Escribe Michael Roberts
Traduce Jordi Escuer
En su discurso al Congreso de los Estados Unidos, después de 100 días en el puesto, el presidente Donald Trump proclamó que los nuevos aranceles a las importaciones de los socios comerciales mayores de Estados Unidos causarían “una pequeña perturbación”. Pero pronto serán superadas y las “tarifas están para hacer América rica y grande de nuevo”, dijo. “Está ocurriendo y ocurrirá bastante rápido”.
De hecho, muy rápidamente. Trump impuso tarifas del 25% a productos importados a Estados Unidos desde Canadá y México y una tarifa del 10% a las importaciones chinas, dejando a todos los tres principales socios comerciales de América afrontando barreras significativamente mayores. Los movimientos dibujaron una inmediata respuesta de Pekín, que dijo que establecería unas tasas de 10-15% a los productos agrícolas de Estados Unidos, desde la soja a la carne de vacuno pasando por el maíz y el trigo. Canadá también anunció aranceles de 107.000 millones de dólares a las importaciones norteamericanas, empezando inmediatamente con 21.000 millones. “Canadá no permitirá que esta decisión injustificada quede sin respuesta”, dijo el primer ministro Justin Trudeau. Las tasas contra Ottawa están fijadas en un 25% salvo para el petróleo y los productos energéticos, los cuales afrontan una tarifa del 10%. Canadá representa un 60% de las importaciones de crudo de los Estados Unidos.
China también apuntó a las compañías norteamericanas, colocando a diez corporaciones estadounidenses en la lista negra de la seguridad nacional y lanzando controles de exportación sobre otras 15. También prohibió a la empresa estadounidense de biotecnología Illumina exportar sus equipos de secuenciación genética a China. Pekín había añadido a Illumina a su lista de “compañías no fiables” el último mes en respuesta al bombardeo inicial de aranceles.
Todas las tarifas planteadas llevarán la tasa arancelaria norteamericana por encima del 20%, la mayor desde antes de la Primera Guerra Mundial. Como apuntó Joseph Politano, los costes de estas acciones son enormes, abarcando 1,3 billones de dólares en importaciones o casi el 42% de todos los bienes traídos a Estados Unidos, o la mayor subida arancelaria desde la tristemente célebre Smoot-Hawley Act de hace casi un siglo.

Los aranceles llevarán a una subida de los precios en Estados Unidos por materias primas clave como la gasolina, los fertilizantes, el acero, el aluminio, la madera, el plástico y más. Las industrias manufactureras norteamericanas dependientes de unas complejas cadenas de suministro integrales —vehículos, ordenadores, químicos, aviones y más— podrían ser pulverizadas hasta quedar paralizadas si estos vínculos son rotos violentamente. Los exportadores podrían verse dañados por el incremento de los precios de las materias primas, la apreciación de la moneda y las inminentes tasas en represalia, todo lo cual afectará a la actividad económica de Estados Unidos.
Los costes totales de estas tasas subirán hasta los 160.000 millones de dólares de los consumidores y negocios norteamericanos que pagarán más por sus compras de bienes importados, con más por venir. Las medidas de Trump son sólo el 40% de las propuestas. Si la próxima tanda es puesta en marcha, el coste de las importaciones subirá más de 600.000 millones de dólares o un 1,6% del PIB.

Un argumento económico para imponer aranceles a los bienes importados es proteger las firmas domésticas de la competencia extranjera. Mediante tasas a las importaciones, los precios domésticos devienen relativamente más baratos y los ciudadanos cambian de gastar en productos extranjeros a los nacionales, de forma que expande la industria doméstica. Pero esta afirmación tiene poco respaldo empírico. La Reserva Federal de Nueva York analizó recientemente el impacto en las firmas domésticas del incremento de los aranceles. Concluyó que “extraer ganancias de imponer aranceles es difícil porque las cadenas globales de producción son complejas y los países extranjeros contraatacarán. Tomando en cuenta la rentabilidad del mercado de valores en los días en que se anunciaba la guerra comercial, nuestros resultados muestran que las firmas experimentaron extensas pérdidas en las expectativas de los flujos de caja y los resultados reales. Las pérdidas fueron generalizadas, con las firmas más expuestas a China experimentando las mayores de ellas”.
Además, como el economista danés Jesper Rangvid muestra, Trump sólo ve el comercio bilateral en mercancías, ignorando el comercio de servicios y los ingresos del capital y el trabajo. Sucede así que los ingresos norteamericanos derivados de su exportación de servicios, al menos a la Eurozona, y los retornos de capital y de salarios de la mano de obra que exporta ahí, compensan su déficit bilateral en productos. La balanza por cuenta corriente de la Eurozona con los Estados Unidos es prácticamente de cero.

Lejos del bombardeo arancelario de Trump, “hacer América grande de nuevo” tiene posibilidades de conducir a la economía estadounidense a una recesión y, con ella, a las otras mayores economías. El Instituto Kiel estima que las exportaciones de la UE a los Estados Unidos caerían entre un 15 y un 17%, llevando a “una significativa” contracción del 0.4% en el tamaño de la economía de la UE, mientras que el PIB estadounidense caería un 0,17%. Si hubiera un “ojo por ojo” tarifario por parte de la UE, eso doblaría el daño económico e impulsaría la inflación al alza un 1,5%. Las exportaciones manufactureras de Alemania a Estados Unidos serían las más golpeadas, cayendo casi un 20%. Aunque la magnitud exacta de la pérdida de exportaciones a largo plazo no está clara (dado que hará falta tiempo para la reconstrucción de las cadenas productivas), si estas sanciones persisten es muy probable se cause un freno substancial de la producción de la mayoría de las economías que comercian con Estados Unidos.

El impacto global en las manufacturas estadounidenses podría estar cerca del 1% del PIB en pérdida de exportaciones.

Eso es una estimación. Los economistas de la Universidad de Yale van más lejos. Ellos han hecho un modelo del efecto que los aranceles del 25% planteados a Canadá y México y los del 10% a China, además del 10% de aranceles a China ya en vigor. Estiman que estas tarifas llevarían la tasa arancelaria media efectiva a su mayor nivel desde 1943. Los precios domésticos subirían más de un 1% porcentuales respecto a la ratio actual de inflación, el equivalente a una pérdida media de consumo por hogar de entre 1.600 y 2.000 dólares de 2024. Reduciría el crecimiento de la producción real de Estados Unidos en un 0,6% este año y eliminaría entre los 0,3 y los 0,4 puntos de futuras tasas de crecimiento anuales, destruyendo las expectativas de ganancias con la aplicación de la Inteligencia artificial.
Igual de preocupada está la Cámara internacional de comercio de Estados Unidos (ICC, en sus siglas en inglés), que prevé que la economía mundial pueda afrontar un crac similar a la Gran Depresión de los años 30, a menos que Trump de marcha atrás en sus planes. “Nuestra profunda preocupación es que esto podría ser el inicio de una espiral descendente que nos sitúe en el territorio de la guerra comercial de los años 30”, dijo Andrew Wilson, vicesecretario general de la ICC. Las medidas de Trump bien pueden ir más allá de “una pequeña perturbación”.
Incluso antes del anuncio de las nuevas tasas, había signos relevantes de que la economía norteamericana está ralentizando algo su ritmo. El impacto del incremento de las tarifas a las importaciones podría ser un punto de inflexión para una recesión. Wall Street así lo cree. Cuando Trump anunció las medias arancelarias, todas las ganancias del mercado de acciones estadounidense hechas desde la victoria electoral de Trump se perdieron.

En cuestión de semanas, el relato sobre la economía de los Estados Unidos ha cambiado de la “privilegiada” economía estadounidense a la alarma sobre una repentina caída del crecimiento. Las ventas al por menor, la producción manufacturera, el gasto real en consumo, las ventas de viviendas y los indicadores de confianza en el consumo, todos están cayendo el último o los dos últimos meses. La mayoría de las previsiones del crecimiento real del PIB para el primer trimestre de 2025 son ahora de solo un 1,2% anualizado.

El rastreador de la Reserva Federal de Atlanta PIB AHORA, muy seguido, prevé abiertamente una recesión.

La producción manufacturera norteamericana lleva un año o más en recesión, pero lo que también está preocupando en los últimos indicadores de la actividad manufacturera es un aumento significativo de los costes: “la demanda se redujo, la producción se estabilizó y la reducción de plantillas continuó mientas las compañías experimentaban el primer impacto operacional de la nueva política arancelaria de la Administración. El crecimiento de los precios se aceleró debido a los aranceles, provocando retrasos en la colocación de nuevos pedidos, paradas en las entregas de los proveedores e impactos en los inventarios de fabricación”, dijo Timothy Fiore, jefe de la ISM. Los nuevos pedidos tuvieron la mayor caída desde marzo de 2022, entrando en el terreno de la contracción y la producción se ralentizó intensamente. Además, la presión sobre los precios se aceleró hasta su mayor nivel desde junio de 2022.
Por otra parte, la denominada “excepcionalidad” de la economía de Estados Unidos desde el fin de la pandemia fue siempre una ilusión estadística. Un estudio revela la historia real para muchos hogares americanos en empleo, salarios e inflación. Primero, hay un casi récord de bajo desempleo en las cifras oficiales, sólo el 4,2%. Pero esta cifra incluye como empleados a personas sin hogar haciendo un trabajo ocasional. Si el desempleo incluyera a quienes no puede encontrar nada más que empleo a tiempo parcial o a quienes ganan un salario de miseria (apenas 25.000 dólares), el porcentaje sería, de hecho, del 23,7%. En otras palabras, cerca de uno de cada cuatro trabajadores en la América de hoy, está desempleado de facto. El salario medio oficial es de 61.900 dólares. Pero si tú tienes en cuenta a todo el mundo en la fuerza de trabajo, si incluyes trabajadores a tiempo parcial y buscadores de empleo, la media salarial es, de hecho, un poco menos de 52.300 dólares anuales. “Los trabajadores americanos están ganando de media un 16% menos de lo que las estadísticas actuales indicarían”. En 2023, la tasa oficial de inflación fue de 4,1%. Pero el coste real de la vida subió más del doble, un 9,4%. Eso significa que el poder de compra cayó de media un 4,3% en 2023.
La respuesta de los líderes europeos a los movimientos arancelarios de Trump y su aparente renuncia a respaldar a Ucrania en su guerra contra Rusia parece ser ahora una preparación para más guerra. El gasto global en defensa alcanzó un récord de 2,2 billones de dólares el año pasado y en Europa creció hasta 388.000 millones, niveles no vistos desde la “guerra fría”, de acuerdo con el Instituto internacional de estudios estratégicos. Marín Wolf, el gurú economícenlos keynesiano liberal del Financial Times dice que “el gasto en defensa necesita crecer sustancialmente. Dense cuenta que fue del 5% del PIB británico, o más, en los setenta y ochenta. Puede que no sea necesario que llegue a esos niveles a largo término: la Rusia moderna no es la Unión Soviética. Es posible, sin embargo, que tenga que ser tan alto como eso durante la reconstrucción, especialmente si Estados Unidos se retira”.
¿Cómo pagar esto? “Si el gasto en defensa tiene que ser permanentemente mayor, los impuestos deben subir, a menos que los gobiernos puedan encontrar suficientes recortes del gasto, lo cual es dudoso”. Pero no importa, gastar en carros de combate, tropas misiles es, de hecho, beneficioso para la economía, dice Wolf. “El Reino Unido puede también, de forma realista, esperar retorno económico de sus inversiones en defensa. Históricamente, las guerras han sido la madre de la innovación”. Él cita entonces, los maravillosos ejemplos de las ganancias que Israel y Ucrania han hecho de la guerra: “La economía “start up” de Israel empezó en su ejército. Los ucranianos han revolucionado ahora la guerra de drones”. Él no menciona el coste humano involucrado de conseguir la innovación con la guerra. Wolf: “El punto crucial, sin embargo, es que la necesitad de gastar significativamente más en defensa debe ser aviso más como una necesidad que como sólo un coste, aunque los dos sean ciertos. Si se hace de manera adecuada, es también una oportunidad económica”. Así, la guerra es la salida del estancamiento económico.
El que va a ser canciller de Alemania, Friedrich Merz (después de ganar las recientes elecciones) ha asumido el mismo relato. En completa contradicción con su campaña electoral, cuando se oponía a cualquier gasto fiscal extraordinario para mantener el balance de las cuentas públicas, ahora está promoviendo un plan para inyectar cientos de miles de millones en financiación extraordinaria del ejército alemán e infraestructuras, destinados a revivir y rearmar a la economía más grande de Europa. Una nueva cláusula eximiría al gasto en defensa, superior al 1%, del límite de gasto que limita el endeudamiento público, permitiendo a Alemania incrementar de forma ilimitada la deuda para financiar sus Fuerzas Armadas y proporcionar asistencia militar a Ucrania. Y el plantea introducir una enmienda constitucional para establecer un fondo de 500.000 millones de euros para infraestructuras, las cuales durarían diez años. De pronto, hay abundancia de dinero y préstamos disponibles para armas y empresas militares.
El plan del Reino Unido es doblar su gasto en “defensa” mediante cortar sus programas de ayuda a los países pobres del mundo. Trump también ha congelado la ayuda exterior norteamericana. La deuda global ha llegado a los 318 billones de dólares, con un aumento de 7 billones en 2024. La deuda global respecto al Producto Mundial ha crecido por primera vez en cuatro años —así, la deuda ha crecido más rápido que el producto bruto mundial para alcanzar el 328% de éste—. El Instituto Internacional de Finanzas (IIF) advirtió que los países pobres están bajo una inmensa presión si la carga de la deuda continúa creciendo. La deuda total de estas economías creció en 4,5 billones de dólares en 2024, llevando al conjunto de los mercados emergente a deuda histórica del 245% del PIB. Muchas de estas economías pobres tienen que refinanciar este año una deuda récord de 8,2 billones de dólares, de los que aproximadamente el 10% están denominados en divisas extranjeras, una situación que podría volverse peligrosa rápidamente si se agota la financiación. Así pues, se avecinan más guerras y más pobreza.
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