La posibilidad de que la vicepresidenta segunda del Gobierno y Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, lidere un Frente amplio de la izquierda ante una futuras elecciones, ha despertado una gran expectación. En realidad, tras este asunto late la discusión de cuál es el futuro de IU y de toda la izquierda transformadora.

Jordi Escuer. Integrante de la Coordinadora regional de IU Madrid.

Desde las elecciones municipales de mayo 2015 y las generales de ese mismo año, en las que se alcanza el punto álgido en apoyo electoral, la tendencia dominante en todas las fuerzas a la izquierda del Partido Socialista ha sido a la disgregación. En Andalucía, a la izquierda del PSOE, hay tres candidaturas a las elecciones1. Superar esa división es una necesidad. Por eso, la propuesta de Díaz despierta tanto interés, al tiempo que plantea incógnitas.

La “esquinita” de la izquierda

Tras la retirada de Pablo Iglesias, Yolanda Díaz se ha convertido en el blanco habitual de los ataques de la derecha y su apoyo social ha ido en aumento2. “Yo no quiero estar a la izquierda del PSOE, le regalo al PSOE esa esquinita. Eso es algo como muy pequeño y muy marginal. Yo creo que las políticas que despliego son transversales”, afirmaba en el programa “La Cafetera”, de RadioCable3. Es entendible que no quiera limitarse a ser el ala izquierda del PSOE. Por su parte, la dirección de este partido sabe que no es nada probable, hoy por hoy, que logre mayorías absolutas y, aunque teme que Yolanda Díaz y UP ganen terreno por la izquierda, tampoco desea su debacle electoral, que le dejaría sin potenciales apoyos.

Sin duda, la izquierda transformadora debe aspirar a conquistar la más amplia mayoría. ¿De qué hablamos cuando decimos que las políticas deben ser transversales? El significado más habitual ha sido el de adaptarse a sectores más moderados de la sociedad, en el supuesto de que eso sirve para conquistar la mayoría. Esa es la política del PSOE, es la que defiende desde hace años Íñigo Errejón, y la que defendía la dirección de Podemos, y también era común oír argumentos a favor en IU bajo otra formulación: ¿qué preferimos? ¿ser pocos pero con una línea ideológica muy firme? ¿O rebajarla y ser más?

Sin embargo, ese debate está planteado en unos términos erróneos. La cuestión por la que debemos empezar es cuál es la alternativa a los problemas que sufre la clase trabajadora y la mayoría de la sociedad, y luego, ver cómo conquistar su apoyo para esas ideas.

Es decir, la primera cuestión es la propuesta programática de la izquierda y, la segunda, cómo conquistar el apoyo de la mayoría de la sociedad. Ambas cuestiones van unidas. La izquierda debe hacer un llamamiento para transformar la sociedad, abrir la discusión de cómo hacerlo a la luz de las necesidades sociales, y que la inmensa mayoría tome en sus manos esa responsabilidad. No se trata de ver cómo conquistar la mayoría y, luego, ya se verá qué se hace, eso no funciona. En Grecia, Syriza conquistó la mayoría, incumplió su programa y desaprovechó la oportunidad, por poner un ejemplo reciente. Tampoco funciona pedirle a la gente el voto y prometerles que los representantes resolverán los problemas. De hecho, la experiencia es que cuanto más se institucionaliza la izquierda transformadora, menos apoyo electoral tiene. Le pasó a IU, y le está sucedido a Podemos.

La fuerza que ha liderado Pablo Iglesias alcanza su apoyo mayor en diciembre de 2015, acercándose los votos que tuvo el PSOE. Sumados a los de IU-Unidad Popular, la izquierda transformadora superaba claramente a los del Partido Socialista. Se podía haber repetido lo que sucedió en muchos Ayuntamientos, si los dirigentes de Podemos hubiesen fraguado una alianza entonces con IU-UP. En las siguientes elecciones, cuando por fin se logró la unidad, ya era demasiado tarde, la decepción había empezado.

Ser visto como una fuerza radical de izquierdas no impidió el desarrollo de Podemos, que se reflejó en un enorme nerviosismo en los poderes económicos y políticos, porque conectó con la movilización y con las aspiraciones de millones de personas, en particular de la clase trabajadora y la juventud. Fue un mérito de sus dirigentes lograr esa conexión con las aspiraciones del movimiento que surge del 15M y las Marchas por Dignidad, algo que no fue capaz de hacer la dirección de IU. Pero su apoyo declina porque no es capaz de consolidar su apoyo militante y electoral en torno a unas ideas, a un programa y unos métodos de participación colectiva, porque no es capaz de integrar a las decenas, o cientos, de miles que se habían acercado a esta organización. Podemos se organiza como una estructura jerarquizada, pensada para ganar elecciones y no para articular un movimiento social y político de masas, capaz de afrontar la ingente tarea de transformar la sociedad. Paradójicamente, al volcarlo todo en el objetivo de “ganar el Gobierno” y al no ser capaces de apoyarse en una fuerza social de masas para cambiar las cosas, se ha debilitado la opción de formar un gobierno, que ha quedado reducida a participar en minoría en un Gobierno de coalición con el PSOE.

La ministra de Trabajo tiene autoridad ante mucha gente, fruto de asumir una responsabilidad muy difícil y enfrentándose al PP y a Vox, y al sector más a la derecha del Gobierno. También cuando defiende qué hay que «poner el trabajo decente en el centro» y «tener vidas buenas», cuando insiste en que «es posible, no es ninguna utopía, (..) tener vidas dignas», que «nos han hasta robado la posibilidad de pensar en un futuro positivo» y «esto tiene que ser cambiado, tenemos que tener el entusiasmo y la obligación de imaginar nuestro país, nuestras vidas, y nuestro futuro sabiendo que ha de caminar hacia elementos positivos»4.

Aunque sea partiendo de una esquina de la izquierda, esas aspiraciones e ideas podrían ser un punto de partida para construir un frente de la izquierda, para sumar fuerzas, llamando y contribuyendo a una recuperación de la lucha de la clase trabajadora y de todos aquellos sectores que pagan los platos rotos de una sociedad en crisis. Quizás la lucha de los trabajadores y trabajadoras de Cádiz sólo sea el anticipo de un movimiento más amplio de la misma, muy necesario tras décadas de retrocesos en las condiciones de trabajo y en los derechos laborales. A escala internacional, también parece que se podría estar asistiendo a un repunte de las luchas de la clase trabajadora, a la vez que crece la polarización social y las medidas represivas.

La participación en el Gobierno y sus límites

Levantar una alternativa exige reflexionar de forma colectiva sobre lo que está siendo la experiencia de Gobierno. Es evidente que dentro del Gobierno hay límites, pero precisamente por eso, desde fuera hay que compensar exponiendo una alternativa amplia y concreta. Si no, corremos el riesgo de decepcionar a quienes más necesitan una alternativa de izquierdas. Estar en el Ejecutivo no debe, o no debería, inhabilitar para dar alternativa. Si así sucede, lo que se saque en la coalición no compensaría lo que se pierde en la construcción de un movimiento político y social potente.

Es cierto que desde la participación en el Gobierno se han logrado avances. Es discutible si se habrían logrado, o no, estando fuera, pues hay gobiernos europeos de derechas que han tomado medidas muy similares y perfectamente compatibles con los intereses de la burguesía, como los ERTEs, por poner un ejemplo. Pero la cuestión principal es qué haría la izquierda transformadora si tuviera mayoría, y defenderlo desde las organizaciones que la componen, empezando por UP.

Porque, aunque se logren avances, si las medidas se quedan tan cortas que no son capaces de resolver los problemas existentes, se corre el riesgo claro de sembrar la decepción y agravar el alejamiento de enormes sectores de la clase trabajadora de UP y de la militancia política.

Un ejemplo muy claro nos lo brinda el Ingreso Mínimo Vital, que ha llegado a menos de una de cada diez personas que lo necesitan. Es decir, no ha servido para enfrentar la miseria5.

Lo mismo se puede decir con la vivienda. Se han tomado medidas paliativas, pero los desahucios han seguido y los cambios legislativos propuestos no van a dar una solución efectiva, como avisan todos los colectivos que luchan por ese derecho y destacados expertos, como Alejandro Inurrieta, doctor en economía y expresidente de la Sociedad Pública de Alquiler bajo Rodríguez Zapatero, que dice: «La Ley de Vivienda está condenada al fracaso, refleja la presión de los ‘lobbies’ al PSOE».6 Eso implica que, en lugar de fortalecerse el apoyo a UP, el apoyo de los activistas decae y la inmensa mayoría de quienes sufren esta situación, no encuentran amparo ni una propuesta ilusionante en el Gobierno.

Lo mismo puede suceder con la reforma laboral7, con las políticas de cuidados8, con las pensiones y sus planes de potenciar los planes privados de empresa, y un largo etcétera. No cabe duda de que con el PP sería peor, pero los problemas principales siguen enquistados. Está claro que el PSOE no quiere ir más lejos, pero UP tiene la responsabilidad de dar alternativa. Con más motivo cuando las perspectivas económicas no son nada halagüeñas para la clase trabajadora, sino que anuncian nuevos problemas y conflictos. Basta ver lo que está sucediendo con la inflación, para darnos cuenta de la que se avecina.

Si la izquierda transformadora no es capaz de dar alternativa, corre el riesgo de desalentar a los sectores más avanzados, y dejar el terreno para el ultraizquierdismo y la desesperación, para más disgregación, y, sobre todo, para la abstención y el alejamiento de la lucha política y la militancia. Como explicaba muy bien Rosa Luxemburgo, la izquierda siempre se mueve entre “dos escollos: entre el abandono del carácter de masas y el abandono de la meta final [el socialismo], entre el retroceso a la secta y la degradación a movimiento burgués de reformas…”9

Pero no queda ahí la cosa, sino que se deja una puerta abierta al crecimiento de la extrema derecha, pues la desesperanza es un caldo de cultivo que puede aprovechar muy bien.

Los egos y los partidos

«No creo que se trate de una suma de partidos ni una suma de egos», señalaba la vicepresidenta segunda, añadiendo que las formaciones políticas «son muy importantes» y «tienen que estar», pero «no deben ser los protagonistas». «Los partidos son herramientas, lo importante son las personas. Creo que esa interlocución debe ser con un país que necesita de posiciones nuevas y sin esquemas ideológicos precocinados». Afirmó, además, que no cree «en las individualidades» y pidió alejarse de los “egos”: «Como suceda esto o exista ruido, es probable que yo me vaya. La candidatura «de Yolanda Díaz, no va de nombres», dijo, sino de «construir un contrato social con una parte extensa de la sociedad» en busca de «un proyecto nuevo»10.

¿Cómo se van a concretar todas estas reflexiones? No cabe duda de que los partidos de la izquierda se han ganado a pulso una mala fama, convirtiéndose en entes burocratizados e institucionalizados. El ejemplo más claro es el PSOE, pero esos problemas alcanzan también a la izquierda transformadora. Eso no significa que se pueda soslayar la importancia que tienen los miles de militantes en la izquierda transformadora, para sacar adelante una alternativa sólida, desde la base. Ya cometió ese error la dirección de Podemos en 2015, al rechazar una candidatura unitaria con IU, sin entender el potencial que los afiliados y afiliadas de IU tenían, precisamente por sus raíces en el movimiento, y su experiencia11.

Por tanto, ¿cuál es la solución? Plantear un proyecto unitario democrático, en que todas las personas que pertenezcan, militen o no en un partido, tengan voz y voto efectivo. La experiencia de las candidaturas municipales, que dieron lugar a los “ayuntamientos del cambio”, demostraron que eso es posible. Y también evidenciaron que organizarse democráticamente y vincularse a la movilización, no sólo es necesario para ganar las elecciones, sino aún más después de hacerlo. Precisamente, lo que hay que evitar es lo que hizo Manuela Carmena y su equipo, que fue orillar esa participación democrática tras formar Gobierno e imponer su criterio en la actuación del ejecutivo municipal sin contar con las miles de personas que hicieron posible la existencia de Ahora Madrid, llegando incluso a romperla para evitar pasar por un proceso de primarias proporcionales, como se había hecho en 2015, y asegurarse el control de la lista. Sólo quien no hace nada no se equivoca, pero hay que aprender de los errores.

La propuesta de Yolanda Díaz es una ocasión de sumar fuerzas con métodos democráticos, tanto para elaborar un programa común como para fraguar un frente político de izquierdas de esa características. Un movimiento que agrupe de abajo a arriba a los fuerzas de la izquierda transformadora, a los sindicatos de clase, a la PAH y a los Sindicatos de Inquilinos, al Movimiento Ecologista, a las Asociaciones Vecinales, al Movimiento Feminista, al LGTBI, el movimiento de pensionistas, etcétera, y a todas aquellas personas que quieran, aunque no militen en ningún partido. Se podrían crear asambleas o plataformas por barrios y localidades, que aglutinasen colectivos y personas.

Desde UP, y desde IU, hay que poner todo el talento y la capacidad para impulsar el proceso en esa dirección. Es necesario aprender a unir fuerzas en la lucha, sin renunciar a la libertad de crítica. Ese es el ejemplo que nos han dado las grandes luchas de la clase trabajadora. A pesar de las diferencias, el ejemplo de los soviets es oportuno, pues sumaba fuerzas y, a la vez, daba cauce para expresar los distintos puntos de vista y cambiar su propia composición con métodos democráticos. Su languidecimiento y destrucción de facto fue decisiva para la consolidación de la degeneración burocrática que sufrió la Unión Soviética.

Y no es casual que hablemos del ejemplo de los Ayuntamientos del cambio, pues en 2023 van a celebrarse elecciones en todos los ámbitos: municipal, autonómico y estatal. Y particular relevancia tendrá lo que suceda en la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Todo forma parte del mismo proceso.

Dar una salida a los problemas de la clase trabajadora y de nuestra sociedad es una labor que escapa a las posibilidades de una persona, o de un grupo, por mucho talento que posea. Tiene que haber mujeres y hombres que lideren, pero el objetivo es construir un movimiento político y social de masas, que se fundamente en el compromiso activo de cientos de miles, y millones, de personas, para transformar nuestra sociedad. No es un enfoque nuevo, sino que se inspira en aquella idea de que “la emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de la propia clase trabajadora”12. La izquierda transformadora debe reconstruirse, aprendiendo de lo que ha vivido. Una fuente de inspiración la podemos encontrar en el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que pone el énfasis en la dirección colectiva (no tienen presidente ni secretario general, o equivalente), una división de tareas según las cualidades de cada persona, la disciplina voluntaria, los vínculos de la dirección con la base, el estudio y la formación política, y el vínculo con la movilización de masas13.

¿Cuál es el papel de Izquierda Unida?

IU vive uno de los momentos más difíciles de su existencia, pues para muchos de sus militantes es difícil ver una perspectiva de futuro. Es necesario reconocer el hecho de que, tras 2014 y el surgimiento de Podemos, IU pierde la oportunidad de ser el punto de encuentro de toda la izquierda transformadora, tal y como era su objetivo inicial. Ahora IU es una parte de ella y está obligada a ser un factor en la reconstrucción de una fuerza común.

Los dos bienes más preciados de IU son su militancia y sus ideas. Su militancia, aunque es verdad que se ha debilitado mucho tras años de desilusiones y, muchas veces, métodos burocráticos, sigue siendo muy importante para reconstruir una fuerza de la izquierda transformadora. También porque representa un hilo conductor con la lucha de la clase trabajadora. Por eso, hay que cuidar lo que se tiene y tratar de recuperar a muchos militantes —probablemente la mayoría— que se han ido alejando de la participación cotidiana e, incluso, de la organización. Y, para eso, son imprescindibles dos cosas: unos métodos democráticos y participativos, que hagan sentirse a todos y todas parte de la organización, que su voz y voto cuentan; y las ideas y el programa, que deben contribuir a dar una perspectiva de futuro y una alternativa al mundo capitalista en crisis.

¿Se puede alcanzar el pleno empleo en condiciones dignas? ¿se puede lograr que los pequeños productores agrícolas reciban unos ingresos suficientes para vivir de forma decente? ¿Se puede garantizar a todas las personas una vivienda adecuada? Y todo eso nos lleva a una segunda tanda de preguntas, ¿se pueden resolver esas carencias con un acuerdo mutuo entre la clase empresarial y la clase trabajadora? ¿se puede resolver dentro del capitalismo o hay que superarlo? Esa idea ha calado en muchos de nuestros líderes, que la defienden de facto en diversas declaraciones, en las que manifiestan que es posible apoyarnos en una parte del capitalismo que desee modernizar el Estado español14.

IU debería ser la más firme defensora de un proyecto de transformación socialista y democrática de la sociedad, superador del capitalismo, y aportar un punto de vista de clase, al tiempo que dar ejemplo del tipo de movimiento social y político, participativo y democrático que queremos promover.

Para eso es necesario retomar la iniciativa política, planteando ideas y alternativas, y tomando medidas para alentar la participación de la militancia.

Lo que se decía en referencia a UP y su participación en el Gobierno, no es menos cierto para IU: Estar en el Gobierno no debe impedir dar alternativa. Se deben discutir y elaborar propuestas en todos estos terrenos, que sólo se esbozan, y convertirlas en campañas y propuestas que llevar al conjunto del movimiento y a las instituciones:

1. Las condiciones de vida: los salarios tiene que ser suficientes para vivir de forma adecuada, las jornadas laborales deben dejar tiempo para los cuidados y el ocio. Y todo el mundo debe poder tener acceso a un empleo digno. Eso demanda abordar:

  • La derogación de la Reforma laboral y garantizar los derechos laborales a toda la clase trabajadora.
  • La reducción de la jornada laboral, sin disminución salarial.
  • La instauración de una renta básica incondicionada que garantice que nadie carece de lo básico para vivir.
  • El acceso a la vivienda mediante una intervención pública que cree un parque de entre 7,5 y 8,5 millones de viviendas sociales en alquiler, el 30% del total, a precios realmente asequibles, que no superen el 30% de los ingresos de la unidad familiar.
  • Garantizar el acceso a la energía y a los suministros básicos.

2. Desarrollo del sector público en todos los terrenos, eliminando el ánimo de lucro de la prestación de cualquier servicio público y garantizando su prestación 100% pública, combinado con la economía social sin ánimo de lucro. Para eso sería necesario:

  • Fortalecer los servicios públicos existentes, con medios y personal suficiente: Sanidad, Educación, Cuidados, Servicios Sociales…
  • Crear nuevos servicios públicos: para la construcción de vivienda nueva y rehabilitación (vinculada a la creación de un parque público de vivienda y a la transición energética), etcétera.
  • Una política fiscal realmente progresiva, para que paguen más quienes más tienen y menos quienes menos tienen. Y, también, una revisión de en qué se gasta y cuáles son las prioridades.
  • Nacionalización de los sectores estratégicos: la banca, las energéticas… a fin de que funcionen como verdaderos servicios públicos.
  • Abrir una discusión en los barrios, localidades, y en las empresas de cómo transformar la producción para garantizar tanto la sostenibilidad social como la ecológica. El uso de los fondos europeos debería entrar en ese debate, para que su uso no quede sometido —como hasta ahora— a la voluntad de las grandes corporaciones.
  • Democratizar la gestión de los servicios públicos y de la economía, con la participación de los trabajadores y trabajadoras, así como de las usuarias y usuarios, en la toma de decisiones.
  • Abordar una auditoría de la Deuda con el objetivo de forzar una quita de toda aquella que se demuestre ilegítima, que iría unida a la conversión en un servicio público del sistema financiero.

3. Las libertades democráticas y la erradicación de cualquier discriminación social. Es necesario plantear una transformación de las instituciones democráticas que respondan tanto a la necesidades sociales como a la defensa de los derechos democráticos.

  • Derogando la Ley Mordaza y todas aquellas medidas legales que conculcan derechos democráticos.
  • Proponiendo medidas para democratizar toda la estructura del Estado, desde los Ayuntamientos al resto de las instituciones. Por ejemplo, con la elección democrática y directa por la ciudadanía de los jueces, igual que se hace con el poder legislativo.
  • Planteando un camino para el ejercicio del derecho de autodeterminación, a la vez que se defiende una República fundada en una propuesta de democracia socialista.

Notas

1. Unidas Podemos (con IU y Podemos), Andaluces levantaos (de Más País) y Adelante Andalucía (con Teresa Rodríguez al frente). https://www.eldiario.es/andalucia/unidas-lanza-frente-amplio-andalucia-cuatro-izquierdas-enfrentadas_1_8550642.html

2. https://www.publico.es/politica/yolanda-diaz-lider-politica-mejor-valorada-segun-cis.html

3. https://www.radiocable.com/yolanda-diaz-en-la-cafetera-despues-de-las-navidades-empezare-a-recorrer-el-pais.html

4. https://www.radiocable.com/yolanda-diaz-en-la-cafetera-despues-de-las-navidades-empezare-a-recorrer-el-pais.html

5. El Ingreso Mínimo Vital sigue sin llegar al 92% de la población más vulnerable/La Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales critica que el procedimiento para acceder a la ayuda y los requisitos tan complejos impiden que haya más beneficiarios/Según expone su presidente, José Manuel Ramírez, tres de cada cuatro solicitudes se están denegando: se han dado 337.000 y se han rechazado 888.000/La Seguridad Social tan solo ha desembolsado en nueve meses 1.400 millones de euros de los 3.000 anuales previstos. https://www.infolibre.es/noticias/economia/2021/11/12/el_ingreso_minimo_vital_sigue_sin_llegar_la_poblacion_mas_vulnerable_126602_1011.html

6. https://www.eldiario.es/economia/alejandro-inurrieta-ley-vivienda-condenada-fracaso-refleja-presion-lobbies-psoe_128_8507570.html

7. https://www.infolibre.es/economia/ugt-teme-cesiones-gobierno-atraer-ceoe-conviertan-reforma-laboral-lavado-cara_1_1214814.html

8. Los 3.500 millones de euros de los fondos europeos que tendrían que se prevén para esto son insuficientes, de largo, y, además, el 70% se prevé emplearlo en rehabilitar edificios.

https://alternativaseconomicas.coop/articulo/actualidad/cuidados-un-plan-que-no-gusta-a-nadie

9. Reforma o revolución. Rosa Luxemburgo.

10. https://www.eldiario.es/politica/yolanda-diaz-candidatura-generales-exista-ruido-egos-probable_1_8352124.html

11. https://www.infolibre.es/politica/pablo-iglesias-denomina-iu-pitufo-grunon_1_1115294.html

12. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864-est.htm

13. Es recomendable leer la entrevista de Bernardo Mançano a Joao Pedro Stedile, en el libro “Brava gente”. Editorial Popular.

14. “Ahora todo el mundo es neokeynesiano y asume que hay que gastar, así que la revisión que se puede llegar a producir del acuerdo de coalición es al alza, porque llegan muchísimos recursos (…) aquí y ahora no nos jugamos solamente los presupuestos, ni esta legislatura; nos jugamos también quién va a estar en la dirección del Estado de este país en las próximas décadas. La viabilidad de este Gobierno de coalición pasa por asumir no solo una agenda social de protección de derechos sociales y de apuesta por la innovación, buscando además nuevas alianzas con nuevas elites empresariales mucho más emprendedoras y con capacidades para asumir la modernización que necesita este país, sino también los sectores que representan una España plural y plurinacional” https://www.publico.es/entrevistas/gobierno-obligacion-pnv-erc-eh-bildu-madrid-compromis.html