Jaime Arregui es el hijo de Alberto y esta fue su intervención en el cierre del Encuentro en homenaje a su padre organizado por Izquierda Unida y el colectivo Manifiesto por el Socialismo. Jesús María Pérez lo definió bien: el mejor broche posible para la jornada del 15 de enero. También -si lo prefieres- puedes verlo en nuestro canal de Youtube.

Jaime Arregui

Es fácil naufragar en la vida, sobre todo cuando navegamos solos. El océano que nos rodea es salvaje y traicionero, pero a veces la esperanza de llegar a mejor puerto hace que merezca la pena enfrentarse a los escollos.

Antes de dejar tierra hay que aprender a leer los vientos y las mareas. Lo más importante es saber a dónde queremos ir, como poco tener una idea aproximada si es que nadie ha estado antes en ese lugar al que queremos llegar.

Ese océano daba menos miedo con alguien como mi padre a mi lado. Para mí, es fácil imaginarle como un capitán. La pata en lugar de palo sería de fibra de carbono y cambiaría el loro en el hombro por un halcón en el puño, su viejo Napoleón.

Yo solo puedo aportar mi visión personal de lo que para mí significan mi padre y sus enseñanzas, en este caso políticas, para honrar el contenido de este evento. En cuanto a militancia y acción directa yo solo puedo criticar desde la grada y eso carece de valor. Es de vosotras, las que saltáis a la arena, de quienes tenemos que aprender.

Me enseñó a otear en la historia para enfrentar las mareas del futuro. El me enseñó que la fuerza que mueve esas aguas que nos rodean, se llama política y la suya era la política de la clase obrera: el socialismo.

Ese socialismo no era una idea abstracta ni una idealización mórbida del pasado. Simplemente socialismo es el puente hacia una etapa superior de la humanidad en la que disfrutemos de un sistema mejor que el capitalismo. Ese puente ha de construirse con hechos concretos, como los que se pusieron en marcha hace más de cien años, cuando nacían los tiempos modernos.

Ante la matanza imperialista, la clase obrera de Europa trató de frenar la barbarie con el proyecto socialista, una ola revolucionaria sacudió al mundo entero. Solo en Rusia triunfó la Revolución. Planteaban solucionar los mismos problemas que hoy enfrentamos. Educación y sanidad pública, vivienda, reducción de la jornada laboral, libertad sexual, igualdad de género, derecho de autodeterminación… eran tan modernos que hasta inventaron la música electrónica.

El socialismo no solo iba a completar las conquistas democráticas en el campo de la política, sino que iba a conquistar con la democracia el campo económico. En Rusia triunfó la Revolución… pero la humanidad marcha sobre su estómago y en Rusia los estómagos estaban vacíos.

Para los años 30 la esperanza de una Revolución Internacional se desvanecía, entre otras cosas por la traición de la Social Democracia alemana. El militarismo totalitario reinaba orgulloso desde Portugal hasta Manchuria. El capitalismo resistía y el mundo caía otra vez en el abismo de la barbarie. Aun así, los nazis, fueron humillados por el Ejército Rojo, en cuyas filas lucharon cientos de miles de mujeres y de judíos. A veces un barco fuerte con una buena tripulación es capaz de sobrevivir al peor de los timoneles, pero nunca por mucho tiempo…

También cayó el fascismo italiano, y el imperio japonés desaparecía entre hongos atómicos.

En la Península Ibérica sin embargo habría que esperar a una nueva oleada revolucionaria que sacudió el mundo en los años 60 y 70 para ver llegar el cambio. Fue entre aquellas olas en las que mi padre aprendió a navegar y algunos de los que estáis aquí presentes. Una vez más los derechos civiles y laborales estaban en peligro y una vez más se luchó por defenderlos. Y una vez más la Social Democracia traicionó al movimiento obrero.

No obstante, tener un padre marxista también puede ser problemático. Llega un momento en tu adolescencia en el que has de determinar si tu padre está loco, o todos tus profesores están equivocados.

Cómo buen hijo, le encontré rápido el gusto a discutir con mis profesores. Primero la de historia, que, si la dictadura del proletariado en realidad es la democracia obrera, luego con el de economía, que explicase el concepto de plusvalía, ¡hasta la de ciencias naturales! ¡El ¨Big Bang¨ es una fórmula para dotar de principio y fin al cosmos, que no tiene ni principio ni fin! Con la de Filosofía no, era anarquista, había que respetarla. Pero mi favorito sin duda fue el de Religión, asignatura a la que me apunté voluntariamente, acabamos siendo buenos amigos. En clase de matemáticas nunca tuve muchos argumentos así que tuve que pedirle clases de apoyo a Rubén.

En la calle, aprendí rápido la diferencia entre la crítica constructiva y tocar los cojones, gracias a la labor pedagógica de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.

Hace diez años, una nueva ola sacudiría nuestras vidas tras la crisis histórica del capitalismo de 2008. Vimos florecer la primavera en el mundo árabe al mismo tiempo que las plazas de occidente eran ocupadas por ciudadanos que exigían estados más democráticos.

Para el año 2015, vimos en Grecia como la acción de la clase obrera en la calle empujaba a su partido político a las instituciones, demostrando que todavía es posible en la Unión Europea tomar el poder con una bandera roja en la mano.

La pandemia actual no hace más que demostrar que la supervivencia individual está ligada a la puesta en común de los frutos de la labor colectiva. ¿Qué habría sido de nosotros sin la sanidad pública?

Ahora vemos como mientras el planeta se arruina ante los estragos causados por la catástrofe climática y la pandemia, los ricos viajan al espacio a pasar sus vacaciones.

Quizás cuando la siguiente oportunidad llegue, podremos hacer del espacio exterior, no el privilegio de unos pocos magnates, si no el océano de todas, para explorarlo unidos y en paz.

Sin embargo, de momento eso no es más que un sueño que muere tan pronto como encendemos la televisión y vemos a los verdaderos náufragos, a los que se ahogan en nuestro mar huyendo de las guerras de nuestros gobernantes.

Clausewitz decía que la guerra es la continuación de la política por otros medios. A mi padre le gustaba decir que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Es una guerra que libramos todos y todas diariamente, a veces incluso de manera inconsciente. En casa, en la calle, en el trabajo, en la universidad, en las urnas y a veces en las barricadas.

Una vez más las nubes negras de la reacción se ciernen sobre el horizonte, un horizonte cada vez más cercano, y tendremos que estar unidos si queremos vencer a la tormenta.

Mi padre me enseñó, sobre todo, a no tener miedo a pensar en el futuro y, al fin y al cabo, ser optimista es una opción personal. Yo quiero pensar que llegará el momento en el que, en la pleamar de la historia, la humanidad zarpará de nuevo en las naves del progreso hacia una etapa superior, superando todos los escollos. Entonces, al finalizar nuestro viaje, entre los mástiles se alzará un coro de millones de voces, son los que ya no están, las que ya se fueron, que han regresado para recordarnos: fuimos, somos, seremos.