Las barbas italianas

27 Sep, 2022 | Actualidad, Internacional, La Izquierda

La victoria de Meloni era una crónica anunciada

Jordi Escuer (miembro de la Colegiada de IU Madrid ciudad)

Italia tendrá a la ultraderechista Giorgia Meloni de presidenta. Aunque su partido ha quedado lejos de los resultados que tenían el Partido Comunista Italiano, el Partido Democrático o el Movimiento 5 Estrellas en sus mejores momentos, la suma de la derecha, la Liga de Mateo Salvini, Forza Italia de Silvio Berlusconi y Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia) de Meloni, le otorga una mayoría absoluta que les garantiza formar gobierno1.

No cabe duda de que la extrema derecha avanza, pero la pregunta que debemos responder es por qué retrocede la izquierda. El “partido” más votado ha sido el de la abstención, pues la participación se ha quedado en un 63,91%, una de las más bajas históricamente y 9 puntos inferior a la de las elecciones de 20182. Eso significa que en los barrios más humildes la participación es aún menor. Cuanto más joven o menor es la renta, menos participación. Y eso que, entre los menores de 35 años, el M5S y el PD siguen siendo las dos opciones más votadas.

No es tan sorprendente que Meloni haya conquistado unos buenos resultados si pensamos que ella se quedó con la exclusiva de la oposición al Gobierno de Mario Draghi. Tanto el Partido Democrático como el Movimiento 5 Estrellas han participado en su Gobierno3. Recordemos que Draghi es uno de los principales dirigentes del sistema financiero mundial, lo que no ha sido obstáculo para que tanto el PD como el M5S entraran en un ejecutivo en minoría, evidenciando su falta de alternativa efectiva.

«El hecho es que la gente, y más cuanto más pobre es, vive cada vez en peores condiciones y, con la crisis, cada vez estará peor. Eso va a empujar a la mayoría, pese a todas las dificultades, a buscar una alternativa que les permita salir adelante, donde sea, como en Italia.»

Si uno ve los índices de pobreza en Italia, llevan años creciendo y ningún gobierno ha detenido esa dinámica, de forma sustancial4. Para muchos, en la práctica, da igual quien gobierne porque no notan ningún cambio en su vida cotidiana. La pandemia y la crisis en la que nos estamos ya adentrando están haciendo mella en las esperanzas de cada vez más personas.

En estas condiciones no es sorprendente que una parte de la población, también de la clase trabajadora y de los sectores más empobrecidos, busque una salida a través la extrema derecha. No la van a encontrar y, a buen seguro, el Gobierno de Meloni alimentará una gran reacción popular cuando se empiece a comprobar que no tiene salida para la clase trabajadora. Así lo hemos visto tras el gobierno de Macri en Argentina y, posiblemente, pase lo mismo en Brasil, tras la era Bolsonaro. Pero el reto no es esperar pasivamente a que caiga el fracaso de la extrema derecha como una fruta madura, sino sacar conclusiones de lo que está pasando y construir una alternativa capaz de dar respuesta a los problemas reales de toda la gente que sufre la desigualdad y la falta de futuro (y presente).

Las elecciones italianas nos avisan de algo que también puede suceder aquí. Muchos nos hemos acordado del refrán “cuando veas las barbas de tu vecino afeitar…”. Y es que no basta con paliar la pobreza o repetir que con la derecha sería peor. El hecho es que la gente, y más cuanto más pobre es, vive cada vez en peores condiciones y, con la crisis, irá peor. Eso va a empujar a la mayoría, pese a todas las dificultades, a buscar una alternativa que les permita salir adelante, donde sea, como en Italia.

Eso nos garantiza que, como sucedió tras la crisis de 2008, habrá una movilización cada vez mayor contra este sistema social injusto. Pero no nos asegura que seamos capaces de aprovecharla, para eso hace falta unidad en la lucha a la vez que libertad de crítica, y un programa de transformación social. Alguien tiene que explicar cómo queremos garantizar el derecho a la vivienda, a la energía, a una alimentación sana, a la salud, a la educación, para todo el mundo. Eso lleva, inevitablemente, a que las empresas energéticas o el sistema financiero no puedan ser privados, sino que deban ser servicios públicos, gestionados democráticamente. Deben dejar de estar sometidos al afán de lucro. Y lo mismo para la sanidad, la educación, los cuidados, el agua, el transporte… Es la única forma, por ejemplo, de que la transición energética sea justa socialmente y eficiente ecológicamente, no un engaño para seguir garantizando el negocio de unos pocos. Como aprendimos en la pandemia, si todos no estamos a salvo, nadie está a salvo. Y el capitalismo no entiende de solidaridad y cooperación.

«Si nos conformamos con el mal menor, con paliar un poco los problemas, estaremos preparando el camino de la decepción y, con ella, la llegada de los amigos españoles de la señora Meloni al gobierno, también aquí.»

No se trata de que haya menos pobres, sino de plantear medidas para erradicar la pobreza. No es cuestión de que haya menos personas desempleadas, sino de hacer propuestas para lograr el pleno empleo… Y llamar a luchar por ellas desde todos los ámbitos: vecinal, sindical e institucional. Hace falta una renta básica universal que elimine la pobreza; una reducción drástica de la jornada laboral, sin disminución salarial, que unida al desarrollo del sector público y social, genere millones de empleos nuevos. Hace falta que nuestros salarios suban tanto como suba la inflación. Hace falta garantizar el acceso a la vivienda prohibiendo los desahucios y poniendo fin a la existencia de casas vacías, con planes masivos de rehabilitación, que permitan que el ahorro energético y la calidad de vida lleguen a todo el mundo. Necesitamos una sanidad pública, con una gestión diferente y democrática —igual que la educación o los servicios sociales— que tenga una plantilla suficiente y en condiciones dignas. Y todo eso es inseparable de la necesidad de superar el capitalismo, que justamente se basa en la explotación y la competencia por el lucro.

Si nos conformamos con el mal menor, con paliar un poco los problemas, estaremos preparando el camino de la decepción y, con ella, la llegada de los amigos españoles de la señora Meloni al gobierno, también aquí. No hay soluciones mágicas, rápidas y seguras, pero sí sabemos algunas cosas que nos pueden llevar por el camino adecuado. La plataforma de Yolanda Díaz (SUMAR), Izquierda Unida, Podemos, Más País y todas las organizaciones de la izquierda transformadora deben unir fuerzas, de forma democrática y participativa, entre ellas y con los sindicatos de clase y los movimientos sociales. Y hacerlo de forma arraigada en los barrios, en las empresas, en los centros de estudio, para elaborar propuestas, con libertad plena de crítica, con métodos democráticos, cuidándonos mutuamente frente a los ataques y peleando unitariamente. Eso puede cortar el camino a la extrema derecha, levantar de forma colectiva una alternativa a esta sociedad que hace aguas por todas partes.

Notas

1 https://www.eldiario.es/internacional/italia-empobrecida-desilusionada-entrega-experimento-gobierno-ultraderecha_1_9570403.html

2 https://www.huffingtonpost.es/entry/mapa-abstencion-italia-y-triunfo-meloni_es_633187e5e4b0e2478904f852

3 https://es.wikipedia.org/wiki/Gobierno_de_Mario_Draghi

4 https://datos.bancomundial.org/indicator/SI.POV.GINI?locations=IT

https://datosmacro.expansion.com/demografia/indice-gini/italia

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