Valoración sobre la participación en gobiernos a la luz de las elecciones en Portugal

Jordi Escuer1

Las elecciones portuguesas del pasado 31 de enero quedan ya lejos en términos de actualidad, pues un mes es una eternidad. Su resultado estimuló la idea de que es mejor estar en un gobierno con el Partido Socialista que fuera2. Sin embargo, y por eso merece la pena el debate, esta idea se descalabra pocos días después de las elecciones portuguesas, en las autonómicas de Castilla y León, donde el posible efecto beneficioso del resguardo gubernamental, brilla por su ausencia3. Y es que la cuestión no puede reducirse a estar fuera o dentro de un gobierno, sino que es más compleja.

Habría que decir que no se trata de dar lecciones a la izquierda portuguesa, sino de aprender con ella, algo que es parte del internacionalismo que necesitamos más que nunca. Sólo quien no hace nada no se equivoca.

Lo primero que hay que señalar es que en las elecciones de 2019, el Bloco de Esquerda (BE) mantuvo los mismos escaños que en las anteriores (19), con una leve pérdida de voto, y el Partido Comunista Portugués (PCP)4 en 2019 que bajó de 17 a 12, con un 25% de apoyo menos5, tras la primera legislatura de apoyo desde fuera al Gobierno de Antonio Costa, en lo que se llamó la “gerigonça”6. Hay una caída, sobre todo en el caso del PCP, pero está lejos de ser un descalabro, aunque es cierto que no ganan nuevos apoyos.

«No se trata de que no tuvieran razón en las críticas que se planteaban, que la tenían, sino que la mayoría, incluidos muchos de sus votantes, no veían otra opción posible que aprobar la propuesta de presupuestos que hacía el PSP.»

Es más, apoyar desde fuera al Gobierno dio resultados: se pararon los recortes del gasto público y se lograron mejoras en prestaciones sociales, el salario mínimo creció un 31% entre 2015 y 20207, se recuperaron derechos laborales, y se sacaron adelante leyes como el derecho al aborto y derechos democráticos. Y eso se consiguió sin entrar en el Gobierno.

Esos avances han sido un alivio tras los años de brutales recortes, pero no cambiaron la realidad social en Portugal: precariedad, salarios muy bajos, precios crecientes de la vivienda, etcétera8. No muy distinta de la que conocemos en el resto de la Península Ibérica.

El rechazo a los presupuestos

¿Por qué tienen tan malos resultados en 2022 el BE y el PCP, entonces? La clave está en su postura respecto a los Presupuestos de 2022. Su voto en contra chocó con lo que deseaba la mayoría de la clase trabajadora portuguesa. No se trata de que no tuvieran razón en las críticas que se planteaban, que la tenían, sino que la mayoría, incluidos muchos de sus votantes, no veían otra opción posible que aprobar la propuesta de presupuestos que hacía el PSP.

Dichos presupuestos eran presentados como izquierdistas por los medios9, suponían mejoras —aunque muy insuficientes— respecto al pasado. ¿Dónde se paraban? Donde podían chocar abiertamente con la Unión Europea (y con la patronal). El PS no estaba dispuesto a ir más allá y chocar con los acuerdos con la UE, lo que ponía en peligro directo las ayudas europeas. Ese argumento pesó en la mayoría de la clase trabajadora que los vería, muy probablemente, como la forma de continuar con la mejora que hubo en la anterior legislatura y que comparaba con los años durísimos de los recortes, sobre todo de los gobiernos de la derecha que, bajo ningún concepto, quería que volviesen10.

También la crisis desatada por la pandemia favorecía cerrar filas con el Gobierno para salir de la crisis y fomentaba la desmovilización, al menos a corto plazo. Una salida de la crisis que, fácilmente, se podía vincular a las ayudas europeas, a falta de otra opción.

«Esa realidad muestra que, a pesar de que los dirigentes del PSP —como los de toda la socialdemocracia europea— son parte del sistema, su base social no. Y desde la izquierda transformadora tenemos que tener eso presente si queremos conquistar a la mayoría de la clase trabajadora para un cambio social.»

Además, la burguesía lusa —y la dirección del PSP es muy consciente de eso— se juega mucho con la recepción de los fondos de la UE y no estaba dispuesta, bajo ningún concepto, a perder la ocasión. Como no lo está el PSOE en el Estado español, y esa es una de las razones por la que la CEOE ha pactado la reforma laboral, pues, por un lado ha evitado una derogación completa de la norma del PP, y por otro lado se asegura la mejor interlocución para el reparto de los fondos Next Generation.

Así pues, cuando el presidente portugués, Rebelo de Sousa, convocó las elecciones apostó a que: o el PSP tenía mayoría suficiente para no necesitar al BE y al PCP, o ganaba la derecha. Mientras Antonio Costa, el líder del PSP no las tenía todas consigo, el presidente —antiguo líder del derechista PSD— no tenía nada que perder. Y el resultado sorprendió al propio Costa.

Las dos almas de los partidos “socialistas”

Esa realidad muestra que, a pesar de que los dirigentes del PSP —como los de toda la socialdemocracia europea— son parte del sistema, su base social no. Y desde la izquierda transformadora tenemos que tener eso presente si queremos conquistar a la mayoría de la clase trabajadora para un cambio social.

Un ejemplo muy claro del peso del voto útil en estas circunstancias es que los portugueses que viven en países europeos tenían que elegir dos diputados. Por tanto, si no se quería que ganase la derecha los dos escaños, había que concentrar el voto en la opción más amplia de la izquierda. Hubo votantes de la izquierda transformadora que optaron por votar al PS por primera vez en su vida.

Entender la diferencia entre el PS y sus votantes, no implica que el BE y el PCP tuvieran que haber dado por buenos los presupuestos o renunciar a defender sus alternativas. Todo lo contrario: había que explicar sus carencias, hacer propuestas y argumentar que las ayudas europeas no iban a resolver los problemas de la clase trabajadora, por los objetivos que persiguen, que van a beneficiar a las grandes corporaciones. Pero eso no implicaba votar no, podían haberse abstenido —o incluso apoyarlos, si era la única forma de evitar su caída— explicando que lo hacían para no dar excusas para la convocatoria de nuevas elecciones que pudieran abrir la puerta a una victoria de la derecha, pero que avisaban de que el desencanto iba a llegar más tarde o más temprano. De esa forma, el PSP no hubiese convocado elecciones o, si lo hubiese hecho, nadie podría haber culpado a la izquierda transformadora.

«Una de las debilidades de la izquierda transformadora portuguesa, y de la española, es que basa su propuesta en la idea de acuerdos (dentro o fuera del gobierno) con los partidos socialdemócratas.»

Es más, esa postura habría hecho mucho más difícil la política de voto útil, pues habría demostrado que el voto al BE-PCP es perfectamente eficaz para detener a la derecha y, a la vez, que la izquierda transformadora no engaña sino que plantea los problemas y propone alternativas. Actuando así no es probable que hubiesen ganado más apoyo electoral, pues todos los factores que hemos señalado no lo propiciaban, pero sí la izquierda transformadora portuguesa enfrentaría la nueva etapa en mucho mejor estado de ánimo y perspectivas de futuro, y con más respeto y atención de muchas personas de nuestra clase que prestarían atención a lo que dijéramos en esta próxima etapa. Y habrían ganado tiempo para que la experiencia práctica, que es la principal escuela de la clase trabajadora, hiciera su labor, demostrando si las críticas de la izquierda transformadora eran acertadas y sus propuestas necesarias.

Porque, a corto plazo y paradójicamente, las mejoras arrancadas al PSP han contribuido, sobre todo, a apuntalar a este partido en un contexto de recuperación económica. Pero, si en 2019 la izquierda transformadora no retrocedió, ahora también podía haberse sostenido, con otra actuación respecto a los presupuestos.

Una de las debilidades de la izquierda transformadora portuguesa, y de la española, es que basa su propuesta en la idea de acuerdos (dentro o fuera del gobierno) con los partidos socialdemócratas. Catarina Martins hizo repetidos llamamientos al PSP para llegar a acuerdos de gobierno en la próxima legislatura. Tiene pleno sentido llamar a acuerdos sobre medidas concretas, pero el énfasis hay que ponerlo en las propuestas programáticas y la necesidad de una transformación social, la movilización y en la organización e independencia política de la clase trabajadora. Toca explicar pacientemente que, si queremos resolver los problemas sociales, hay que atacar también las causas del problema, que son el sistema capitalista y las instituciones que lo respaldan. ¿Cómo organizar la economía para tener pleno empleo, sanidad pública universal, ser sostenibles y democratizar la sociedad plenamente? ¿Cómo evitar la burocratización, cómo financiarlo, qué hacer si te cortan el grifo de la financiación o te echan de la UE por romper con sus políticas? Una lista de preguntas en busca de respuesta que es nuestra obligación abordar.

«Es más, alabar el diálogo social —es decir, el acuerdo con la patronal— como la vía de solución a los problemas, es alentar un callejón sin salida.»

De hecho, un factor muy importante que frenó el crecimiento del BE y del PCP, y de Podemos e IU, fue el fracaso de Syriza —que conquistó la mayoría absoluta en Grecia—, cuya actuación mostró a los ojos de millones de personas que, aparentemente, no había alternativa a la crisis.

Construir una alternativa

Las comparaciones entre la experiencia portuguesa y la del Estado español son inevitables. Aquí, la izquierda transformadora está dentro del Gobierno y se logran avances, sin duda, pero también hay que reconocer que son extremadamente insuficientes. El caso más evidente es el Ingreso Mínimo Vital, que muy pocos de quienes lo necesitarían lo perciben. Parece difícil negar que esa realidad no esté influyendo en la caída de apoyo que sufre UP de manera continuada. Es verdad que estar fuera del Gobierno no arrancaría más conquistas por sí mismo, salvo que hubiese un proceso fuerte de movilización, pues los dirigentes del PSOE no tienen ningún interés en confrontar ni con la patronal española ni con la UE. Pero estar dentro, también puede dejarnos atrapados en una política que no sea capaz de esperanzar y movilizar a la mayoría de la sociedad, fomentando el desencanto y, también, el voto útil. Pero la cuestión decisiva es cómo actúa UP. Se puede entender que, dentro o fuera del Gobierno, no se tiene mayoría suficiente para imponer una política, pero por eso hay que poner el énfasis en la alternativa y llamar a la movilización. El apoyo a la reforma laboral puede estar justificado en estas circunstancias, pero no se debe calificarla de histórica cuando no lo es y, de hecho, incumple el acuerdo de Gobierno11. Si el PSOE hubiese querido, hasta podría haber ido más lejos, incluso sin cuestionar el sistema, pero al no haber suficiente presión social en la calle, —las direcciones de los sindicatos mayoritarios ni lo han intentado y han optado por apostarlo todo a la mesa de negociación—, se ha aprobado una reforma que no toca los puntos cruciales para que fuese asumible por la CEOE.

«La discusión es más compleja: no se reduce a si hay que estar o no en un gobierno, sino a qué política defendemos, a cómo tomamos el pulso de nuestra clase…»

Es más, alabar el diálogo social —es decir, el acuerdo con la patronal— como la vía de solución a los problemas, es alentar un callejón sin salida. Hemos de ser sinceros con nuestra clase: aplicar un programa de izquierdas que resuelva los problemas de desempleo, precariedad, malos salarios, infradotación deliberada de los servicios públicos, etcétera, contará con el rechazo activo de la patronal, pues mella directamente sus beneficios que provienen de la explotación de la clase asalariada. Y también chocará con la UE, que defiende los intereses de las corporaciones europeas. Por eso, el camino no es el concertación con la patronal sino la movilización de la clase trabajadora, y todos aquellos sectores sociales que son cada vez más empobrecidos por esta sociedad, con un programa alternativo. Si estando en el Gobierno somos capaces de explicar esas ideas, vamos bien. Si por estar en el Ejecutivo, no lo hacemos, estaremos supeditando el futuro del movimiento a pequeños avances a corto plazo. Y cada vez perderemos más apoyo. Igual que en Portugal, a pesar del supuesto refugio que nos brinda estar en el Ejecutivo.

No es un planteamiento agorero, sino realista. Un autor decía que forzar la repetición electoral para forzar la entrada de UP en el Gobierno, fue el equivalente de Pablo Iglesias a las Tesis de abril de Lenin12. Salvando las distancias, es una comparación muy forzada, precisamente porque Lenin se negó a entrar en el gobierno provisional surgido de la Revolución de Febrero con los representantes de la burguesía rusa, y abogaba por entregar todo el poder a los comités de trabajadores, soldados y campesinos —los “soviets”, que es comité en ruso y que fueron una estructura política democrática decisiva para la revolución—. Pero Lenin decía, al mismo tiempo, que ellos no eran charlatanes, que eran conscientes de que estaban en minoría, que la clase trabajadora y los campesinos no tenían por qué darles la razón, y que su labor era explicar, explicar y explicar, pues conforme las masas fueran comprobando que su propuesta era la única vía, conquistarían la mayoría en esos comités. Y así fue. De hecho, frente a los ataques de la derecha, apoyaban al gobierno de de Kerensky —por ejemplo, cuando el general Kornílov organizó un golpe de estado—, pero ellos mantuvieron sus críticas y sus alternativas: todo el poder a los soviets, paz, tierra y nacionalización de las grandes empresas.

El reto es construir una alternativa para dar solución a los problemas con una propuesta de transformación socialista y democrática de la sociedad. La situación social está muy lejos de haberse resuelto en estos años y va a empeorar, pues caminamos hacia una crisis más profunda.

Y, al tiempo, hay que construir un movimiento de masas unitario, profundamente democrático y con derecho a crítica. Un ejemplo a tener en cuenta, en el caso de Portugal, es la división BE y PCP, que debilita a la izquierda transformadora frente al sistema y la socialdemocracia.

Por tanto, no se puede afirmar que es mejor estar en el Gobierno en minoría que quedarse fuera, ni con la experiencia de Portugal ni con la de aquí. La discusión es más compleja: no se reduce a si hay que estar o no en un gobierno, sino a qué política defendemos, a cómo tomamos el pulso de nuestra clase —que es compleja y que aúna distintas percepciones según los problemas que vive— y cómo construimos organización y programa. Nuestra obligación es aprender de la experiencia para seguir con la lucha.

Notas

1 Jordi Escuer el miembro de la Coordinadora de IU Madrid.

2 “el gobierno parece un buen lugar para guarecerse del chaparrón, resistir y tratar de seguir, al menos, marcando una agenda alternativa tanto a la ofensiva de unas derechas radicalizadas como a las recetas social-liberales de un centro izquierda, que sin contrapesos tira, como la cabra, al monte”.

https://www.elsaltodiario.com/analisis/batacazo-izquierdas-portugal

3 https://porelsocialismo.net/elecciones-castilla-y-leon-recuperemos-la-iniciativa/

4 El PCP se presentaba en coalición con el Partido Ecologista “Los Verdes”, denominada Coalición Democrática Unitaria.

5 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Portugal_de_2019 y https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Portugal_de_2015

6 Apelativo que se ha popularizado del acuerdo de apoyo del BE y el PCP al Gobierno del PSP, y que se traduce como “chapuza”.

7 https://elpais.com/economia/2020-12-22/el-gobierno-portugues-sube-el-salario-minimo-a-665-euros.html

8 https://mondiplo.com/la-cara-oculta-del-milagro-portugues

9 “El anticapitalista Bloque de Izquierdas (BE) y el Partido Comunista (PCP) de la vieja guardia han prometido denegar su crucial apoyo a la votación del presupuesto del miércoles a menos que el minoritario Gobierno del Partido Socialista haga más concesiones en unas cuentas que ya son vistas como las más a la izquierda de la reciente historia”.

Financial Times, https://www.ft.com/content/719078e3-defe-42bc-af36-4e7d8ba4d46d

10 “Había mucha gente de izquierdas indignada con las formaciones a las que habían votado”, explica desde Lisboa Enrique Oltra, periodista y corresponsal para varios medios de comunicación en España. “Los propios votantes del Bloque o del Partido Comunista no han entendido que le retiraran el apoyo a Costa en mitad de la gestión de la pandemia”, añade.

Miguel Carvalho es periodista político en el periódico Visao. En su opinión, «al votar contra los Presupuestos Generales del Estado, la izquierda comunista y del Bloque de Izquierdas ha regalado la mayoría absoluta al Partido Socialista». Carvalho define la política de esas formaciones como «un suicidio colectivo» y explica que, en efecto, «el electorado progresista no perdonó la ruptura del Gobierno».

https://www.infolibre.es/politica/rompe-paga-lecciones-portugal-izquierda-espanola_1_1218234.html

11 https://porelsocialismo.net/la-reforma-laboral-es-limitada-parcial-e-insuficiente/

12 “Diciéndolo de un modo hiperbólico, la repetición electoral de noviembre de 2019 fue algo así como las Tesis de Abril de Pablo Iglesias. El secretario general, desde una posición inicialmente minoritaria, logró arrastrar a toda la coalición a una operación extremadamente arriesgada: ir a unas nuevas elecciones para forzar al PSOE a admitir a UP en el Gobierno”.

https://www.elsaltodiario.com/analisis/batacazo-izquierdas-portugal