Escriben Guadalupe Barahona y Pablo Híjar
Fotos: Mateo Lanzuela
Más de 50 personas se dieron cita en los locales del ya histórico CAUM de Madrid para asistir de forma presencial al Encuentro Alberto Arregui. Y más de 600, a la hora de escribir esta crónica, han visualizado el evento a través del canal de Youtube del colectivo Manifiesto por el Socialismo, tanto en directo como en diferido.
El encuentro se dividió en dos mesas de debate para afrontar un mismo reto: «La izquierda en transformación». Título del evento que pone encima de la mesa el desafío que tiene por delante la izquierda alternativa y revolucionaria. La primera mesa abordaría la cuestión desde la perspectiva de las organizaciones políticas y la segunda desde el prisma de distintos colectivos y entidades sociales.
Esta era la cuarta edición, y por primera vez se trasladaba al centro de Madrid. Las tres anteriores citas se realizaron en Rivas Vaciamadrid, algo que no olvida la organización del evento. De hecho parte de las primeras palabras fueron de agradecimiento al Ayuntamiento de Rivas, así como a los compañeros y compañeras de Izquierda Unida en la localidad, por la hospitalidad prestada con anterioridad. El encargado de abrir el encuentro fue Jesús María Pérez, integrante del grupo de trabajo de Manifiesto por el Socialismo, colectivo organizador del evento junto a Izquierda Unida (de la que forma parte).
«Queremos poner encima de la mesa ideas, ojalá que diferentes»
«Sin ideas no se puede transformar la sociedad, pero tienen que ir unidas a una praxis. Hay que tratar de extraer de la experiencia las ideas que nos permiten seguir avanzando. Queremos poner encima de la mesa ideas, ojalá que diferentes. Tarea de acabar con lo que provoca la enfermedad de la sociedad, que es que todo funcione en base al lucro. Hasta que no acabemos con eso no tendremos una sociedad que respete los derechos y cuide a la población», explicó Pérez en su apertura.
Primera mesa, una mirada desde lo político
Henar Moreno sería la conductora del primer espacio debate, enfocado en el punto de vista de las formaciones políticas. Moreno, representante de Izquierda Unida en el Parlamento de La Rioja, entre otras muchas ideas dejó sobre la mesa una reflexión denunciando «el maltrato de estas supuestas democracias a los Derechos Humanos. No vale todo. No se puede pactar que no haya aranceles con la vulneración sistemática de los Derechos Humanos».
Moreno lamentó la ausencia de Podemos en el encuentro. Isa Serra, que había confirmado y así se anuncio en la programación del evento, finalmente declinó su participación por motivos de agenda. Y aunque, en teoría, se comprometieron desde la organización morada a una sustitución, esta nunca se produciría. Al respecto afirmó creer «que no han entendido bien de lo que se trata. Desde la cercanía, encontrarnos para ir construyendo alianzas y esa izquierda que todos queremos para intentar entre otras cosas, detener la destrucción del planeta».
En el debate dinamizado por la riojana se dieron cita la parlamentaria de EH-Bildu, Marije Fullaondo, la responsable de relaciones políticas y confluencia de Izquierda Unida, Amanda Meyer, así como Jordi Escuer, integrante del colectivo Manifiesto por el Socialismo.
Pensar cómo debería ser una sociedad socialista
El primero en intervenir fue Escuer, que además es militante de Izquierda Unida en Madrid. Su discurso giró entorno a dos premisas: la defensa de la más amplia unidad desde la pluralidad y la necesidad de debatir «como sería el socialismo» por el que luchamos. «Que haya esperanza en que es posible superar el capitalismo. Estamos huérfanos de alternativa, se ha impuesto una dinámica muy posibilista, del mal menor. Tenemos que ser capaces de pensar cómo debería ser una sociedad socialista», sostuvo.
Respecto a la unidad señaló la imposibilidad de «decretarla» y entre otras reflexiones apuntó que «nuestras organizaciones llevan muchos años que sobre el papel dicen una cosa, pero en la práctica funcionan como organizaciones representativas. No se funciona colectivamente. Los hiperliderazgos son alimentados por esa dinámica».
Escuer introdujo también una pequeña propuesta de programa y cuatro ideas para cimentar la unidad. Defendió un «vínculo estrecho con los movimientos sociales y unidad de acción en torno a reivindicaciones comunes». También añadió la necesidad de la existencia de «libertad de crítica». «Si no hay libertad de crítica, se hace mucho daño a la organización colectiva», añadió. Reclamó también «métodos democráticos, pero también sentido de la proporción».
Radicalización de la democracia
Marije Fullaondo comenzó afirmando que «la experiencia de EH Bildu se desarrolla en un contexto muy concreto, no extrapolable. Pero creemos que podemos aportar a la transformación de la izquierda».
Fullaondo señaló tres ejes sobre los que construir la izquierda política y social. «Combatir el autoritarismo, el neofascismo y la ultraderecha», «conseguir la transformación hacia un modelo social progresista» y «caminar hacia la liberación nacional de nuestro pueblo».
Además defendió la necesidad de una «radicalización de la democracia». Para ello aportó cinco propuestas. «La Justicia social como reconocimiento y redistribución», el aumento de la «participación», la «garantía de no arbitrariedad y cuidado mutuo en el ejercicio de los derechos políticos y sociales», así como la «modernización del sistema institucional, valiéndonos de la tecnología para automatizar los procesos burocráticos».
Señaló que en EH Bildu «conviven muchas diversidades» y que su capacidad de trabajar unidas se basa en «confianza, respeto mutuo, generosidad y responsabilidad, partiendo de lo que nos une».
Un acuerdo para defenderse de «la mayor ofensiva contra la humanidad»
Amanda Meyer defendió en primer lugar una idea sobre la que pivotaría el resto de su intervención: «No hay ni un solo obstáculo de peso que impida la unidad de la izquierda federal, y soberanista». Lo definió como un «acuerdo para defenderse de la mayor ofensiva contra la humanidad».
Para Meyer la coyuntura es compleja marcada por una «ofensiva brutal» del sistema, paralela a «la desmovilización y división de la izquierda».
En su defensa de la unidad señaló que «nos falta reconocimiento mutuo». Señaló la ausencia de un «método democrático» para construir la confluencia de las fuerzas de izquierda. Como ejemplo señaló que «en Unidas Podemos no existían órganos de coordinación. Perdimos una oportunidad. No hay transformación si no hay organización social y movilización. Nadie tiene ningún poder para designar a nadie ser dirigente de nada. Eso no es un método republicano». Algo que después ha seguido el mismo patrón en Sumar.
Además incidió en varias ocasiones en la necesidad de una «descentralización territorial» defendiendo que buena parte de las decisiones «se tienen que tomar en el territorio».
Tras las intervenciones se produjeron distintas intervenciones y aportaciones por parte de las personas asistentes, y un intercambio de opiniones. El derecho a la crítica política y cómo hacerlo en el marco de la unidad fue quizás uno de los epicentros de este debate.
Segunda mesa, la mirada desde lo social y sindical
La segunda mesa fue dinamizada por Nerea Arregui, Psicóloga y experta en intervención comunitaria. Además Nerea es hija de Alberto Arregui, y junto a su hermano Jaime han jugado un papel importante en la organización del encuentro creado en memoria del legado político y personal de su padre.
En este bloque participaron Carlos Moreno Azqueta, integrante de Ecolojóvenes (la agrupación juvenil de Ecologistas en Acción),
Adrià Junyent Martínez, secretario confederal de Juventud de CCOO, Elena Ollero, representante estudiantil en la Junta de Facultad de Geografía e Historia (UCM), y Mamadou Diagne, representante del Sindicato de Manteros.
En su breve introducción, Nerea Arregui, quiso introducir el debate lanzando una reflexión y una lógica pregunta: «Democracias cada vez más limitadas donde las oligarquías toman decisiones que nos afectan a todas. ¿Cómo organizarnos para tener mayor poder colectivo?». Antes de pasar la palabra y rindiendo homenaje a su padre, que era «muy de usar citas y frases latinas», espetó «álea jacta est».
«¿Qué es el socialismo sin el ecologismo?»
El primero en abrir la mesa fue Carlos Moreno Azqueta, que arrancó con una inteligente reflexión: «Me identifico como socialista, pero primariamente como ecologista. El ecologismo sin lucha de clases es jardinería. ¿Qué es el socialismo sin el ecologismo?»
Moreno, realizó un breve relato histórico, tanto del desarrollo capitalista como de la propia visión productivista que emergió en los primeros experimentos colectivos de construcción de sociedades socialistas. Y apuntó como el ecologismo moderno nació precisamente de la crítica a esa teorización de un crecimiento ilimitado. En otras muchas ideas, se sirvió de un ejemplo muy terrenal apuntando que «es ley natural que toda especie que crece de forma indefinida eventualmente llega al colapso». Sirvan como ejemplo «las plagas de langostas».
Frente al negacionismo, el representante de Ecolojóvenes sostuvo que «estamos abandonando todos los puntos de estabilidad del planeta Tierra. Produciendo la mayor pérdida de biodiversidad desde la gran extinción». Y añadió que «es la primera vez que una especie está causando esta extinción de forma consciente».
Y defendió la necesidad de un decrecimiento en el consumo de recursos. «Nuestro proyecto debe ser ilusionante. Reducir la jornada, construir ciudades habitables, aire limpio, vivienda descarbonizada en la que eliminemos la pobreza energética». Para Moreno «descarbonizar nuestra economía» es una forma de «solidaridad global, un movimiento ético, que asegure una vida digna para la vida en el planeta».
«Es un momento clave para reactivar el movimiento estudiantil»
Elena Ollero centró el inicio de su intervención en destacar el importante papel del movimiento estudiantil en el proceso de creación de conciencia colectiva. «Cuando tenemos un movimiento estudiantil fuerte, tenemos una sociedad comprometida en la calle», teorizó. Y recordó que por ejemplo «fue la punta de lanza de las luchas contra el franquismo». Para Ollero, este movimiento «va más allá de lo puramente estudiantil, conectando con luchas como la de vivienda o temas internacionalistas, como demostraron las acampadas por Palestina».
La activista estudiantil resaltó la importancia de este frente de lucha en la formación de cuadros políticos: «En el movimiento estudiantil creces porque es donde creas tu primer compromiso».
Para Ollero el movimiento no está en su mejor momento debido a la «fragmentación entre asociaciones y sindicatos de estudiantes». Lo ejemplariza afirmando que existen «muchas asociaciones con muy poca gente» y añade que «no hay diálogo ni unidad». Afirma que «no vale que en la universidad y los centros de estudio sólo estemos organizadas las rojas de toda la vida».
Después de realizar un repaso sobre la situación de «atraso histórico» de la enseñanza del Estado español y su crónica «infradotación presupuestaria», espetó que «ni Trump ni Ayuso están locos. Saben lo que hacen. No quieren que accedamos a la educación pública porque eso crea conciencia social».
Frente al desánimo Ollero terminó defendiendo que «es un momento clave para reactivar el movimiento estudiantil».
El «relevo generacional» en los sindicatos
Adrià Junyent, aportó el punto de vista de los jóvenes organizados en CCOO. Recogiendo el testigo de Ollero, defendió «reforzar la unidad del movimiento estudiantil y los sindicatos de trabajadores».
Junyent trato de enmarcar el momento sociológico por el que atraviesa la juventud. Resaltó por ejemplo que «un 35-40% de los varones menores de 25 años votan a Vox», pero al mismo tiempo indicó que «los que antes eran de derechas ahora son más fachas, se han radicalizado, pero no ha cambiado la proporción».
En este proceso de radicalización de los jóvenes de derechas, pone el acento en el momento concreto de la pandemia. Apuntó que desde febrero a marzo de 2020, los jóvenes estuvieron encerrados en casa». El móvil era su gran ventana al exterior y en su opinión se popularizó TikTok «una aplicación en el que la izquierda no está». Y en esta y otras redes se construyó un nuevo «sentido común» que para una parte importante de las nuevas generaciones es «de derecha», con prejuicios trufados de «antifeminismo». Incluso para las mujeres expandiendo una nueva versión «de la mujer al servicio del marido». Para Junyent, «ha fallado el análisis que hacemos y cómo nos comunicamos. No hemos sabido leer las redes sociales desde 2020 a 2025».
Junyent también reflexiono sobre el llamado «relevo generacional», y tuvo palabras autocríticas hacia como lo enfrentan las direcciones de las grandes centrales sindicales. Puso encima de la mesa, para demostrar que existe «relevo», distintos ejemplos de luchas recientes como la huelga de ambulancias en el País Valencià o la del Servicio de Ayuda a Domicilio de Bizkaia.
La opresión de raza y de clase son inseparables
«El sindicato de manteros no es un sindicato legal», explicó Mamadou Diagne para arrancar su intervención. El sindicato es más un símbolo del «vínculo con la manta, de la venta ambulante». Se definió como un «hijo de los mercadillos», fue mantero. Ahora es politólogo.
Su speech rezumó crítica a las izquierdas a nivel internacional. «Nací en Senegal», donde la izquierda francesa era incapaz de abordar la cuestión racial y la independencia, haciendo que estas relevantes agendas «queden en segundo lugar». Y reclamó la necesidad de que la izquierda tenga una perspectiva distinta que le permita entenderse así misma desde otras cosmovisiones».
Remarcó que «la raza es una construcción social». Y como ejemplo descarnado añadió: «1492 para algunos es el descubrimiento, para otros es el momento del comienzo de su esclavización». Los acontecimientos históricos en Abya-Yala (el continente americano) o la eterna discriminación del pueblo gitano, así como su asimilación forzada, le sirvieron para apuntalar sus argumentos.
La visión colonial, y en el fondo supremacismo étnico-racial, significa la «deshumanización de ciertos cuerpos». Y recalcó que «parte de la riqueza de este continente (Europa) bebe de esta visión». Dentro de esa visión supremacista «la negación de derechos» y de «agenda política propia» ocupa una posición central. Y añadió con amargura que ,en muchas ocasiones, se sienten «instrumentalizados desde la izquierda».
También fue muy crítico con las tibias políticas de «regularización», así como de la escasa representación de personas negras en las instituciones. Además incidió que existe un precio a pagar, poniendo el ejemplo de su compañero Serigne Mbayé que enfrenta el acoso policial y judicial por llamar a las cosas por su nombre en relación a las agresiones racistas.
Diagne explicó que la organización no es sencilla. «El sindicato de manteros es muy precario». Sus éxitos llegan «desde el respeto, desde la horizontalidad y sin instrumentalización». Y convencido de la necesidad de la «conciencia de clase» también reclamó atención a la existencia de distintas «cosmovisiones»
«También hay socialismo africano, o el comunalismo», añadió en la recta final de su primera intervención. Y señaló a la esclavización y el colonialismo como responsables del borrado de esa agenda propia y la capacidad de organización que significaría.
Terminó defendiendo la necesidad de conjugar «conciencia de clase» con la «conciencia racial», dicho de otro modo: la opresión de raza y de clase son inseparables.
A por la quinta edición
Después de las breves exposiciones de cada una de las mesas tuvo lugar un debate e intercambio de ideas que terminaron por enriquecer el debate, objetivo último de este encuentro en memoria de Alberto Arregui.
El encuentro terminó con una comida, preparada de forma militante por compañeros y compañeras de Madrid, que permitió continuar las conversaciones y también añadir satisfacción y sonrisas al saberse en un lugar de «hermandad proletaria».
Aportar ideas que sirvan para defender el socialismo y la construcción de la izquierda, así como servir de lugar de encuentro, sin esconder los diferentes puntos de vista, han sido durante estas cuatro ediciones la agenda de este evento. A la vista de la satisfacción mostrada por ponentes y público podríamos afirmar que esa agenda, o por lo menos una parte sustancial de la misma, ha sido cumplida.
El colectivo de militantes de Izquierda Unida, Manifiesto por el Socialismo, ya está pensando en nuevas réplicas de este encuentro y, como no, en su quinta edición en 2026.
Galería fotográfica
Fotos de Mateo Lanzuela
















