Diana Cardo

Este artículo es el primero de una serie en la que se pretende analizar el papel de los y las marxistas frente a la «cuestión trans», el significado de la conocida como «Ley trans» y si debemos dar o negar nuestro apoyo o mantener una ociosa neutralidad.

Últimamente está en boca de activistas lo que viene a llamarse la «Ley trans», cuyo borrador, pendiente de modificaciones en las discusiones entre los diferentes partidos que componen el Congreso, lo podéis encontrar aquí.

Antes de entrar en materia primero definamos a la persona trans como aquella que no está de acuerdo con el género asignado al nacer, y este se asigna de la siguiente manera, ¿tenemos pene?, somos hombres, ¿vulva?, entonces mujeres. Mientras esto es así en el 99,7% de las veces en el 0,3 restante no, por lo tanto lo que tenemos es una persona trans, ya sea hombre (nacido con órganos sexuales atribuidos socialmente a lo femenino), mujer (nacida con órganos sexuales atribuidos socialmente a lo masculino) o perteneciente al espectro no binario (personas que independientemente de los órganos sexuales que hayan nacido no se identifican ni como hombre ni como mujer)1

Ciertos personajes de la izquierda en este país se oponen, de una manera más o menos abierta a que esta ley se apruebe, probablemente influidos por un sector del feminismo transexcluyente cuyo esencialismo les lleva a pensar que en concreto las mujeres trans son unas farsantes y un caballo de troya contra las mujeres “reales” en el mejor de los casos y a usar su condición de trans para delinquir en el peor. Desmontar los argumentos que usa esta gente para ir en contra de la ley y por ende perpetuar la discriminación del colectivo trans será un tema a tratar en otro artículo.

Entonces la pregunta del millón de dólares es, ¿cuál debería ser la reacción de un partido de la clase obrera ante una situación de desigualdad como la que se produce en el mundo trans?

1. La defensa de los derechos democráticos.

Una característica de los partidos de la clase obrera ha sido la defensa de los derechos democráticos burgueses frente a la clase dirigente desde el doble punto de vista de a) mejorar las condiciones de vida de la clase obrera y b) mostrar de una manera palpable las contradicciones del capitalismo que en su voracidad impide que estos derechos puedan ser practicados, ya que chocan con sus intereses de clase.

Respecto al primer punto, en España tradicionalmente ha sido el PCE en solitario o a través de Izquierda Unida unos de los pocos, a veces el único, en defender los derechos del colectivo LGTBI consciente de que no hay que esperar a la Revolución para intentar solucionar los problemas de los sectores más oprimidos de la población.

Primera manifestación del Orgullo en Madrid, manifestación que hubiera sido imposible sin el trabajo previo de los compañeros del PCE.

Respecto al segundo punto hemos podido ver como el capitalismo ha absorbido el movimiento LGTBI descafeinándolo, haciendo de las manifestaciones del Orgullo una caricatura de sí mismas perdiendo toda línea reivindicativa y convirtiéndola en la fiesta del love is love. En una excusa para hacer caja. Recordemos que en Madrid es AEGAL, la asociación de empresarios gays, la que se hace cargo de la logística de la celebración del Orgullo llegando a cobrar por cada carreta que aparece en la manifestación y han dejado que empresas las usen para hacerse un lavado de cara usando el colectivo como un método de mostrar su lado “progre”, lo que se viene llamando pinkwashing. Es escandaloso que por ejemplo, haya una carroza de empresas textiles conocidas por las condiciones de esclavismo en las que están sus trabajadores. O que defiendan que esté Ciudadanos con pancarta propia cuando son conocidos por pactar gobiernos con lo más ultramontano de VOX.

En este vídeo Shangay nos explica muy bien como funciona esto del pinkwashing.

Una vez sabido esto es nuestra obligación denunciar esta situación, está en nuestro ADN luchar contra los empresarios que se lucran con la miseria de los demás, hagámoslo aquí también.

2. También somos clase obrera.

En España, las asociaciones LGTB+ estiman que ocho de cada diez personas trans están en paro. Aunque no hay datos oficiales, la Universidad de Málaga publicó en 2012 un estudio pionero que señalaba que cuatro de cada diez habían ejercido la prostitución, pese a que la mayoría tenía un nivel educativo medio-alto, y advertía de que la situación podía ser más grave”. (Fuente: Transexualia)

Las cifras dadas en el párrafo anterior cantan por sí mismas. Los prejuicios contra las personas trans, los supuestos “problemas burocráticos” que conlleva un DNI no cambiado unido a la situación general de paro en esta sociedad. Conducen a que empresarios y responsables de recursos humanos prefieran contratar a alguien “normal” para evitar problemas. A esto hay que añadir los problemas de adolescentes expulsados de sus familias por su identidad sexual y el grueso de personas trans inmigrantes que han tenido que huir de sus países ya que quedarse en ellos consiste en una sentencia de muerte segura.

Somos clase obrera porque el mismo capitalismo y sus relaciones nos impide el acceso a los medios de producción. Y al mismo tiempo sufrimos una segunda discriminación: también nos niegan la posibilidad de vender nuestra fuerza de trabajo. Podemos ser el oscuro deseo del burgués que no dudaría ni un momento en follar con nosotras, eso sí, de manera discreta que él es al fin y al cabo un hombre decente, pero no podemos trabajar en su fábrica, su oficina o su tienda.

Nuestro deber no es solo denunciar todos estos casos e intentar ponerles remedio, sino hacer ver que esto no es solo una cuestión de lo que tengas o dejes de tener entre las piernas. Es una cuestión de clase, es una cuestión que bebe directamente de la fuente del capitalismo y las relaciones sociales que ha establecido como correctas, como normales, como las que tiene que ser.

3. El análisis dialéctico.

Una de las obligaciones de todo comunista es hacer uso las herramientas que nos ofrece el materialismo dialéctico y aplicarlas al análisis del mundo que nos rodea, no para henchirnos en nuestro orgullo por nuestra sapiencia sino para entenderlo y modificarlo. Este manera de analizar las cosas, que tan bien se nos da cuando hablamos de economía e historia también deberíamos aplicarlo a un tema tan complejo y con tantas facetas como es el de las relaciones afectivo-sexuales.

Y no sólo desde el tema en sí, sino también como irradia hacia toda la sociedad estas relaciones que se supone que son individuales o de persona a persona.

Hay ya bastantes ejemplos de como la lógica formal se ha quedado corta en el análisis de un problema tan complejo como el que tenemos entre manos, es muy triste ver que gente que se define como comunista llegar a las mismas conclusiones que gente de VOX o Hazte Oir

Resultado de un análisis de chichinabo.

4 La punta de lanza de una nueva sociedad.

Los comunistas siempre hemos sido muy conscientes del papel de las relaciones sexo-afectivas, a través de la familia, como perpetuación del sistema capitalista tanto en mantener el capital y los recursos en unas pocas manos como el de mantener una cantidad de mano de obra suficiente para sus propósitos. Teóricamente siempre hemos visto la necesidad de romper esa dinámica pero nunca nos hemos planteado seriamente el cómo. Una de nuestras obligaciones sería dotar tanto en el feminismo, como al colectivo de disidencias afectivo sexuales2, de las herramientas de análisis teórico y práctico. Mientras el marxfem (feminismo marxista) es reconocido como una de las tres ramas mayoritarias del feminismo junto al libfem (feminismo liberal) y el radfem (feminismo radical) en el colectivo de disidencias no existe tal reconocimiento.

Obviamente que el movimento LGTBI está influido por las corrientes filosóficas e ideológicas que ahora imperan en la sociedad, recordemos que la ideología mayoritaria de una sociedad es (en condiciones normales) la ideología de la clase dominante. Y aquí esa máxima tampoco iba a ser una excepción.

Dicho esto si que me gustaría recalcar que desde hace unos años han empezado a proliferar grupos LGTBI al margen de las asociaciones históricas y que se han empezado a unir bajo el paraguas de los llamados Orgullos Críticos que se definen como anticapitalistas y antifascistas y que tienen claro que la opresión por sexo-género es una faceta más de la opresión de clase. Y es ahí donde debemos estar, ya sea en forma de apoyo o, en los sitios donde se pueda, de manera presencial, reforzando la conciencia de clase del colectivo y empujando hacia una sociedad en el que el patriarcado sea un recuerdo escrito en los libros de historia.

Así, pues, lo que podemos conjeturar hoy acerca de la regularización de las relaciones sexuales después de la inminente supresión de la producción capitalista es, más que nada, de un orden negativo, y queda limitado, principalmente, a lo que debe desaparecer. Pero, ¿qué sobrevendrá? Eso se verá cuando haya crecido una nueva generación: una generación de hombres que nunca se hayan encontrado en el caso de comprar a costa de dinero, ni con ayuda de ninguna otra fuerza social, el abandono de una mujer; y una generación de mujeres que nunca se hayan visto en el caso de entregarse a un hombre en virtud de otras consideraciones que las de un amor real, ni de rehusar entregarse a su amante por miedo a las consideraciones económicas que ello pueda traerles. Y cuando esas generaciones aparezcan, enviarán al cuerno todo lo que nosotros pensamos que deberían hacer. Se dictarán a sí mismas su propia conducta, y, en consonancia, crearán una opinión pública para juzgar la conducta de cada uno. ¡Y todo quedará hecho!”. (Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado.)

Así que sí, los comunistas deberíamos apoyar que la «Ley trans» se aprobara tal y como los compañeros de Unidas Podemos, la consensuaron con las organizaciones trans. Solo por el hecho de que lo tendríamos más fácil en nuestras vidas, merece la pena ese apoyo.3

NOTAS

1. Estas definiciones, aunque correctas, no tienen en cuenta que tanto sexo como género son un espectro y no dos pilares monolíticos uno de los cuales es ser hombre y el otro es ser mujer. Para el objetivo de este artículo la autora piensa que esta simplificación es suficiente.

2. Disidencias Sexuales es la forma abreviada de Disidencias Sexuales. Afectivas y de Cuerpo. Esta es una propuesta para una nueva denominación de lo que se ha venido a llamar el colectivo LGTBI en un intento de incluir todo el espectro afectivo-sexual del ser humano.

3. Soy consciente de que puede pasar como en la Comunidad de Madrid, que tiene la ley trans en vigor más progresista del mundo, en la que la inacción del gobierno la deje en papel mojado dejándonos a merced de la buena voluntad del funcionario con el que hables. Pero aún así tenerla nos permite luchar en el ámbito legal contra cualquier forma de discriminación, incluida la de la Administración.