Huelgas en EEUU: la clase trabajadora toma la palabra

2023 se bautizó en Estados Unidos como "el año de las huelgas", Jesús María Pérez nos adentra en el ascenso de la lucha obrera.

Escribe Jesús María Pérez

El año 2023 fue bautizado en diferentes medios de los Estados Unidos como “el año de las huelgas”. Algunas de ellas han tenido gran resonancia internacional bien por su duración, como la de los guionistas y actores de Hollywood que se mantuvieron en liza durante más de cuatro meses, bien por su relevancia industrial y por su rotundo éxito, como fue la de la plantilla de las tres grandes empresas del sector del automóvil (Ford, General Motors y Stellantis).

Pero no fueron las únicas. Citamos algunas más. A finales de marzo del 23 el personal no docente de los colegios de Los Ángeles, con el respaldo del profesorado, paralizaron durante tres días los centros de estudio. Medio millón de estudiantes se vieron afectados. Consiguieron el 32% de aumento salarial.

En 2023 también se vio afectado el sector de la Sanidad. En el primer semestre del año hubo más de 92.000 trabajadores que fueron a la huelga, el doble que en mismo periodo de 2022. El segundo vio la mayor huelga en la historia de la sanidad en EEUU en una sola empresa. En noviembre, pocos días después de terminar las huelgas del automóvil, 75.000 trabajadores y trabajadoras fueron a la huelga paralizando durante tres días cientos de centros de salud gestionados por el consorcio Kaiser Permanente en al menos seis estados, afectando a más de 13 millones de pacientes.

A lo largo del año cientos de miles de trabajadores fueron a la huelga en empresas tan dispares como el personal de Starbucks, la plantilla del New Yorker, de los hoteles de California, de los supermercados, los auxiliares de vuelo o los estibadores de la costa Oeste. En casi todos los casos por cuestiones salariales y condiciones de trabajo.

En algunos de ellos el simple anuncio de una paralización huelguística fue suficiente para que se satisficieran la mayoría de sus reivindicaciones. Así fue en el caso de los más de 100.000 ferroviarios que podían haber semiparalizado Estados Unidos, y cuya movilización que fue bloqueada por el mismísimo Congreso tras un aumento salarial de urgencia.

Algo similar ocurrió con los 340.000 mensajeros de UPS que con tan solo anunciar la huelga sus reivindicaciones fueron aceptadas.

La lucha del automóvil

Una mención más detallada merece la huelga del sector del automóvil por sus métodos, sus logros y sus inevitables repercusiones.

El 15 de septiembre de 2023 expiraba el convenio de cuatro años del sector con una patronal reacia a mover un dedo para su renovación. Los 146.000 trabajadores del sindicato UAW (Sindicato de Trabajadores del Automóvil) aprobaron ir a la huelga.

La huelga se declaró de forma simultánea en las tres empresas clave del sector: Ford, General Motors y Stellantis (grupo que reúne a doce marcas, entre otras Crysler, Peugeot, Citroën, Opel o Fiat).

Movilización durante la huelga de guionistas

La lucha se organizó con una entrada progresiva a la lucha de las fábricas y de sus plantillas. La idea era empezar por aquellas plantas que podían tener un efecto mayor en la paralización de las cadenas de producción globales de dichas empresas. Debido al sistema de producción “just in time”, en el que no se almacenan suministros, piezas, productos y elementos para el ensamblaje… sino que se alimentan las cadenas según lo necesitan, paralizar una planta puede significar paralizar otra, u otras, sin necesidad de hacer huelga. Por otra parte, previendo que la lucha no iba a ser breve, la entrada progresiva de trabajadores a la huelga permitía alargar el tiempo en el que se podían utilizar los fondos sindicales para hacer frente a la misma.

Las principales peticiones sindicales eran una subida salarial del 36-40% para el conjunto del nuevo convenio de cuatro años, aumentar los fondos de jubilación, reducción del porcentaje de trabajadores temporales acabando con la dualidad salarial, y la semana laboral de 32 horas semanales, 4 días.

La respuesta patronal se ciñó a ofrecer aumentos salariales del 20% en el caso de Ford, del 18% en el de GM y del 17,5% en el de Stellantis. Bill Ford, presidente de la compañía del mismo nombre, reaccionó de forma apocalíptica frente a las demandas sindicales acusándoles de “poner en riesgo el futuro del sector en EEUU” y que el paro iba a “devastar comunidades enteras”.

Esa oferta fue considerada como inaceptable por los trabajadores y el sindicato amplió la huelga de forma que el día 20 de septiembre ya había plantas en huelga en 20 Estados diferentes.

La huelga duró seis semanas y acabó con la firma de un acuerdo el 25 de octubre en Ford, el 28 de octubre en GM y el 29 en Stellantis.

“La lucha del sector del automóvil no cae de un cielo azul plácido y reluciente. Se ha dado como parte de un proceso que contrasta vivamente con el vivido en los 50 ó 60 años anteriores. Un proceso que podríamos denominar, de forma sintética, como de reactivación y recuperación del movimiento obrero estadounidense”.

Jesús María Pérez

Los acuerdos son similares en las tres empresas y aunque no es fácil hacer un balance exhaustivo de los logros desde la distancia, por todo lo que se ha publicado en prensa solo puede calificarse el resultado como un importante avance y un gran éxito de la lucha del movimiento obrero estadounidense.

Un 25% de aumento salarial para los cuatro años de vigencia del convenio, un 11% de forma inmediata con carácter general. En el caso de Ford con los ajustes del coste de la vida durante ese periodo supondrá el 30%. Eso, según las fuentes sindicales supone un aumento del 68% respecto al salario inicial. Los peor pagados verán incrementado su salario durante todo el convenio un 150%. En el caso de Stellantis este último aumento será del 165%. En algunos casos el aumento inmediato será del 85%.

A esto hay que sumar que los trabajadores temporales con más de 9 meses se convierten en permanentes con las mejoras salariales antes mencionadas.

También los acuerdos contemplan la mejora de las prestaciones de jubilación, así como la compensación del aumento del coste de la vida durante los cuatro años de vigencia del nuevo convenio colectivo, que en el caso de Stellantis puede llegar al 33% de aumento, situando en 42 dólares la hora de trabajo.

No menos importante es haber conseguido incluir en el sindicato a los trabajadores de las nuevas plantas de baterías que estaban excluidos y tenían unos sueldos muy inferiores.

Igualmente hay que destacar el haber impuesto el derecho a huelga en el caso de cierre de plantas y en relación con los compromisos sobre productos e inversiones.

Además, el sindicato ha anunciado que se plantean conseguir los mismos objetivos en las compañías extranjeras de producción de vehículos en los EEUU.

No se ha conseguido todo lo que planteaban los sindicatos y sus afiliados, por supuesto. Nunca es así. Por ejemplo, de la jornada laboral de 4 días a la semana, ni una palabra. Pero no solo se han revertido gran parte de las concesiones que los dirigentes sindicales hicieron después de la crisis de 2007-08 con una actitud burocrática y en un ambiente de connivencia con la patronal, sino que, además, esta lucha es el reflejo de un proceso de renovación de esa dirección sindical que no solo se enfrenta a los problemas de la clase trabajadora con un ánimo defensivo, sino que plantea métodos de lucha combativos y reivindicaciones avanzadas como acabar con la dualidad salarial o la Jornada laboral de 32 horas. Quizás es la hora de que las direcciones sindicales de otros rincones del planeta tomen nota y sin duda tendrá un efecto entre sectores importantes de la clase obrera estadounidense como revulsivo a la hora de confiar en la lucha colectiva como vía de enfrentarse a sus problemas.

En palabras Shawn Fain, presidente del sindicato UAW, que se difundieron a través de un vídeo: “En Stellantis, en particular, no solo hemos conseguido un contrato récord, sino que hemos comenzado a cambiar el rumbo de la guerra contra la clase trabajadora estadounidense. Antes de estas negociaciones, la empresa quería recortar 5.000 puestos de trabajo en Stellantis. Nuestra huelga Stand Up (Levántate) ha cambiado esa ecuación. No solo no hemos perdido esos 5.000 empleos, sino que le hemos dado la vuelta a la situación. Al final de este acuerdo, Stellantis añadirá 5.000 puestos de trabajo”.

En cuanto a la repercusión de esta lucha no hay más que darse cuenta de la importancia que tiene que por primera vez en la historia de los EEUU un presidente se haya visto obligado a participar en un piquete de trabajadores de la General Motors, en huelga, en Michigan.

Cambio vital de tendencia

La lucha del sector del automóvil no cae de un cielo azul plácido y reluciente. Se ha dado como parte de un proceso que contrasta vivamente con el vivido en los 50 ó 60 años anteriores. Un proceso que podríamos denominar, de forma sintética, como de reactivación y recuperación del movimiento obrero estadounidense. De hecho, se puede decir que el punto de partida era muy bajo pues en 1950 el nivel de sindicalización de la clase trabajadora estadounidense era del 30%, en 1983 había caído hasta el 20% y a principios de la década de 2020 el retroceso había llegado a que sólo 1 de cada 10 trabajadores y trabajadoras perteneciera a algún sindicato.

Todo parece indicar que la pandemia del covid19 actuó como un punto de inflexión. El primer efecto de la recesión económica vinculada a la pandemia fue el de un aumento repentino y brutal del desempleo.

Número de puestos vacantes, personas que renuncian a sus empleos y personas desempleadas que buscan trabajo en los Estados Unidos a lo largo del tiempo, desestacionalizado. Las vacantes y renuncias excluyen los trabajos agrícolas. | Fuente: fred.stlouisfed.org

Millones de personas son despedidas de sus empleos haciendo que el número de desempleados se acercara a los 25 millones. Una patronal engreída, convencida de que había doblegado definitivamente al sindicalismo, de que los 235.000 muertos por covid19 en tan solo 9 meses nunca les iba a pasar factura, alentada por tener en la presidencia a Trump en el que confiaban para defender sus privilegios, y que pensaban que podían hacer lo que quisieran.

Sin embargo, ese mismo año ya se produjo un primer síntoma de que algo podría estar empezando a cambiar en la sociedad. En las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 se dio la participación más alta en sesenta años impidiendo la victoria del reaccionario Trump que creía sin ningún género de duda, que estaba asegurada. El “demócrata” Joe Biden, a pesar de ser casi octogenario, fue elegido con el mayor número de votos de la historia de EEUU.

En abril de 2021, y a medida que la vacunación contra el covid19 se extendía entre la población, comenzó a manifestarse un nuevo fenómeno que fue denominado “la Gran Dimisión” o “la Gran Renuncia”. Millones de trabajadores abandonaban sus puestos de trabajo hastiados por los bajos salarios y las malas condiciones laborales, con la esperanza de conseguir algo mejor. Según algunas fuentes solo entre abril y junio fueron más de 8 millones de trabajadores y trabajadoras1.

No hay que perder de vista que el salario mínimo federal está congelado desde 2009, quince años, en 7,25 dólares hora y se estima “que el 50% de la ciudadanía no llega a final de mes”.

Algunos autores calificaron en su momento esa “gran dimisión” como una huelga general2, aunque nunca se convocase algo así. De hecho, en medio de ese movimiento dimisionario se produjo una ola de huelgas que afectaron a más de 100.000 trabajadores y a empresas como John Deere, Kaiser Permanente, Kellogg’s, Nabisco, Sindicato de panaderos, confiteros, y molineros, TTabacco, Frito-Lay. En este último caso se consiguieron aumentos salariales y más tiempo libre después de 19 días de huelga.

Estas luchas van acompañadas de un movimiento muy significativo para conquistar el reconocimiento de la sindicalización en las empresas que incluye crear sindicatos tanto allá donde antes nunca los hubo como en las grandes empresas. No todos esos intentos lo consiguen a la primera pues la resistencia patronal es permanente. Se ha denunciado que las empresas estadounidenses destinan 340 millones de dólares al año a hacer campañas de “prevención” contra el sindicalismo. Los trabajadores tienen que luchar contra una normativa que les obliga a conseguir la mayoría de los votos de todos los empleados a favor de crear el sindicato en cada empresa, lo que es utilizado por los empresarios para tratar de impedirlo por todos los medios a su alcance: desprestigio de los dirigentes, campañas antisindicales, amenazas, compra de votos, despidos…

“Muchos de los nuevos dirigentes sindicales se han fogueado en otras luchas en favor del reconocimiento de derechos humanos o democráticos que lejos de debilitar a la clase trabajadora les han servido para enfrentarse a las discriminaciones del sistema, les ha dado confianza al participar en movimientos colectivos y les ha inspirado adoptando métodos democráticos de lucha”.

Jesús María Pérez

Starbucks, la conocida cadena de cafés, “es sólo una de las muchas multinacionales acusadas de violar derechos laborales: negarse a negociar nuevos contratos tras la formación de sindicatos, despedir a los empleados organizados en torno a estas uniones o discriminarlos mediante la negación de prestaciones como el seguro de salud constituyen algunas de estas acciones, que han sido denunciadas tanto por los afectados, como por el Comité Nacional de Relaciones Laborales (NLRB en sus siglas en inglés), una agencia federal”.

A pesar de todo ello en 2021 se logró crear, por ejemplo, el primer sindicato en Starbucks en Búfalo y, solo en el primer año, se sindicalizaron más de 12.000 trabajadores de 300 tiendas. La empresa trató inicialmente de frenar este empuje, primero con la policía, cientos de despidos y constantes campañas antisindicales, pero, finalmente, tuvo que hacer una oferta de aumento salarial del 25% y mejores seguros de salud para los empleados en 2022.

Siguiendo una dinámica ascendente en 2022 el número de huelgas en EEUU creció un 52% y el número de participantes en las mismas lo hizo en un 60%.

En abril de 2022 se logró formar el primer sindicato en Amazon y como en un efecto cascada, se formaron por primera vez sindicatos en Apple, Alphabet (de Google) o Verizon asociados al sindicato socialista CWA (Comunication Workers of América).

La oleada llega también a las grandes empresas del videojuego y así como a algunas de sus empresas subsidiarias. A su vez la constitución sindical llega a las grandes empresas tecnológicas y a las cadenas del sector Servicios como Chipotle y Taco Bell o a la cadena de supermercados Trader Joe’s.

El hecho de que los sindicatos en EEUU tengan una organización gremial, no sectorial, por lo que conviven varios sindicatos en el seno de una misma empresa según los oficios u empleos, es una dificultad y una debilidad que trata de compensarse con una perspectiva de clase como se ha demostrado en la intervención de los trabajadores de Starbucks para ayudar a sindicalizarse a los de Tesla que se distingue por su oposición total a la existencia de sindicatos y a la negociación de convenios colectivos.

Por cierto, Tesla ha provocado un pequeño terremoto laboral en algunos de los países del norte de Europa, los escandinavos, al negar a sus poco más de cien trabajadores en Suecia la negociación de un convenio despertando un movimiento de solidaridad del sindicato del metal sueco, de los estibadores o de los trabajadores de correos que tramitan las nuevas matrículas de los vehículos. Tratan de paralizar las actividades de la compañía en suelo sueco.

La resistencia patronal aprovecha cualquier resquicio para combatir a los sindicatos. La dirección de Starbuck exigió al sindicato (SWU) que expulse de su seno a toda persona que haya expresado su apoyo a Palestina acusándoles de tener proterroristas en sus filas.

Es de destacar el papel desempeñado por la organización política Democratic Socialists of América poniendo en contacto a los nuevos líderes sindicales de las grandes empresas entre sí para organizar acciones conjuntas (Marchas en pro de la sindicalización, 1º de Mayo…).

Y quizás el reflejo más significativo del cambio de ambiente laboral es el resultado ofrecido por la encuesta de Gallup en junio de 2022, según la cual la oleada de sindicalizaciones que cuenta con un apoyo popular inaudito desde 1965: En 2021 un 68% estaban a favor, y en 2022 la cifra había subido a un 71%. La cifra más baja de aceptación había sido en 2010 cuando cayó hasta el 48%.

Por último, es muy interesante la información y la interpretación que Jaime Caro, Doctor de Historia Contemporánea, hace del movimiento sindical en los EEUU. Citándole expresamente afirma que “movimientos como Black Lives Matter, la lucha feminista y LGTBI han inspirado a las plantillas de grandes compañías del capitalismo estadounidense en su dura marcha hacia la organización sindical”.

En su opinión “este nuevo movimiento sindical está interconectado con el movimiento anticapitalista, antiracista, pro-LGTBI y feminista”. Y afirma con claridad, y creemos que con razón, que “el éxito del movimiento sindical es una refutación a la teoría de las trampas de la diversidad o sobre la fragmentación de la clase obrera”. Muchos de los nuevos dirigentes sindicales se han fogueado en otras luchas en favor del reconocimiento de derechos humanos o democráticos que lejos de debilitar a la clase trabajadora les han servido para enfrentarse a las discriminaciones del sistema, les ha dado confianza al participar en movimientos colectivos y les ha inspirado adoptando métodos democráticos de lucha.

La clase obrera estadounidense ha pedido la palabra y tiene mucho que decir en las batallas decisivas que se avecinan contra un sistema y a una clase dirigente que cada día es más incapaz de dar solución a las diferentes crisis económicas, sociales, sanitarias, o ecológicas que se van acumulando y retroalimentando.

Notas

1 Liu, Jennifer (9 de junio de 2021).«4 million people quit their jobs in April, sparked by confidence that they can find better work»CNBC.

«U.S. job openings, quits hit record highs in April» Reuters, 8 de junio de 2021.

Pressman, Aaron; Gardizy, Anissa (27 de junio de 2021). «’A giant game of musical chairs’: Waves of workers are changing jobs as the pandemic wanes»The Boston Globe.

2 The Guardian. 23 de octubre de 2021.

13 https://news.gallup.com/poll/398303/approval-labor-unions-highest-point-1965.aspx

14 https://contrahegemoniaweb.com.ar/2023/03/10/nuevo-sindicalismo-estadounidense-la-interseccionalidad-en-la-clase/

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