Hay que defender el derecho a un salario digno (1)

3 Nov, 2022 | Actualidad, Crisis del capitalismo, Economía, La Izquierda, Movimiento Obrero

Jordi Escuer (integrante de la Coordinadora regional de IU Madrid)

El ascenso de la inflación está devorando los salarios, las pensiones y todo tipo de prestaciones. Llueve sobre mojado para la clase trabajadora, pues la mayoría ya tiene sueldos bajos. Al igual que la derecha, para la organización empresarial CEOE si se aumentaran los sueldos lo mismo que los precios, se “hundiría la economía”1. El Gobierno propone un pacto de rentas que limite salarios y beneficios por igual2, y CCOO y UGT piden una subida “razonable”3 que permita que al final de los próximos tres años, se recupere el poder adquisitivo que ahora se pierde. ¿Qué debemos defender? ¿Esas son las opciones posibles?

Los salarios no están alimentando la subida de los precios ni la causan. La media de incremento en los convenios está siendo del 1,8%4, muy por debajo de la inflación prevista, que se espera que oscile entre el 8 y el 9%5. El aumento del coste de la vida está golpeando directamente en los gastos básicos de la inmensa mayoría de las familias con encarecimientos enormes: energía, alimentos, vivienda…6.

Sin embargo, mientras los salarios pierden poder adquisitivo, los beneficios de las empresas7 sí crecen en términos reales, aunque la situación no es uniforme ni por sectores ni por tamaño de las mismas. Las más favorecidas son las grandes compañías8, en especial las empresas energéticas (productoras, no las que sólo son comercializadoras) y los bancos, que han tenido beneficios récord9. Ya alcanzaron cifras excepcionales en 2021, cuando las 55 empresas mayores casi doblaron sus resultados respecto a 201910. También sus dueños, los grandes accionistas, están viendo crecer su riqueza personal y se espera que sigan haciéndolo11. Y lo que quiere la patronal es que continúe así y que sean la clase trabajadora y los sectores populares quienes asuman las consecuencias de la crisis que su sistema ha generado.

«Aceptar que paguen este desastre los trabajadores y trabajadoras, llevará a que el pequeño empresario o el autónomo, más tarde o más temprano, se vean obligados a someterse a una auto explotación mayor. Es adentrarse en el círculo vicioso de unos salarios que no permiten vivir a nadie. Para la pequeña empresa y el autónomo, esa política es pan para hoy y hambre para mañana.»

Es importante que la izquierda no meta en el mismo saco a todas las empresas. La situación no es la misma para las pequeñas que para las grandes pues, según CEPYME, las primeras están viendo caer sus márgenes12. Muchas pequeñas empresas y autónomos trabajan para contratistas privados13 o para la Administración, con precios cerrados y sin posibilidad de ampliar sus márgenes. Precisamente, una de las razones principales de las externalizaciones es abaratar costes, a costa de imponer peores condiciones laborales a quienes hacen el trabajo a través de una contrata.

La CEOE y la derecha, por su parte, tratan de utilizar la desesperación de las pequeñas empresas y autónomos a favor de las grandes y en contra de los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Las pequeñas sufren mucho más esta crisis inflacionaria, especialmente, los autónomos y autónomas. Pero si la política de la CEOE y del PP se impone y se le hace pagar a la clase trabajadora los platos rotos del sistema, una vez más, también acabará perjudicándoles a ellos. Es el sistema y la presión de las grandes corporaciones la que les fuerza a trabajar con márgenes cada vez más pequeños. Aceptar que paguen este desastre los trabajadores y trabajadoras, llevará a que el pequeño empresario o el autónomo, más tarde o más temprano, se vean obligados a someterse a una auto explotación mayor. Es adentrarse en el círculo vicioso de unos salarios que no permiten vivir a nadie. Para la pequeña empresa y el autónomo, esa política es pan para hoy y hambre para mañana.

Su futuro está al lado de la causa de la clase trabajadora. Todo el mundo, dependa de un salario o trabaje por cuenta propia, debe poder ganarse la vida con dignidad. Lo que impide eso no son los salarios actuales ni los derechos laborales, que aún son demasiado precarios, sino la absurda dinámica de un sistema que se basa en la explotación del trabajo para enriquecer a una minoría. Se debe trabajar, produciendo bienes o prestando servicios, para atender bien las necesidades de la sociedad y hacerlo en condiciones dignas.

Defender los salarios es, como mínimo, mantener su poder adquisitivo

La postura intransigente de la patronal no debe ocultar que el pacto de rentas que reclaman el Gobierno y la mayoría de las instituciones, también supone aceptar una pérdida de poder adquisitivo, aunque sea menor. Ese camino no debe respaldarlo la izquierda sindical y política.

El acuerdo sobre los empleados públicos14 se queda muy lejos de lo que ha subido la inflación este año y se pretende que los salarios se revaloricen al menos un 8% hasta finales de 2024. Ya se verá qué pasa al final pero, por ahora, el salario de los empleados y empleadas públicas ha bajado en términos reales ya que no se compensa la inflación.

«Las medidas gubernamentales, aunque son mejores que las que aplicaron los gobiernos del PP, no bastan para detener la degradación que sufre la clase trabajadora y la pequeña burguesía.»

Y la propuesta sobre pensiones, aunque va más lejos de lo que la derecha y la patronal quisieran, implica de una pérdida de poder adquisitivo, pues no va a compensar el poder adquisitivo perdido en el último año, que equivale a más de un mes de salario15. Es la política del mal menor. Para mantener los salarios y las pensiones es necesario abonar una paga extraordinaria equivalente al aumento de la inflación del último año y aplicar un incremento, a partir de enero, en consonancia con la subida de los precios real.

Hay que recalcar que un aumento acorde con la inflación no es un mayor salario en términos efectivos pues, con él se podría comprar lo mismo que hace un año e implicaría que no hay mejora en el poder adquisitivo. Y ya existe un sector creciente de la clase trabajadora que no puede vivir con su salario o está al borde de la exclusión social.

Las remuneraciones han ido cayendo en términos reales durante décadas. En euros constantes (descontando la inflación) el salario medio de 1983 y el del año 2008 eran un 32,6% y 16,5% más altos, respectivamente, que en 2020, la última cifra disponible del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) sobre el salario medio16. La participación de los salarios en el reparto de la renta se ha ido reduciendo en favor de los rendimientos del capital. Eso ha permitido el incremento tanto del número de ricos como de sus fortunas. Es la base de la creciente desigualdad social.

El nivel general bajo de los salarios en España queda reflejado en los datos de la Agencia Tributaria17: Un 76% de los asalariados y asalariadas gana menos de 1.915 euros al mes, un 60% menos de 1.355 y un 40% menos del salario mínimo interprofesional. Incluso, un 17,9% de quienes tienen trabajo estaban en situación de riesgo de exclusión social en 202118, más de 3,5 millones de personas.

«Ante una crisis estructural no basta sólo con mantener una postura defensiva, que los salarios no pierdan poder adquisitivo. Eso es fundamental, pero la mejor forma de defenderlos es pasar a la ofensiva con medidas que puedan dar una soluciones duraderas al conjunto de los trabajadores y las trabajadoras.»

La precariedad laboral y salarial se refleja en el aumento de la exclusión social. Es cierto que si tuviéramos un gobierno de la derecha, las cosas aún estarían peor: El escudo social del Gobierno, a diferencia de lo que hicieron los gobiernos Zapatero y Rajoy, ha evitado que 1,5 millones de personas cayeran en la pobreza o la pobreza extrema. Pero eso no cambia que ahora hay 319.000 personas más en situación de exclusión social, y en peor situación pues ha crecido la pobreza severa, que antes de la pandemia19. Las medidas gubernamentales, aunque son mejores que las que aplicaron los gobiernos del PP, no bastan para detener la degradación que sufre la clase trabajadora y la pequeña burguesía. Eso explica que el Gobierno no sea capaz de cosechar un apoyo cada vez mayor, y su revalidación depende de que se movilice el voto como reacción a las barbaridades de la derecha, más que de ilusionar en un programa que apenas llega a la mayoría de quienes más lo necesitan.

La inflación denota una crisis estructural

La situación ha llevado a las direcciones de CCOO y UGT a llamar a la movilización. Es un acierto que hay que apoyar e impulsar, pero el objetivo de esta lucha no puede ser el mal menor, es decir, aceptar la pérdida de poder adquisitivo a corto y medio plazo, pero para que se recupere a largo con cláusulas de revisión (que la patronal rechaza). No estamos ante una situación temporal, sino ante una crisis estructural. La subida de los precios responde a que todo el sistema de cadenas globales de producción, que ha construido el capitalismo, se basa en la disponibilidad de energía fósil barata y eso ha terminado. Estas energías escasean cada vez más y son más costosas de extraer. Además, las consecuencias ecológicas de su uso y de la degradación del medioambiente están pasando una factura cada vez mayor en forma de catástrofes naturales, sequías, caída de la producción de alimentos, etcétera. En última instancia, la inflación expresa que los bienes son cada vez más costosos de producir.

La patronal con su postura, o el Banco Central Europeo con sus subidas de los tipos de interés, está buscando que sean la clase trabajadora y los sectores más humildes de la sociedad los que carguen con las consecuencias de esta situación, imponiéndoles un peor nivel de vida. Sus decisiones supondrán más personas pobres, aunque tengan trabajo, más desahucios, menos sanidad y educación públicas, más desempleo y pobreza energética. Pero todo se sacrifica en el altar de la rentabilidad de las inversiones.

Ante una crisis estructural no basta sólo con mantener una postura defensiva, que los salarios no pierdan poder adquisitivo. Eso es fundamental, pero la mejor forma de defenderlos es pasar a la ofensiva con medidas que puedan dar una soluciones duraderas al conjunto de los trabajadores y las trabajadoras.

Tampoco se trata de convencer a la patronal de que subiendo los salarios la economía irá mejor, incluso para ella. En el capitalismo, la ganancia es el motor de la inversión. Sus beneficios provienen de explotar los recursos naturales y el trabajo humano. En la medida que los primeros decaen, el sistema tiende a explotar con más intensidad a la clase trabajadora. Las grandes corporaciones capitalistas, y los Estados que ellas controlan, no van a resolver los problemas sociales y económicos sino que nos van a hundir más en ellos, como llevan décadas haciendo. El afán de lucro es consustancial al capitalismo. Para saber hasta dónde están dispuestas a llegar, basta ver cómo el PP —y también el ala más a la derecha del PSOE que gobierna en varias Comunidades— está aprovechando la pandemia para culminar su proceso de degradación del sistema sanitario público en beneficio de las aseguradoras privadas. O cómo los poderes en pugna que han precipitado la guerra en Ucrania por el control de las materias primas y los mercados. Nos llevan a un desastre.

Acabar con la desigualdad social es el único camino

Pero no es inevitable. La situación que estamos viviendo va a forzar a la inmensa mayoría de la clase trabajadora y de los sectores populares a buscar una alternativa. Y la izquierda tiene el reto de poner sobre la mesa propuestas que sean realistas, no la utopía de pretender un capitalismo de rostro humano que ni existe ni existirá.

Hay recursos para que todo el mundo pueda vivir en buenas condiciones, y hacerlo dentro de los límites que nos impone el planeta. Usando entre un 10 y un 40% de la energía que hoy se emplea, todo el mundo podría vivir con dignidad20, pero eso exige poner fin a la desigualdad social. Hay que forzar un trasvase de riqueza de la clase dirigente a la clase trabajadora.

«La lucha por los salarios dignos debe generalizarse y unirse a la pelea por la sanidad pública, por el transporte público o por el derecho a la vivienda, etcétera. Son distintas facetas de una misma lucha.»

En el terreno salarial, eso implica exigir una escala móvil de salarios para que salarios y pensiones suban conforme lo haga la inflación, algo que existe en Malta, Chipre, Luxemburgo y, de forma limitada, en Bélgica21. Es fundamental que la política de pagos extraordinarios que aplican algunas empresas no es suficiente, si no se consolidan en las nóminas como algo permanente, pues los precios más altos han venido para quedarse por las razones que se señalaban antes. Aún más, hay que exigir que los salarios más bajos suban al nivel necesario para que desaparezcan los trabajadores y trabajadoras pobres. Hasta la Constitución, que algunos sólo recuerdan para lo que les conviene, defiende su derecho a un empleo “con una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia”22. Trabajar tiene que permitir vivir con dignidad.

También se deben reforzar los servicios públicos, con medios y personal suficiente (Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Dependencia…). Y los recursos públicos no deben ponerse al servicio de las grandes corporaciones, sino de las necesidades de la mayoría: es mucho más importante rehabilitar vivienda que financiar a Volkswagen la construcción de vehículos eléctricos. Igual que debe protegerse el sistema público de pensiones y eso es incompatible con promover los planes privados de empresas, pues lo segundo implica detraer recursos en beneficio de las aseguradoras privadas.

En la siguiente parte de este artículo, ahondaremos en las propuestas programáticas necesarias para afrontar este problema. En cualquier caso, se podrá ganar o perder en cada lucha, pero lo que no cabe es presentar como positivos recortes con el argumento de que así se evitan otros peores. Eso ya se lleva haciendo demasiados años y no ha podido impedir que cada vez se deteriore más la situación de la clase trabajadora.

La movilización no puede quedarse en organizar una manifestación en horario laboral, confiando en llenarla con representantes sindicales, ni en llamar a todas horas a la huelga general. Lo que hace falta es poner sobre la mesa este debate en las empresas, en los barrios y en los centros de estudio. Hay que construir un programa común para sacar al conjunto del pueblo de la pobreza y garantizar condiciones de vida digna. Hay que coordinar las luchas, uniendo fuerzas en torno a reivindicaciones comunes, alentando la libertad de crítica y los métodos democráticos.

Sin renunciar a sus objetivos específicos, la lucha por los salarios dignos debe generalizarse y unirse a la pelea por la sanidad pública, por el transporte público o por el derecho a la vivienda, etcétera. Son distintas facetas de una misma lucha.

Hay que unir lucha sindical y política

Hoy cobra actualidad lo que Marx escribiera en 1865: “Al mismo tiempo, y aun prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema del trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias [por el aumento del salario, etcétera]. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de «¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!», deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: «¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!»”

La pandemia tuvo un efecto insospechado, puso en evidencia el papel decisivo del conjunto de trabajadores y trabajadoras, en todos los sectores. Sin su labor, no funcionaría la sociedad. Y, si la producción de bienes y servicios dejase de estar sometida al afán de lucro, como ley suprema, y la democracia entrase en la economía, se podrían resolver los graves problemas que pesan sobre nuestra sociedad.

Sobre la unidad: «…la cuestión no es entrar en un estéril debate sobre si los partidos son buenos o malos, sino en cómo se debe lograr esa unión.»

Y, para terminar, se debe señalar que las fuerzas sindicales y sociales, deben implicarse también las contiendas electorales que habrá el año que viene. En 2023 habrá la ocasión de desalojar a la derecha de numerosas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, lo cual es decisivo en la pelea por la defensa de la sanidad pública, por ejemplo. Y también tendremos la posibilidad de lograr tener un gobierno estatal de la izquierda realmente dispuesto a aplicar una política de transformación social, que no reparta migajas ni se quede a medio camino. Las elecciones también son una faceta más de la lucha que señalábamos antes.

Para eso, la cuestión no es entrar en un estéril debate sobre si los partidos son buenos o malos, sino en cómo se debe lograr esa unión: con un programa común elaborado colectivamente, con derecho de crítica y con métodos democráticos. Fuerzas como Izquierda Unida y Podemos pueden allanar el camino contribuyendo a que SUMAR se convierta en un modelo de esa participación democrática y unitaria, como fueron las experiencias de los Ayuntamientos del cambio. Es más, esa es una necesidad vital para el movimiento, pues una vez derrotada a la derecha, hace falta que la movilización continúe y se fortalezca más para presionar para que se cumpla el programa y vencer las enormes resistencias que habrá a cualquier cambio de calado. Tomando inspiración del lema del movimiento de los pensionistas, el de toda la izquierda transformadora, sindicatos de clase y movimientos sociales tiene que ser «gobierne quien gobierne, nuestros derechos se defienden».

Una fuerte movilización para defender el derecho a un salario digno es el primer paso, imprescindible pero sólo el primero.

Notas

1 La patronal ignora todas las recomendaciones y rechaza un pacto de salarios: “Hundiría la economía”

Mientras la mayoría de instituciones y voces económicas recomiendan un gran pacto de rentas para afrontar la crisis inflacionista, el líder de los empresarios rechaza una de sus piezas clave: el acuerdo salarial

https://www.eldiario.es/economia/patronal-ignora-recomendaciones-rechaza-pacto-salarios-hundiria-economia_1_9651987.html

2 “La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, ha hecho un llamamiento a sindicatos y patronal para retomar las negociaciones de cara a un pacto de rentas a tres años, de 2023 a 2025. El objetivo no es sólo frenar la inflación, también la escalada de tensión entre los sindicatos, que no están consiguiendo mover a las empresas de la congelación salarial o una leve subida que carga la pérdida de poder adquisitivo sobre los trabajadores. Calviño considera que la mejor salida a esta coyuntura, tanto social como económica, es un gran acuerdo para «moderar las rentas salariales y empresariales» para repartir los costes de la guerra y evitar que se generen espirales inflacionistas”. https://www.elconfidencial.com/economia/2022-07-06/calvino-sindicatos-patronal-pacto-rentas-salarios-margenes_3456602/

3 “Las posiciones sindicales son perfectamente razonables, no estamos pidiendo subidas generalizadas del 9% de los salarios, sino subidas iniciales razonables y cláusulas de garantía, compromisos para que a lo largo de los próximos dos años se recupere el poder adquisitivo” https://www.ccoo.es/noticia:645697–%E2%80%9CLa_apuesta_salarial_de_la_CEOE_nos_lleva_a_la_recesion_y_no_lo_podemos_tolerar%E2%80%9D&opc_id=8c53f4de8f8f09d2e54f19daf8d8ed95

4 “Los salarios de convenio solo suben el 1,8% interanual, que es el resultado de ponderar el 2,61% de subida media pactada hasta septiembre para 7,6 millones de trabajadores/as con el 0% provisional para los cerca de 3,5 millones que todavía no han pactado una subida para este año. No son los salarios los responsables de la fuerte subida de la inflación”. PRECIOS, RENTAS DEL TRABAJO Y POBREZA SEPTIEMBRE 2022. Gabinete Económico Confederal de Comisiones Obreras

5 El Gobierno prevé una inflación media del 7,8% en 2022 y del 2,9% en 2023 (https://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/resumenes/Paginas/2022/260722-rp-cministros.aspx). El Banco de España de 8,7% (https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/InformesBoletinesRevistas/BoletinEconomico/22/T3/be2203-it-Rec1.pdf) y FUNCAS del 9,1% (https://www.funcas.es/textointegro/ipc-agosto-2022-previsiones-hasta-diciembre-2023/).

6 La fuerte presión inflacionista de la energía se ha extendido a los bienes y servicios fundamentales, perjudicando a todos los hogares, pero en mayor medida a aquellos con menores ingresos por el mayor peso de estos bienes y servicios en su cesta de la compra. En el último año (septiembre 2022/2021) se ha disparado el precio de:

-Suministros básicos: la electricidad sube un 20,2% interanual, los combustibles líquidos para consumo doméstico un 72,7%, el butano y propano un 25,1% y el gas natural un 23,8%.

– Transporte personal: El gasóleo sube un 26,1%, la gasolina un 2,1%, los automóviles nuevos un 9,8% y los de segunda mano un 11,0%.

– Alimentos y bebidas no alcohólicas: el aceite de oliva sube un 14,1%, otros aceites comestibles (girasol, etc.) un 65,9%, el pan sube un 14,9%, las harinas un 39,4%, la pasta un 29,6%, la carne de ave un 18,1%, la de vacuno un 14,7% y la de cerdo un 11,2%, la leche sube un 25,4%, el yogur un 19,1%, los huevos un 23,6%, el pescado fresco 10,5%, la fruta fresca un 12,3%, legumbres y hortalizas frescas el 17,9%, las patatas el 16,4%, el café un 12,2%, …

– Los servicios de alojamiento (hoteles, hostales, pensiones, …) suben un 28,1%.

– Las comisiones bancarias y de oficinas de correos se encarecen un 10,6% anual.

– La vivienda en propiedad se encarece un 8% y está por ver cuánto sube el alquiler finalmente, que ya suponía una carga excesiva para el 41% de los inquilinos en 2019”.

PRECIOS, RENTAS DEL TRABAJO Y POBREZA SEPTIEMBRE 2022. Gabinete Económico Confederal de Comisiones Obreras

7 El margen empresarial, la diferencia entre las ventas y las compras, “en la industria el margen se mantiene en 2022 prácticamente estable, en la construcción y las actividades inmobiliarias crece un 23% y en los servicios se registra un extraordinario crecimiento del 42%. En estos tres grandes sectores el valor añadido en 2021 supera el nivel de 2019 destacando el caso de la construcción y las actividades inmobiliarias donde el valor añadido en 2021 supera en un 20% el nivel de 2019”. Mientras, salvo en el caso de la industria, en el resto los salarios han disminuido su participación en el Valor añadido, lo que refleja que no están siendo ellos los responsables de la subida de la inflación. https://www.eldiario.es/economia/margenes-empresariales-crecen-reduce-peso-salarios_129_9653973.html

8 Según el informe hasta el II Trimestre de 2022 que hace el Banco de España, el Resultado Ordinario Neto (RON, la diferencia entre los ingresos y los gastos, incluidos los impuestos) de las grandes empresas ha aumentado en los primeros 6 meses del año un 85,3%, mientras que el de las medianas lo ha hecho en un 22,9%. https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/InformesBoletinesRevistas/ArticulosAnaliticos/22/T3/Fich/be2203-art26.pdf

9 Repsol ha cosechado unas ganancias de 2.539 millones de euros en el primer semestre, un 105% más que el año pasado. Le siguen Iberdrola (2.075 millones; +35%), Endesa (916 millones; +10%) y Acciona (390 millones; +155%). El más grande [de los bancos], Santander, ha ganado entre enero y junio 4.894 millones de euros, un 33% más que el año pasado. Mientras que Sabadell ha cerrado un beneficio de 393 millones (un 78% más) y Bankinter de 276 millones (un 11% más si no se tiene en cuenta la plusvalía que se anotó el año pasado con la salida a bolsa de Línea Directa). https://www.infolibre.es/medioambiente/energeticas-banca-disparan-beneficios-mitad-mayor-inflacion-decadas_1_1291782.html

10 https://www.infolibre.es/economia/55-principales-empresas-espanolas-ganaron-61-500-millones-2021-88-4-covid_1_1242159.html

11 https://www.bolsamania.com/noticias/economia/ricos-seran-mas-ricos-habra-25-mas-millonarios-espana-2026–10770874.html

12 https://www.lavanguardia.com/economia/20220606/8318640/rentabilidad-pymes-cae-niveles-seis-anos.html

14 En 2023 se producirá, en las retribuciones de los empleados de las Administraciones Públicas, un alza fija del 2,5%, ampliable en otro 1% según la evolución del PIB. La subida salarial plurianual para el periodo 2022-2024 supondrá una revalorización mínima de un 8% en esos años. https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/hacienda/Paginas/2022/191022-acuerdo-empleados-publicos.aspx

15 La pensión media es de 1.098,13 euros mensuales. La inflación interanual de septiembre de 2021 a septiembre de 2022 ha sido de un 9%. Eso implica que, de media, se ha perdido, respecto a hace un año, 98 euros mensuales, o 1.377 anuales de poder adquisitivo, más de una mensualidad perdida.

16 https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736177025&menu=ultiDatos&idp=1254735976596 Encuesta Anual de Estructura Salarial de 2020

17 https://sede.agenciatributaria.gob.es/AEAT/Contenidos_Comunes/La_Agencia_Tributaria/Estadisticas/Publicaciones/sites/irpf/2020/jrubik6cd6d27f8130e2c5e2967085c346281755f0e968.html Los datos de ingresos mensuales se obtienen de dividir el salario medio de cada tramo de ingresos entre 14 pagas. Por ejemplo, el tramo de los que ganan entre 21.000 y 30.000 euros anuales tienen un salario medio de 26.813. Si lo dividimos entre 14 pagas, obtenemos una mensualidad de 1.915,21.

18 Encuesta de Condiciones de Vida 2021, del Instituto Nacional de Estadística.

19 12 Informe. El Estado de la pobreza. Seguimiento de los indicadores de la Agenda 2030. 2015-2022. European Anti-poverty Network (EAPN)

20 Un estudio de la Universidad de Leeds planteaba que en 2050, con una población mundial de 10.000 millones de seres humanos, se podría vivir con un 40% de la energía que empleamos hoy. Y bien, con “servicios altamente eficientes para cocinar, mantener los alimentos o lavar la ropa; 50 litros de agua por persona al día con 15 litros de agua caliente para el baño, una temperatura en los hogares de 20° todo el año, acceso a ordenadores conectados a las tecnologías de la información, y una red de transporte que proveería entre 5.000 km y 15.000 km al año por persona, además de un servicio de sanidad universal y una educación gratuita para todos entre 5 y 19 años». https://www.eldiario.es/ballenablanca/365_dias/investigadores-muestran-vivir-2050-demanda-energia-60_1_6431271.html

21 https://www.infolibre.es/mediapart/funciona-modelo-belga-protege-trabajadores-inflacion_1_1286777.html

22 “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Artículo 35.1. de la Constitución española.

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