La guerra imperialista: horror y barbarie en Oriente Próximo

No a la guerra al servicio del capital, con civiles como víctimas y los gobiernos occidentales como cómplices.

18 Mar, 2026 | Internacional

Escriben Sergio Sánchez Romero (concejal de IU en Bollullos de la Mitación) y Agustín Romero Clavero (afiliado de IU. Pino Montano. Sevilla).
Foto de cabecera: entierro de las personas asesinadas en el ataque de EEUU a una escuela de niñas

Si hay algo cierto es que la masacre del bombardeo de una escuela de niñas en Irán con 180 personas asesinadas por los bombardeos enviados por EEUU e Israel con la ayuda apreciable de los gobiernos occidentales europeos es un crimen de guerra.

Esta guerra imperialista, primero contra Gaza y ahora con Irán, es una continuación de la guerra permanente que ejerce Israel con la ayuda de EEUU contra el pueblo palestino; sin embargo, a pesar del horror de la guerra, estos ataques reflejan la debilidad del imperialismo en Oriente Próximo. Las primeras víctimas de una guerra siempre son las vidas de los más vulnerables, especialmente niñas y niños. La segunda es la verdad. Trump tardó poco tiempo en mentir en todos los medios de comunicación echándole la culpa al ejército iraní de dicha masacre. Lo más grave es que los gobiernos occidentales, a los que se les llena la boca de derechos humanos y derecho internacional, no hayan ni siquiera condenado tan viles asesinatos de niñas estudiando en una escuela.

Una guerra de rapiña imperialista

Esta guerra no deja de ser una guerra de rapiña imperialista que se enmarca dentro de la necesidad que tienen las diferentes burguesías occidentales de seguir manteniendo el control del capitalismo por la fuerza de las armas, ante los nuevos retos e intereses económicos, geopolíticos y estratégicos del imperialismo ejecutados por Trump y Netanyahu. El primero, EEUU, para ejercer el control de las materias primas de los países excoloniales de Oriente Próximo, sobre todo el petróleo, fuente cada día más escasa pero que todavía sigue siendo clave en el funcionamiento del sistema capitalista mundial. De hecho, ya en 2022 en USA, la producción de crudo había superado por primera vez en 70 años al consumo del mismo. Es decir, que la actual guerra también tiene un componente de lucha por la acumulación previa1 y 2.

Y el segundo, para imponer el Gran Israel en la zona, un Estado sionista —con un régimen de apartheid hacía las personas palestinas— basado en la aniquilación o sometimiento de los demás pueblos de los países vecinos: Palestina, Jordania, Líbano, Siria y su enemigo existencial Irán. Para la burguesía financiera-especulativa de Occidente, el control de las materias primas, las tierras raras, el petróleo y el gas es fundamental para seguir su dominación imperialista sobre los países dependientes de sus multinacionales energéticas y tecnológicas. La responsabilidad de la burguesía alemana por la existencia del holocausto contra el pueblo judío posibilitó que los vencedores contra el nazismo dieran al sionismo reaccionario y racista un enclave en forma de estado en Oriente Medio, en Palestina, después de la Segunda Guerra Mundial. Para crear un nuevo hábitat para que un sector de los judíos que, a la postre, se componía de los más vinculados a las grandes élites mundiales de la burguesía pudiera desarrollar sus planes coloniales y atraer a personas judías de todo el mundo hasta Palestina.

Sin embargo, la creación de un Estado sionista generó un problema en una zona donde antes no existían problemas de convivencia entre los pueblos de habla semita. Desde un primer momento, los gobiernos israelíes llevaron a cabo la expulsión masiva de los palestinos y las palestinas de sus tierras y hogares, población histórica de esa zona, colonizando las mejores y más fructíferas tierras que pertenecían por siglos a los palestinos árabes. La mayoría de los nuevos colonos judíos eran oriundos de Europa.

Estos gobiernos aprovecharon para deshacerse de los judíos de sus respectivos países de una “forma legal” con el beneplácito de la ONU gobernada por las potencias vencedoras contra Alemania y Japón. Pero los sionistas, algunos de ellos provenientes de grupos terroristas, una vez creado Israel, llevaron a cabo diferentes guerras u ocupaciones en contra de todos los habitantes, musulmanes y de otras confesiones, de esa zona, negándoles el agua y destruyendo o expropiando sus casas y su agricultura. Entrando en guerra con los pueblos colindantes como Egipto, Líbano, Siria y el propio territorio de los palestinos como Gaza y Cisjordania para evitar la creación de un Estado en Palestina. Una vez que el Estado sionista se apoderó por la fuerza de las armas de las mejores tierras y con los resortes del nuevo Estado basado en la fuerza y el aniquilamiento de sus vecinos, se planteó la idea imperialista de la creación del Gran Israel. Con el pretexto del derecho divino de las “escrituras sagradas” de un nuevo hábitat para un pueblo que sus ideólogos religiosos y gobernantes creen sectariamente que son los elegidos por Dios y, por lo tanto, están exonerados de toda culpa por los horribles pecados que comenten diariamente contra los pueblos nativos de esa zona, que para ellos son infieles. El Gran Israel es incompatible con la existencia de un Estado palestino, Gaza y Cisjordania, pero también con Líbano, Siria y ahora Irán.

El imperialismo fase superior del Capitalismo

Estamos entrando en una nueva fase del imperialismo que se caracteriza por confirmar las tesis fundamentales del análisis que reflejó Lenin en su libro, y que sigue manteniendo en esencia las ideas expresadas por el revolucionario ruso.

“La política colonial y el imperialismo existían ya antes de la fase última del capitalismo y aún antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y ejerció el imperialismo. Pero los razonamientos “generales” sobre el imperialismo, que olvidan o relegan a segundo término la diferencia radical de la formación económicas-sociales, se convierten inevitablemente en trivialidades vacuas o en jactancia tales como la de comparar ‘la gran Roma con la Gran Bretaña’. Incluso la política colonial capitalista de las fases anteriores del capitalismo se diferencia esencialmente de la política colonial del capitalismo financiero”.

“La particularidad fundamental del capitalismo moderno consiste en la dominación de las asociaciones monopolistas de los grandes patronos. Dichos monopolio adquieren la máxima solidez cuando reúnen en sus manos todas las fuentes de materias primas, y ya hemos visto que con qué ardor los grupos internacionales de capitalistas se esfuerzan por quitar al adversario toda posibilidad de competencia, por adquirir, por ejemplo, las tierras que contienen mineral de hierro, los yacimientos de petróleo, etc».3

Pero, como Lenin explicó, cada época imperialista tiene su impronta en los procesos económicos y sociales, y en esta nueva época de declive del imperialismo, este sigue manteniéndose como una fase superior del capitalismo global, basado en la especulación financiera y el control de las nuevas tecnologías.

Bombardeo sobre Teherán (Irán) el 1 de marzo de 2026 | Foto: Fatemeh Bahrami

El negocio capitalista de la Guerra y la subida del petróleo

El principal elemento en la ecuación es el dominio, no solamente del petróleo, sino también de las principales vías de tránsito para su suministro. De la misma manera que en el pasado el control del Mediterráneo, o posteriormente el del Atlántico, suponían el dominio de facto del mundo y del imperialismo de dichas épocas, desde hace 150 años esa realidad ha ido reconfigurándose, y hoy día las vías de comercio a controlar son más numerosas y diversas.

En materia de hidrocarburos, sigue siendo necesario controlar espacios marítimos, como el Canal de Suez o Panamá, pero también espacios geográficos completos, como el Mar del Norte o el Estrecho de Ormuz. Este dominio sigue siendo fundamental para el control de la economía mundial, incluso con las nuevas esferas económicas surgidas desde finales de los 80 hasta hoy, con las nuevas tecnologías, etc.

Realmente se trata de dominar todo el comercio mundial, no solamente el de los hidrocarburos: estos son en definitiva un medio para un fin. Y especial relevancia han tomado en los últimos años las llamadas “tierras raras”, es decir, aquellos minerales o elementos contienen los elementos de los lantánidos y los actínidos4, y alguno más, y que son fundamentales en la industria de las nuevas tecnologías, especialmente en la “alta tecnología”, vehículos eléctricos, energías renovables, telefonía móvil, etc. Pero también es de aplicación en la industria armamentista, en la industria militar y en procesos de la energía nuclear, especialmente en algunas aplicaciones5.

Y, como no, la guerra comercial contra la UE y especialmente contra China, por el control de los mercados mundiales antaño en manos del imperialismo USA. China ha cerrado acuerdos comerciales con países de Sudamérica 6 y 7, Europa y Ásia, además, el balance comercial entre ambas es clarísimamente favorable a China8. En este sentido, el imperio “no puede” permitir que otras potencias le coman la tostada.

Para poder ejercer ese dominio de los mercados y el comercio mundial, la superpotencia necesita seguir alimentando a la hidra que es su poderosa industria armamentista. Un amamantamiento que pretende que sufraguen todas las potencias por igual, a pesar de que solamente sirve a los intereses de la burguesía estadounidense.

Así, la inversión en defensa de USA ha evolucionado en una tendencia general histórica decreciente, desde el 9,4 % de los años 60, al 6,6 % de los 80, menos del 5 % de los años 2010 y el 3,4 % de 2024. Esta tendencia general, con sus altibajos, está yendo acompañada de la exigencia de USA a los países miembros de la OTAN para que incrementen hasta el 5 % sus aportaciones a la industria de defensa. Es claramente una escalada armamentista de la que el principal beneficiario es el capitalismo USA. Así, el bucle interminable, el círculo vicioso para la humanidad, pero virtuoso para la economía de la gran burguesía, consiste en sostener la guerra inyectándole monstruosas cantidades de capital, para dominar la economía y el comercio, y cuanto mayor es el dominio, mayor la necesidad de defenderlo.

Una danza presupuestaria invisible, pero de efectos devastadores para las personas y los pueblos, para el planeta mismo como lugar habitable. Máxime cuando se abre de forma plausible en canal la posibilidad del uso de armamento nuclear por primera vez en más de tres cuartos de siglo. Y este es el modelo del negocio de la guerra. Un esquema que no pone en un primer plano al petróleo sobre el armamento, o a este sobre el comercio o el resto de esferas de la economía. Forma parte de un mismo e inquebrantable engranaje en donde, si una tuerca no funciona, las demás.

La postura de del gobierno Sánchez contra la guerra de Irán

Sin duda, no estamos ante un nuevo Largo Caballero en la política del PSOE. Nada más lejos de la realidad. Por supuesto, estamos ante una postura progresista del ejecutivo de Sánchez, obligado oportunistamente por la experiencia de las protestas masivas del «No a la Guerra» de la población contra la guerra de Irak del 2003, impulsada por la intervención desencadenada por el trío de las Azores: George W. Bush, Tony Blair, José María Aznar. Estos utilizaron la mentira de la existencia en Irak de armas de destrucción masiva. Como era de esperar, tras la derrota y muerte de Saddam Hussein, las armas nunca se encontraron, pero lo que sí lograron fue el control del petróleo por las multinacionales estadounidenses, y convertir al país del golfo Pérsico en un nuevo estado fallido en la zona de Oriente Medio.

No obstante, no podemos cegarnos con la trayectoria de los gobiernos del PSOE por su apoyo a la defensa del sistema capitalista, sino hacer un análisis que nos sirva para explicar a la clase trabajadoras y que estas saquen conclusiones para hacer girar al gobierno hacia la izquierda en el último tramo de legislatura. En estos momentos de lucha contra la guerra imperialista, es necesario que las hojas no nos impidan ver el bosque.

Ahondaremos y trataremos de bucear entre los intereses que pudieran beneficiar a un sector de la economía española, postura de la que el capitalismo español y europeo sacará tajada, claro que sí. Porque el capitalismo es una búsqueda incesante de beneficio, y para ello penetra en todos los ámbitos de la vida humana y de la naturaleza para extraerlo, sin importar las consecuencias.

Pero existe también un peso en el gobierno de Pedro Sánchez marcado por la presencia de Sumar, el apoyo de grupos de izquierda nacionalista y la necesidad de sostener al gobierno estirando al máximo el tiempo de la legislatura actual. Y ello pasa ineludiblemente por no forzar hasta la ruptura la confluencia, al menos mientras las encuestas no le den una mayoría suficiente. Podemos decir que el “gobierno más progresista de la historia” es rehén de su propia política de indecisiones al querer llegar al final de la legislatura cueste lo que cueste.

Una alternativa socialista para Oriente Próximo

La perspectiva de la agresión militar de EEUU e Israel contra Irán tiene una salida impredecible. El imperialismo estadunidense está dirigido en estos momentos por la élite más belicista y reaccionaria, con enormes intereses en la producción de armamento (la primera exportadora de armas), el petróleo y las nuevas tecnologías, además de los intereses de la propia familia de Trump, con enormes lazos y vinculaciones con el capitalismo israelí y el gobierno de Netanyahu. La salida de la guerra no va a ser fácil, pues Irán ya ha sido atacado en el “corazón de su gobierno”; su máximo líder junto con la plana mayor fue ejecutado por un bombardeo donde se encontraban reunidos, y todo esto ocurría cuando estaban negociando ambas delegaciones sobre el plan nuclear de Irán.

La clase obrera no podemos esperar nada de los dirigentes imperialistas estadunidenses e israelíes, ni del régimen iraní; la clase trabajadora, tanto de Estados Unidos y de Europa como la del Oriente Próximo, solo podemos acabar con la agresión de Israel contra Gaza (Palestina), el Líbano y Siria y ahora la agresión de Irán. No a la guerra no es suficiente. El espacio a la izquierda del PSOE tiene que levantar la bandera del internacionalismo proletario y el derecho de autodeterminación de los países que todavía siguen colonizados u ocupados por los diferentes imperialismos occidentales. No al expolio de las materias primas y el petróleo en Oriente Medio por las compañías multinacionales, ni al mangoneo de sus territorios. Por la revolución socialista mundial, proletarios de todos los países, uníos contra las guerras y agresiones del imperialismo. No a la OTAN.

Notas

1 Roberts, M. Irán y el impacto en la economía global (2-3-2026). The Marxist. https://thenextrecession.wordpress.com/2026/03/02/iran-and-the-impact-on-the-global-economy/#like-42636

2 Pascual, F. Lo que dicen los Mercados. 14-3-2026. El Mundo. https://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2026/03/14/69b2f54bfdddff8c218b45a2.html

3 Lenin, V. I. El Imperialismo, fase superior del Capitalismo. Ediciones en lenguas extranjeras de Pekín. 1975. (P. 51)

4 https://hablandoenvidrio.com/que-son-las-tierras-raras-y-por-que-son-importantes/

5 Prego Reboredo, R. (2022) Las tierras raras, una pieza clave en el puzle de la energía. Energía y Geoestrategia. https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2022/DIEEEA33_2022.pdf

6 Cámara Marítima de Ecuador. 8 de diciembre de 2025. https://www.camae.org/china/china-abre-un-nuevo-ciclo-comercial-para-america-latina/

7 https://www.chinaenamericalatina.info/documentos-acuerdos/

8 Redacción de BBC. 12 de mayo de 2025. https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2jnr731ewo

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