Entrevista a Gerry Lerner,
militante del Partido Laborista británico

Jordi Escuer

Los ataques contra Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista británico hasta las elecciones de diciembre de 2019, han sido una constante desde su elección en 2015. Corbyn ha recibido una acusación tras otra desde muy diversas procedencias: de la derecha conservadora a los medios de comunicación, pasando por el ala derecha del propio Laborismo. La última ha sido la de antisemitismo por parte de integrantes de la dirección del Partido Laborista, que llevó a la creación de una Comisión de investigación, así como a su suspensión de militancia y exclusión del Grupo Parlamentario Laborista. Las conclusiones de la Comisión, sobre la falta de motivos para tales acusaciones, llevaron a levantar la suspensión de militancia pero no su reincorporación al Grupo Parlamentario, del que sigue excluido.

Para comprender mejor qué está pasando, hemos conversado con Gerry Lerner, presidente de la Agrupación Internacional del Partido Laborista en el Sur de España. Aunque Gerry vive en Sevilla, sigue de cerca los acontecimientos en el Reino Unido y en el Partido Laborista. Desde su punto de vista, los ataques contra Corbyn van dirigidos contra toda el ala izquierda del Laborismo. Su candidatura suscitó el apoyo entusiasta de la mayoría de la militancia, y “abrió un movimiento de base enorme, para su sorpresa y disgusto [del aparato]” pues el aparato laborista había permitido presentarse a Corbyn, a pesar de no tener los apoyos suficientes, porque pensaban que no tenía ninguna posibilidad de vencer. Sin embargo, obtuvo el 60% de los votos y, desde entonces, “hubo una campaña en contra feroz contra Corbyn de los medios de comunicación, que encontró eco entre el ala derecha del Partido, por ser terrorista, espía de Checoslovaquia y antisemita, entre otras acusaciones”. “Están confundiendo la oposición al Estado de Israel con el antisemitismo y el hecho de que Corbyn ha apoyado fielmente los derechos del pueblo palestino”. Por cierto, que también se opuso a la política de Tony Blair, por ejemplo, rechazando la guerra de Irak.

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Gerry insiste en que no se trata sólo de un ataque contra Corbyn. “Tony Blair tenía un plan para transformar el Partido Laborista, minimizar los derechos del Congreso y sustituirlo por grupos de discusión para decidir la política del partido, suprimiendo los derechos democráticos de la base y cambiando la democracia interna… y rompiendo los más posible los vínculos con los sindicatos, que son una base fundamental del Partido… realmente lo que quería era transformar el partido en una especie de Partido Demócrata, como el de los Estado Unidos, quitando los aspectos socialistas, y llegó a mitad de camino” y ahora lo están retomando, opina.

Muchos militantes y simpatizantes laboristas, que habían ido languideciendo durante los años de Blair pero que se mantenían ahí al no haber otra alternativa, “vieron una luz al final del túnel” cuando se presentó la candidatura de Corbyn. La afiliación se disparó hasta superar los 570.000 afiliados, creciendo en más de 300.000 y llegando a ser el partido socialdemócrata más grande de Europa. El mismo proceso que en muchos países dio lugar a un gran movimiento tras la crisis de 2008, en Reino Unido se expresó en el crecimiento del apoyo a Corbyn, piensa Gerry. El Partido Laborista británico es un fenómeno particular, pues engloba en la misma organización a todas las tendencias del movimiento de la clase trabajadora que, en otros países, dan lugar a diferentes partidos.

El programa de Corbyn de renacionalización del transporte, el agua o la energía, o que el sistema de Salud nacional vuelva a ser completamente público, tiene un apoyo muy grande en la sociedad, tanto como rechazo entre la élite y la derecha. Su exigencia de un salario mínimo justo o del acceso a la vivienda, también. “Cuando yo era niño, las viviendas municipales en alquiler eran una norma, la gente sin casas apenas existía, ahora hay gente durmiendo en la calle en todas las ciudades, hasta en pueblos, por la política de los conservadores [de privatizar las viviendas municipales]”. Gerry nos cuenta que la última vez que estuvo en Manchester —con la campaña electoral de diciembre de 2019—, en pleno invierno, podía ver personas pidiendo en la calle y viviendo en ella. En la 6ª economía planetaria, entre los años 2014 y 2015, se calcula que un millón de personas necesitaron la ayuda de los bancos de alimentos para subsistir1.

Después de haber logrado un crecimiento del apoyo al Partido Laborista muy importante en las elecciones de 2017, los malos resultados de la candidatura de Corbyn en 2019, nos sorprendieron. Para Gerry, la postura ante el Brexit fue un factor muy importante, sino decisivo. “La política de Corbyn era que la Unión Europea no era una solución en sí, pero salir sería peor. Se opuso al Brexit en el referéndum y perdimos. En lugar de plantear un programa socialista, se hizo una campaña interclasista, con lo que los intereses de la clase trabajadora quedaron fuera de la campaña. Una vez pasado el referéndum, la postura de Corbyn era buscar un Brexit que sirviera más a la clase trabajadora británica y buscar garantías de trabajo, seguridad social, derechos humanos, etcétera. Mientras que en 2017 el partido se presentó a las elecciones con la postura de respetar el resultado del referéndum y luchar por una salida que sirviera a los intereses de nuestra clase”, expone Gerry. Sin embargo, en 2019 se defendió, en la práctica, la idea de la mayoría de la cúpula laborista de un segundo referéndum, lo que brindó sólidos argumentos a la derecha conservadora contra el Partido Laborista.

Pero, además, la candidatura de Corbyn no se ha enfrentado sólo a los ataques furibundos de la derecha y los medios de comunicación, sino que la derecha del Partido Laborista tampoco tenía ningún interés en una victoria laborista con él a la cabeza. Se han filtrado a la luz pública informes internos que reflejarían el rechazo de sectores del aparato laborista contra la candidatura de Corbyn en las elecciones generales, aunque oficialmente nunca se han reconocido. Incluso se ha prohibido a las organizaciones de base del Partido Laborista (Constituency Labour Parties, CLPs) y a la militancia hablar sobre el tema, igual que se ha proscrito hablar sobre las acusaciones contra Corbyn. Eso no ha impedido que haya, hasta el momento de la entrevista, unas 70 resoluciones de CLPs en apoyo de Corbyn.

Se dice que no se puede hablar contra el Sionismo para no incomodar a los miembros de «comunidad judía». “Yo soy judío —explica Gerry— y me es más incómodo no poder hablar de esto y que se me utilice como excusa para establecer un partido de derechas”. “Hay mucha gente que está dejando de pagar su cuota, está saliendo, y eso es triste. Especialmente personas judías, que sienten muy molestos porque les están utilizando en la lucha fraccional de la derecha”. Gerry aboga por seguir en el Partido y luchar para transformarlo como, de hecho, está haciendo mucha militancia, a pesar de las dificultades creadas por la pandemia. A su juicio, como señalaba al principio de la entrevista, el aparato quiere seguir con los planes de Blair para convertir al Partido Laborista en una versión británica del Partido Demócrata de los Estados Unidos, en el que la dirección no dependa de la militancia y que se financie con patrocinadores ricos. Un hecho significativo es que el crecimiento de la militancia ha hecho que los ingresos por cuotas permitan la financiación completa de sus gastos, sin necesidad de ningún patrocinio.

Sobre cuál es el futuro del Partido, Gerry tiene pocas dudas de que, si de la base dependiera, pararían el intento de destruir el PL como partido socialista. Sin embargo, para él, “el problema es que el partido no son los miles y miles de militantes, sino que es una pirámide y mucha gente mira a Corbyn, al Socialist Campaign Group (Grupo por una Campaña Socialista) que está a la izquierda del Grupo Parlamentario, busca a los sindicalistas de izquierdas como Unite, como los bomberos, como los ferroviarios, los panaderos… sindicatos que están muy unidos con la izquierda, buscando una dirección. Y muchos de ellos siguen lamentándose sobre lo mala que es la situación, llamando a unificar la organización, sin querer ver lo que yo veo, que es una guerra civil que ha lanzado la derecha del partido una vez se dio cuenta del error que cometió en 2015, al permitir una candidatura de la izquierda. Necesitamos una dirección de izquierdas que se dé cuenta de eso, y eso va a depender mucho de la presión que venga desde la base”.

Respecto al futuro de la situación social y política en Gran Bretaña, señala que la conflictividad ya está creciendo, fruto de las consecuencias de la pandemia, la crisis económica y todos los problemas arrastrados de antes, e irá a más. La amenaza de cierres de empresas por el Brexit ya está desatando luchas, y el contraste entre los aplausos a los sanitarios por su labor y la precariedad laboral y de medios que sufren, también está levantando protestas y movilizaciones. Y esto acaba de empezar. “Hay luchas, y habrá más”, señala.

Frente a la política del Gobierno de Boris Johnson, “necesitamos una oposición que se oponga” afirma Gerry. Sin embargo, el líder laborista actual, Keir Starmer, ha optado por actuar como un “hombre de Estado”, incluso absteniéndose en leyes regresivas en materia de derechos democráticos, como la conocida popularmente como “Spy law”, que perdonará agentes del estado infiltrados por cualquier actuación cometida en «acto de servicio», incluidas violaciones o asesinatos. Sólo diputados del ala izquierda han roto la disciplina de voto y se han opuesto.

Nota

1 “En el sexto país más rico del planeta , un millón de personas dependían de los bancos de alimentos entre 2014 y 2015 , y el número de personas sin hogar se ha disparado”. ¿QUÉ ES EL CORBYNISMO? Lewis Bassett, recogido en el libro De las calles a las urnas. Nuevos partidos de izquierda en la Europa de la austeridad