Pensar desde Cuba con lealtad insumisa

11 Oct, 2022 | América Latina, Conviene leer, Internacional, Literatura

Reseña del libro “Cuba en candela. La mejor defensa es la democratización” de José Manuel Martín Medem

Guadalupe Barahona

José Manuel Martín Medem ligó su vida a Radiotelevisión Española desde 1976. Desarrolló su carrera durante 20 años en RNE, y fue corresponsal de TVE durante otros 10 años en México, Colombia y Cuba. En 2007 se vio afectado por el ERE que, bajo el Gobierno de ZP, cercenó al 45% de la plantilla de RTVE. Fue miembro del Consejo de Administración de RTVE a propuesta de Izquierda Unida entre 1994 y 1996, cargo que desempeña de nuevo desde febrero de 2021, esta vez a propuesta de Unidas Podemos. Desde marzo de 2020 dirige además Mundo Obrero, publicación impresa del PCE que bajo su impulso mantiene además una edición digital diaria, y que es una de las cabeceras españolas donde más y mejor se viene informando sobre Cuba. Hay tres constantes en la trayectoria de este periodista y escritor: la defensa de la información creíble y pluralista como servicio público, en la base de la democracia; la defensa de los derechos humanos, con dos libros dedicados a los derechos de la infancia. Y la defensa de la democratización de los medios de comunicación públicos, que padecen en nuestro país un alto grado de gubernamentalización.

Martín Medem acaba de publicar con Atrapasueños “Cuba en candela”, un libro relevante, veraz, contrastado y oportuno, precisamente los cuatro atributos que enseñan en las facultades de Periodismo que debe tener la información para ser tal. Otra virtud del libro, desde el punto de vista comunista, es su rebeldía. No hay comunismo sin la capacidad de cuestionar el statu quo, sin el coraje de decir las verdades incómodas, de rebelarse contra las arbitrariedades y las injusticias.

BLOQUEO CRIMINAL COMO CONTEXTO

Acertadamente, Martín Medem comienza señalando como una canallada cualquier consideración sobre el futuro de Cuba que no tenga en cuenta el bloqueo criminal impuesto por Estados Unidos y agravado desde la presidencia de Trump, que la administración Biden ha mantenido, y que buscan asfixiar al pueblo cubano, con cientos de medidas comerciales restrictivas adicionales, de las que 53 se han aplicado en plena pandemia para evitar que Cuba recibiera equipos de salud esenciales. Se busca la desestabilización de amplio espectro y una implosión social.

El pueblo cubano mantiene un altísimo consenso en torno a la defensa de la soberanía y del socialismo, pero además de a los gringos, como señala Martín Medem, “maldicen también al autoritarismo, la burocracia, la corrupción y el desabastecimiento”. Las protestas del 11 de julio de 2021, en las que participaron miles de personas, fueron una llamada de atención para el Gobierno. Sirvieron para desbloquear las reformas económicas aprobadas por el Partido Comunista de Cuba y la Asamblea Nacional, pero aplazadas y obstaculizadas desde hace 20 años.

NO HAY SOCIALISMO SIN DEMOCRACIA

La tesis de partida es que no puede haber socialismo sin democracia, y que el modelo del socialismo cubano está transitando desde el Socialismo de Estado a la democracia socialista con mercado. La voluntad del PCC, el Gobierno y la opinión pública de Cuba es sostener el proceso de reformas que se inició hace una década y tiene como grandes hitos los “Lineamientos de la política económica y social”, aprobados en 2011, en los que se define un nuevo modelo económico; y la “Conceptualización del modelo económica y social cubano de desarrollo socialista” en 2016, que enmarca la reforma económica, la reforma constitucional y la reforma del socialismo cubano; la nueva Constitución de la República de Cuba, aprobada en 2019 en referéndum con un 86% de apoyo, que sustituye a la Constitución de 1976. Y actualmente estamos en pleno desarrollo legislativo para implementar la Constitución en más de 50 leyes complementarias.

INFORMACIÓN VS. PROPAGANDA

Martín Medem con este trabajo subraya dos oposiciones centrales, en el contexto específico de Cuba, pero que tienen importancia universal: en primer lugar, reivindica la información, versus la propaganda enmascarada como información; en segundo lugar, reivindica la democracia frente a la burocracia.

La propaganda tiene como objetivo fundamental persuadir para mover a la acción, para lo cual se presentan los argumentos que favorecen la tesis que se defiende, y se ocultan o se tergiversan los argumentos contrarios. La propaganda es, por su naturaleza, sesgada. Es lícita en política y tiene su papel. Pero la información periodística tiene la obligación de describir la realidad, presentando sus distintas vertientes, y contrastando cada hecho que se presenta. La información no puede ser “objetiva”, por su propia naturaleza, ya que desde la selección hasta la elaboración y la presentación gráfica o audiovisual de los contenidos informativos implica una jerarquización y añade mensajes subjetivos, pero debe ser veraz y honesta con el público. La información parte de la realidad. La propaganda magnifica y manipula hechos de la realidad para construir matrices de opinión funcionales a los intereses que defienden los promotores de esos mensajes, mientras silencia los hechos que no encajan en dicha matriz.

Esto no lo dice el libro de Martín Medem. Pero subraya cómo queda definida la comunicación en la Política de Comunicación Social del Partido Comunista de Cuba, juzgue el lector si bajo estas premisas puede haber información o se le está escatimando un derecho fundamental a la ciudadanía cubana, sin el cual no puede haber democracia:

“La comunicación es un recurso estratégico de la dirección del Estado y del Gobierno. El PCC es el rector de la comunicación social, traza la política general para su desarrollo y ejerce su control”.

Una de las virtudes de este libro es que no sienta cátedra sobre Cuba, sino que pone a hablar a múltiples voces desde Cuba con innegable prestigio académico, profesional y revolucionario. Una de ellas es la de José Alejandro Rodríguez, Premio Nacional de Periodismo en 2013 y responsable de la sección “Acuse de Recibo” en Juventud Rebelde, la más leída del periódico. Rodríguez se rebela en una serie de textos escogidos por Martín Medem, contra la burocratización del periodismo, que mata la noticia desde el momento en que desde instancias políticas se decide qué debe ser contado y cuándo. Rodríguez reclama para con la revolución una “lealtad insurgente contra burócratas, dogmáticos, oportunistas y cínicos”.

Portada de «Cuba en candela»

DEMOCRACIA VS. BUROCRACIA

“La burocracia no es la abundancia de funcionarios, sino la ausencia de control social sobre el ejercicio del poder estatal”, escribe Julio César Guanche, historiador y jurista cubano, autor del blog “La Cosa”, otra de las voces que Martín Medem pone a sonar en su libro.

La democratización que defiende este libro y las voces que en él confluyen no consiste en asumir el modelo que Estados Unidos y la UE le quieren imponer a Cuba, sino en “recuperar la democracia que prometió la revolución”, como explica brillantemente Juan Valdés Paz, Premio Nacional de Ciencias Sociales, autor, entre otros muchos libros imprescindibles, de “La evolución del poder en la Revolución Cubana”. Escribe Juan Valdés (y subraya Martín Medem):

¿Cómo podemos asumir los peligros de la apertura económica? Con más democracia. Tenemos enormes déficits en este terreno que han sido legitimados como restricciones impuestas por la confrontación con Estados Unidos. Pero el socialismo no puede aplazar indefinidamente la democracia que ha prometido.”

Podríamos definir la democracia como el conjunto del ejercicio de todos los derechos humanos, la justicia social, la representación efectiva y la participación. Con la Revolución se constituye un poder revolucionario que es la condición de posibilidad de la democracia en Cuba. Es al poder revolucionario al que hay que demandarle que realice la democracia que prometió. No estoy hablando del socialismo realmente existente, sino del socialismo que nos prometimos. El que Rosa Luxemburgo definía como la posibilidad de una democracia plena”.

Cuba, sobre la que solamente recibimos propaganda anticomunista del oligopolio mediático, está atreviéndose a encarar el reto de transformar su modelo de socialismo para poder preservar los logros de la revolución, empezando por la independencia y la soberanía de la isla, al tiempo que trata de realizar el Estado de Derecho socialista que proclama su nueva Constitución. La democratización, señalan las voces que convoca Martín Medem en este trabajo imprescindible, es la condición necesaria para poder salir triunfantes.

Las reformas económicas necesitan una transición política y la participación democrática exige unos medios de comunicación a la altura de la población con más y mejor preparación educativa y cultural de América Latina.

Afirmar esto es muy relevante y muy difícil en el entorno de la solidaridad con Cuba. Por eso este libro tiene tanto mérito. Es una demostración práctica de lealtad revolucionaria. Y condensa la lucidez de revolucionarios imprescindibles que se atreven a pensar desde Cuba con esa misma lealtad insumisa.

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