, si se diera ese corte, la economía alemana entraría en su “peor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial”.

Para el representante de las empresas intensivas en energía, como las acerías o las químicas, Christian Seyfert, esta crisis “podría ser definitivamente peor que la de la pandemia”. Ésta habría “golpeado a nuestros miembros de forma muy dura, pero gracias en parte a la demanda de China, hubo una pronta recuperación económica”, afirmó. “Ésta es una situación incluso mucho más preocupante”.

«…todo indica que la lucha por los recursos básicos se va a recrudecer, y que la intensificación del militarismo que esta guerra ha desatado ha llegado para quedarse. El capitalismo cada vez se parece más a sí mismo.»

El problema de muchas empresas es que si tuvieran que parar los hornos, una vez se enfríen, volver a ponerlos en funcionamiento es enormemente costoso, pues implicaría incluso tener que reemplazarlos.

Estamos hablando de empresas enormes y decisivas en al economía alemana. Por ejemplo, la factoría de BASF en Ludwigshafen, en el suroeste de Alemania es el complejo químico integrado más grande del mundo y emplea el 4% de todo el gas del país. Su parálisis afectaría a la fabricación de muebles, coches, chips, substancias de uso médico, higiene y alimentación.

Y, a corto plazo al menos, los expertos no creen que se pueda reemplazar más de un tercio de las importaciones de gas ruso, por suministro de otros países.

La caída en gas disponible ocasionaría además problemas de mayores costos, de indemnizaciones a clientes… y una cascada de personas en ERTE o en el paro.

Así pues, es fácil entender porque las sanciones no llegan al gas ruso y es posible ver qué pasaría si se llegasen a cortar, algo que en absoluto se puede descartar en la escalada actual. Los riesgos de la situación económica son mayores de lo que se nos cuenta habitualmente, de hecho la posibilidad de una recesión es real.

Esta realidad pone de relieve por qué la UE ha considerado el gas y la nuclear como «energías verdes», hoy por hoy, el gas es vital para los procesos industriales. Es un aviso de que los altos precios de la energía van a continuar. Y todo indica que la lucha por los recursos básicos se va a recrudecer, y que la intensificación del militarismo que esta guerra ha desatado ha llegado para quedarse. El capitalismo cada vez se parece más a sí mismo.

Notas

“La industria alemana enciende la alarma sobre el plan de racionamiento de la energía”. Financial Times

https://www.ft.com/content/13b06f9a-20cc-4499-9137-6299c0b81643

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