La única salida aceptable para Palestina es su descolonización

El pueblo palestino entre el chantaje criminal y la continuidad de la resistencia por la liberación nacional

12 Oct, 2025 | Actualidad, Internacional

Escriben Víctor Domínguez y Pablo Híjar
Foto cabecera: Celebración de la tregua en Nuseirat (Gaza). Belal Abu Amer (Europa Press)

El horror sin límites desatado sobre Gaza por el Estado israelí ha conmovido desde octubre de 2023 la conciencia de cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.

Desde que la resistencia palestina protagonizara la operación Inundación de Al-Aqsa, el más duro golpe militar recibido por el colonialismo sionista en décadas, los acontecimientos se han ido precipitando en dos direcciones simultáneas. De un lado, la puesta en marcha de una estrategia genocida en Gaza y por otro la internacionalización de la causa palestina después de muchos años marcados por el silencio.

Aunque la operación del 7 de octubre de 2023 —planificada por las Brigadas Ezzedin Al-Qasam, las milicias del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), y en la que participaron otras facciones palestinas— merece un análisis detallado por su trascendencia, no será abordada en este texto. Sería deseable, sin embargo, que al evaluar los factores que la hicieron posible se desterraran los prejuicios de carácter colonial y paternalista que tienden a subestimar la capacidad del pueblo palestino para resistir la ocupación sionista.

Lo que es incuestionable es que desde entonces todas las miradas están puestas en Palestina.

La solución de los dos estados

Durante las últimas semanas, gobiernos como el francés, el británico, el portugués o el belga reconocían el Estado palestino. Un reconocimiento que en meses anteriores ya habían realizado otros estados occidentales como el español o naciones como Irlanda. Esta nueva oleada llegaba en el marco de la celebración de la 80ª sesión de la Asamblea General en el mes de septiembre.

Estos reconocimientos vacíos de cualquier efecto práctico, como los anteriores, están ligados de forma inseparable a la denominada “solución de los dos estados”. Una presunta “solución” que en realidad se encuentra en la base misma de la cobertura occidental para la creación de un estado colonial sionista a principios del siglo XX en Palestina y que terminaría de formalizarse en 1948 mediante la violenta creación del Estado israelí. Una fundación avalada por la ONU y que llegaría después de una terrible limpieza étnica del pueblo nativo. Se calcula que más de 700.000 personas tuvieron que huir de la violencia indiscriminada de las milicias sionistas y varios cientos de aldeas palestinas fueron destruidas.

Aunque sobre el papel la ONU y las potencias occidentales hablaron del establecimiento de una administración árabe, esta nunca terminaría de establecerse. Además la partición del territorio palestino, ha de advertirse, se hacía sobre un diseño y unas fronteras creadas de espaldas a la población nativa. Una de las constantes hasta finales del siglo XX fue la negación de una identidad nacional palestina, así como la falta de reconocimiento al pueblo palestino para cualquier tipo de interlocución.

No está de más advertir que las potencias imperialistas decidieron dar “solución” a la cuestión judía mediante el apoyo decidido al movimiento sionista y su proyecto colonial, frente a la enorme influencia de las ideas socialistas entre las personas europeas de origen judío. De esa forma, con una mentalidad racista e imperialista conseguían de un plumazo liberarse de los “molestos” judíos, someterlos en el angosto margen de un movimiento nacionalista étnico-religioso y, al mismo tiempo, establecer una entidad colonial europea en el corazón de Oriente Medio. Y son estas mismas fuerzas reaccionarias que desde mediados del siglo XIX fomentaron los prejuicios sin fundamento sobre la población judía, normalizaron los pogromos y después callaron ante el holocausto nazi, las que hoy tildan de “antisemita” a cualquiera que ponga en duda la entidad colonial sionista.

Sin profundizar más sobre este asunto, la intención de estas pocas líneas sobre la creación del Estado israelí, es afirmar que nos encontramos ante un asunto de naturaleza puramente colonial. Y tanto los sectores “más recalcitrantes” del sistema que defienden extender Israel al conjunto de la Palestina histórica, como aquellos “más moderados” que defienden establecer dos estados en las denominadas “fronteras del 67” —un imposible sin desmantelar los agresivos asentamientos en Cisjordania y demoler el muro de segregación—, tienen un nexo en común: sostienen que los sionistas europeos tienen derecho a establecer de forma indefinida una entidad colonial en una tierra arrebatada a la población nativa.

El plan de Trump es la paz de los cementerios

Es precisamente esa confluencia en sostener la entidad colonial sionista, el motivo por el que todos los actores occidentales han dado su apoyo al plan pactado entre Trump y Netanyahu. Incluso Pedro Sánchez que trata de jugar un aparente papel de abanderado de la causa palestina, no ha sido una excepción, y al conocer el plan afirmó: “España da la bienvenida a la propuesta de paz para Gaza impulsada por EE UU”.

La respetada periodista Olga Rodríguez resumió este “plan de paz” perfectamente en el primer párrafo de un artículo escrito el 2 de octubre. “Para entender las cosas conviene llamarlas por su nombre. El plan de Trump no es una propuesta de negociación ni un proyecto que proteja los derechos de la población de Gaza. Es una ruta unilateral para negar la soberanía palestina, sin plazos ni garantías para el fin de la ocupación, presentada como un ultimátum, con la que pretende consolidar un diseño de colonialismo en pleno siglo XXI”, escribió.

Los 20 puntos de esta hoja de ruta significarían de facto el sometimiento de la franja de Gaza a una nueva “gobernación colonial” bajo tutela occidental, el propio Trump o un personaje tan siniestro como Blair han sido anunciados como garantes de esa nueva entidad administrativa. Esta administración, presuntamente transitoria, controlaría también el negocio de la “reconstrucción” de Gaza y el reparto de contratos derivados del mismo.

Además se plantea, como condición obligada, el desarme de Hamás —y por ende del conjunto de facciones de la resistencia— y la irrupción de una fuerza militar extranjera que lo garantice. También se plantea, como imprescindible, la entrega de los prisioneros israelíes (vivos o muertos) en manos de la resistencia palestina a cambio de la liberación de 250 presos palestinos con grandes condenas y la liberación de más de 1.700 gazatíes detenidos desde octubre de 2023.

De nuevo, como en el pasado, el pueblo palestino es despojado de cualquier naturaleza nacional y de capacidad alguna para negociar, de hecho este plan no se ha negociado con ninguna delegación palestina.

El “acuerdo” auspiciado por el Gobierno de Estados Unidos se trata de imponer bajo un terrible chantaje. O Hamás y el resto de las facciones palestinas no sometidas a la ocupación lo aceptan o se amenaza con redoblar la violencia militar y sostener el asedio medieval de la Franja de Gaza. Es decir, la entrada de la ayuda humanitaria y la detención del ejercicio de un genocidio son asuntos tratados como una simple moneda de cambio.

Ningún asunto relevante, para la solución de los problemas angulares del pueblo palestino, como la ocupación militar, la liberación de los más de 10.000 presos palestinos, el derecho al retorno de las personas refugiadas, el final del apartheid, el desmantelamiento de los asentamientos en Cisjordania, la capitalidad de Jerusalén o la dotación de unidad al territorio palestino —hoy fragmentado en guetos divididos por muros y vallas— es objeto del acuerdo. Al contrario, esta propuesta supone la profundización de todos estos problemas no resueltos desde la creación de la entidad colonial sionista.

Por otro lado, la aceptación de las intenciones contenidas en el plan implica allanar la impunidad de los crímenes contra la humanidad cometidos por el ejército israelí y su gobierno. Más allá del alcance parcial, de facto, de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, y de medidas tibias hacia los elementos más radicales del ejecutivo sionista, el plan auspiciado por Estados Unidos no establece ningún elemento de esclarecimiento de responsabilidades ante la comisión de prácticas genocidas en Gaza.

Aunque este, mal llamado acuerdo, supone consolidar el colonialismo sionista, y la tutela occidental en Oriente Medio, la inmensa mayoría de los regímenes árabes y gobiernos de la región parecen dispuestos a apoyar el nuevo statu quo derivado del acuerdo Trump-Netanyahu a cambio de migajas. No es una sorpresa para nadie, pero si es necesario destacar que el sometimiento y la bancarrota de estos regímenes se mantiene más allá de alguna pataleta teatralizada. En la cuestión palestina, y en particular en el escenario abierto desde octubre de 2023, han sido incapaces de consolidar una hoja de ruta propia ajena a las injerencias del imperialismo occidental.

El alto el fuego puede terminar siendo otra cosa

La aceptación de este marco por las facciones palestinas que han combatido juntas en la resistencia frente a la ocupación en Gaza, debe de ser entendida en un contexto contradictorio de chantaje y oportunidad. “Cuando emprendimos este proceso de negociación en medio de la guerra de exterminio, nuestros ojos estaban fijos en el sufrimiento de nuestro pueblo que enfrenta horrores sin precedentes de asesinato, destrucción, exterminio y hambre; actuamos con un alto sentido de responsabilidad nacional, a pesar del sesgo a favor del ocupante, para abrir un nuevo horizonte de vida en Gaza y para nuestro pueblo resistente arraigado allí”, han trasladado en un comunicado conjunto, este mismo viernes 10 de octubre, el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), la Yihad Islámica Palestina y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP).

En todo caso las noticias conocidas hasta el momento no indican que la resistencia palestina acepte los veinte puntos del plan diseñado por Estados Unidos. Aunque no han trascendido todos los detalles del alcance de los acuerdos y los desacuerdos, parece que de momento no están dispuestos al desarme y tampoco a la implementación de una autoridad colonial como la planteada originalmente en el ‘Plan Trump-Netanyahu’, dos aspectos clave para la hoja de ruta diseñada por occidente para Gaza.

“Rechazamos la tutela extranjera y afirmamos que la administración de Gaza debe ser exclusivamente palestina, con participación árabe e internacional en la reconstrucción y recuperación”, afirmaba el Frente Popular para la Liberación de Palestina en un comunicado este mismo jueves, 9 de octubre. Un mensaje similar fue lanzado con anterioridad por Hamás.

De hecho el acuerdo de alto el fuego, tal y como se está implementando por ahora, estaría alejado de las pretensiones originales de dicho plan. Además, está por ver el comportamiento del Estado israelí una vez se produzca la liberación de los prisioneros israelíes. La salvaje ruptura de la última tregua no deja en buen lugar el valor de la palabra de la entidad sionista.

En todo caso el ejército israelí, pese a todo el sufrimiento, el exterminio y la destrucción, no ha logrado sus dos objetivos declarados. Ni ha conseguido hacer desaparecer a la resistencia palestina en Gaza, ni ha logrado liberar por sus propios medios a los prisioneros capturados en la operación del 7 de octubre de 2023. Tampoco ha logrado los no declarados, hasta ahora ha fracasado a la hora de conseguir conquistar militarmente todo el territorio del enclave palestino y mucho menos ha conseguido exterminar o desplazar fuera de Gaza a toda su población. “La firmeza de los combatientes y de todos los miembros de nuestro pueblo, incluyendo equipos médicos, de ambulancia, defensa civil, periodistas, desplazados y otros, frustró los planes de desplazamiento y desarraigo y dejó una lección eterna de resistencia y desafío, que quedará grabada en las páginas más brillantes de la historia palestina”, sostuvieron las tres facciones en el comunicado anteriormente citado.

Y aunque desde su nacimiento el ‘Plan Trump-Netanyahu’ ha negado la realidad nacional del pueblo palestino y la capacidad de interlocución de sus representantes, finalmente han tenido que sentarse a negociar con las fuerzas de la resistencia palestina para alcanzar un acuerdo.

El papel de la denominada Autoridad Nacional Palestina (ANP), con Mahmud Abás recluido en la “jaula de oro de Ramallah”, junto con la situación que se vive en Cisjordania durante los últimos dos años, merecen una segunda parte de este artículo. En ella también profundizaremos en lo que consideramos un momento clave para el equilibrio entre la ocupación colonial y la lucha por la liberación nacional del pueblo palestino, analizando además las distintas perspectivas sobre su posible desenlace.

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