Foto: Protestas al inicio de los Juegos Olímpicos. Geoffroy Van Der Hasslt / AFP
Escribe Pablo Híjar
Pieza publicada de forma simultánea en Compromiso y Cultura
Los juegos de París 2024, considerados “austeros” en comparación con alguna de las ediciones anteriores, calculan un gasto en la preparación y organización de los mismos de miles de millones de euros.
El Comité Olímpico Internacional (COI), en un intento de confundir a la “opinión pública”, ha difundido informaciones que sostienen que los juegos de 2024 han tenido una financiación casi totalmente privada (hablan del 96% incluyendo los Paralímpicos) a través del propio COI, empresas asociadas, la taquilla y la concesión de licencias. En esa misma información el comité olímpico habla de un gasto de 4.380 millones de euros, pero es evidente que el organismo omite una parte muy abultada de la inversión real necesaria para el desarrollo de esta última edición de los juegos.
Aunque aún es pronto para conocer una cifra exacta, algo que comparten olimpiadas y grandes eventos es la falta de transparencia sobre el gasto real en los mismos, se calcula que el dispendio estaría muy por encima del doble de esta cifra maquillada ofrecida por el COI y replicada de forma acrítica por muchos medios.
De hecho, se calcula que en la necesaria creación y reforma de las instalaciones necesarias se han invertido, al menos, otros 4.400 millones de euros, sólo la Villa Olímpica ha costado unos 2.000 millones. El Ayuntamiento de París ha empleado unos 1.400 millones de euros en mejorar la calidad de las aguas del Sena, y aún así continúan las dudas razonables sobre el más que posible fracaso de la operación.
Se afirma que de toda esa inversión en el “hardware” de la cita, el desembolso de las instituciones francesas se sitúa alrededor de 3.000 millones de euros. Pero eso en la “horquilla amable” de los cálculos. «Estos Juegos deberían costar entre tres, cuatro o cinco mil millones, ya veremos”, admitía el presidente del Tribunal de Cuentas francés, Pierre Moscovici, en declaraciones a France Inter. Es decir, el tribunal, considera que el gasto público directo podría alcanzar los 5.000 millones de euros. Aunque la realidad es que el gasto es mucho mayor, en este cálculo no se incluye, por ejemplo, el increíble coste del dispositivo de seguridad que ha supuesto el despliegue de 50.000 policías y 18.000 militares, o la implementación del sistema de videovigilancia con inteligencia artificial incorporada.
Las repercusiones sociales
Está por ver cual es el desenlace de toda la nueva infraestructura y su impacto en los barrios donde se ha implementado, como por ejemplo si se cumple con el destino de un 25% de los alojamientos de la Villa Olímpica hacia vivienda pública de alquiler. De lo que no hay duda es que, al menos, el 75% restante (se calculan en 3.000 los apartamentos construidos) terminarán en el mercado privado contribuyendo a una segura espiral especulativa en Saint-Ouen y Saint-Denis.
Pero por el camino distintos colectivos sociales han denunciado que decenas de miles de personas en situación de vulnerabilidad han sido desplazadas de la ciudad, incluso siendo obligadas a subir a autobuses con destino a otras localidades del Estado francés. Quizás el caso más emblemático fue el desalojo de cientos de menores no acompañados de la Maison des Metallos.
También parece que las promesas de retorno de la inversión en forma de visitas, venta de entradas y uso de servicios no han alcanzado las cifras esperadas. Esto es algo que también comparten este tipo de grandes eventos, se justifican con unas prometidas cifras de “beneficios”, “empleos” y “participación” que nunca se cumplen. Sirva de ejemplo que la ocupación hotelera ha estado entre un 15 y un 20 por ciento por debajo de lo esperado.
Las olimpiadas como herramienta política
Que duda cabe, que la cita olímpica, es impulsada por el interés político compartido entre Macron y la Alcaldía de París encabezada por Anne Hidalgo, del PSF. Aunque han polemizado, sobre todo por la convocatoria anticipada de elecciones, que no gustó a la alcaldesa de la ciudad de la luz, ambos se jugaban su pretendido prestigio en el éxito de estos juegos y en la imagen del Estado francés y su capital. Un juego hacia dentro y hacia fuera en un momento político convulso en todos los sentidos.

Otra cuestión que evidencia el uso político de estas citas es la nueva exclusión de Rusia de las competiciones en represalia por la guerra desatada en Ucrania. Un uso político e hipócrita, porque mientras los atletas rusos pagaban el peaje de la, cada vez menos, guerra encubierta entre la OTAN y la Federación Rusa, el trato ha sido diferente para otros países que arrastran conflictos bélicos. Incluso para aquellos señalados por genocidio como Israel, que no ha tenido problema en competir por las medallas aunque ya se contabilicen más de 40.000 personas palestinas asesinadas en Gaza desde octubre de 2023. No sin razón esta participación de los atletas sionistas ha sido calificada como ‘sportwashing’.




